El supervisor se llamaba doctor Valen. Durante semanas había observado a los seis. Había visto a Sakura atravesar distancias como si el espacio fuese una cortina. A Ino escuchar pensamientos. A Sasuke despertar aquellos ojos rojos imposibles. A Neji abrir puertas en el aire. A Mía doblar pequeños fragmentos del tiempo. Pero Naruto...
Naruto era otra cosa. No porque poseyera un don que los demás no tuvieran. Sino porque parecía que todo cuanto tocaba su poder se volvía demasiado. Más intenso. Más amplio. Más peligroso. Más vivo. Valen había leído todos los informes. Había estudiado las mediciones. Había visto la telequinesis de Naruto sostener decenas de objetos sin entrenamiento.
Lo había visto crear escudos psíquicos sobre varias personas simultáneamente. Había leído el informe sobre la telepatía incipiente. Y una pregunta había comenzado a devorarlo:
¿Y si pudiera copiarlo?
No compartirlo. No estudiarlo. No comprenderlo. Copiarlo. Poseer una parte. Aunque fuera mínima.
Así comenzó todo. Naruto desapareció un viernes. No de manera espectacular. No hubo una persecución. Ni gritos. Ni una batalla. Precisamente por eso funcionó. Valen era uno de los adultos autorizados para acercarse a ellos. Naruto lo conocía. Confiaba lo suficiente como para entrar en un vehículo cuando el hombre le dijo que necesitaban realizarle una prueba complementaria fuera del campus.
-¿Otra?
-Será breve.
- Eso dijeron la última vez y terminé dos horas conectado a sensores.
Valen sonrió.
-Esta vez menos.
Naruto se dejó caer en el asiento.
-Si pierdo el almuerzo, voy a presentar una denuncia.
Fue la última broma que hizo durante muchas horas. Cuando despertó, no estaba en Konoha. Lo supo inmediatamente. La habitación era demasiado vieja.
Hormigón. Paredes descascaradas.
Sin ventanas. Tubos de iluminación blanca. Equipos médicos y científicos mucho más improvisados de lo que había visto en la academia. Naruto intentó levantarse. No pudo. Sus músculos respondían con una lentitud horrible. La cabeza pesaba. La boca estaba seca.
-¿Qué...?
Valen apareció frente a él. Naruto tardó unos segundos en enfocar.
-¿Qué me hiciste?
-Necesito que estés tranquilo.
-¿Dónde estoy?
-A salvo.
Naruto lo miró. Incluso aturdido, aquella respuesta le pareció insultante.
-Eso no responde.
Intentó mover una bandeja mediante telequinesis. Nada.
Apenas vibró. Naruto quedó inmóvil. Valen lo vio.
-La medicación reduce considerablemente tu capacidad de concentración.
Los ojos celestes de Naruto se endurecieron.
-Me drogaste - Valen no respondió -Me drogaste -repitió Naruto.
-Necesitamos estudiar tu potencial sin interferencias externas.
-¿Mis amigos son interferencias?
-Son una variable.
Naruto sintió frío.
-Ellos van a buscarme.
-Lo sé.
- Mía me encontrará.
- No mediante cronoquinesis si no sabe qué momento buscar.
Naruto apretó los dientes.
- Sakura puede aparecer aquí.
- Si conoce el lugar.
Naruto dejó de hablar. Por primera vez apareció miedo. No por sí mismo. Por lo que aquel hombre conocía. Había estudiado no solo sus poderes. También sus vínculos.
Los experimentos comenzaron. No eran sanguinarios. Eso los hacía, de alguna forma, todavía más siniestros. Sensores. Descargas controladas. Estimulación nerviosa.
Máquinas que intentaban registrar cada cambio en la actividad cerebral cuando Naruto utilizaba telequinesis. Procedimientos destinados a provocar respuestas emocionales para observar cómo aumentaba su poder. Intentos inútiles de replicar patrones. Horas.
Naruto perdió la noción del tiempo.
Lo mantenían demasiado sedado para utilizar plenamente sus dones, pero lo suficientemente consciente como para reaccionar. Ese era el objetivo. Dolor. Miedo. Estrés.
Respuesta. Medición. Repetición.
-No funciona -dijo uno de los científicos.
Valen miró las pantallas.
-Otra vez.
Naruto levantó la cabeza lentamente.
-No van a conseguirlo - Nadie respondió - No pueden copiarlo.
Valen se acercó.
-Todo puede comprenderse.
Naruto sonrió sin alegría.
-Entonces eres más estúpido de lo que pareces.
El hombre lo miró.
-Tu sentido del humor persiste.
-Es una enfermedad.
-Deberías colaborar.
Naruto levantó los ojos. Algo había cambiado en ellos.
-Deberías dejarme ir.
-No todavía.
Naruto respiró.
-Entonces cuando esto termine vas a desear haberlo hecho.
En Konoha, el caos comenzó dos horas después. Sakura fue la primera en preocuparse. Naruto no respondía. Eso, por sí solo, ya era extraño. Naruto podía olvidarse de tareas. De libros. De horarios. Pero no de Sakura. Especialmente no cuando le había prometido encontrarse con ella después de clases.
-Algo pasó.
Mía sintió la misma certeza. No era gemela telepatía. Era conocerlo.
-Sí.
Sasuke ya estaba buscando movimientos de los supervisores.
Ino escuchaba pensamientos en el edificio administrativo. Neji activó el Byakugan. Sakura caminaba de un lado a otro.
-Quiero encontrarlo.
Mía cerró los ojos.
-Dame un momento.
-¿Puedes verlo?
-El pasado sí.
Mía buscó. Fragmentos. Naruto saliendo. Un vehículo. Valen. Abrió los ojos.
-Fue Valen.
Sasuke dejó de moverse.
-¿El supervisor?
Mía asintió. Ino palideció.
-¿Por qué?
Neji ya estaba abriendo un portal.
-Eso averiguamos después.
Sasuke tomó la espada. Sakura lo miró.
-¿La llevas siempre contigo ahora?
-No es momento.
-Era una pregunta válida.
-Después.
Mía respiró profundamente.
-No sabemos dónde está.
Neji miró hacia ella.
-Busca más atrás.
-Voy a intentarlo.
Y mientras Mía buscaba una ruta, Naruto comenzó a despertar. De verdad.