Naruto volvió a la academia tres días después. Sakura no se separó de él ni un instante. Mía tampoco.
Neji, Sasuke e Ino caminaban apenas unos pasos detrás, formando alrededor de Naruto una especie de muralla humana tan evidente que nadie necesitaba preguntar por qué. La noticia del secuestro ya había recorrido toda Konoha. No se habían difundido todos los detalles, pero sí los suficientes.
Un supervisor autorizado. Un traslado falso. Un edificio clandestino. Científicos corruptos.
Sedación. Experimentación ilegal. Y un adolescente de dieciséis años obligado a liberar una cantidad de poder tan brutal que había reducido el lugar a ruinas. La academia estaba irreconocible. No por el edificio. Por las miradas.
Cuando Naruto atravesó las puertas principales, el vestíbulo entero quedó en silencio. Alumnos. Profesores. Personal administrativo.
Todos. Naruto detestó aquello.
-No soy un fantasma -murmuró.
Sakura apretó su mano.
-Lo sé.
- Entonces podrían dejar de mirarme como si hubiera regresado de la muerte.
Mía lo observó de reojo.
-Técnicamente regresaste de un secuestro perpetrado por un científico loco.
Naruto giró hacia ella.
-Gracias por normalizarlo.
-Soy excelente ayudando.
Neji añadió:
-Nunca ha habido pruebas de eso.
Mía abrió la boca.
-¡Tú cállate!
Sasuke casi sonrió. Durante unos segundos todo pareció normal. Hasta que Naruto los vio. Tres supervisores nuevos aguardaban junto al director. Llevaban acreditaciones oficiales. Carpetas.
Tabletas. Ropa impecable. La misma clase de identificación que había llevado Valen. Naruto se detuvo.
Sakura sintió cómo su mano se endurecía alrededor de la suya.
-Naruto.
Él no respondió. Uno de los hombres dio un paso.
-Naruto Uzumaki, entendemos que has atravesado una situación excepcional. Nosotros hemos sido enviados para.....
-No.
La voz de Naruto fue baja. El supervisor se detuvo.
-Solo necesitamos explicarte....
-He dicho que no.
Mía dejó de sonreír. Neji levantó ligeramente la cabeza. Sasuke observó inmediatamente los objetos cercanos. Todavía ninguno se movía. El hombre intentó mantener un tono conciliador.
-No formamos parte del equipo del doctor Valen.
Naruto soltó una risa seca.
-Él también dijo que estaba allí para ayudarnos.
Silencio.
-Naruto -intervino el director- estas personas vienen autorizadas por....
-¡ME DA IGUAL QUIÉN LAS AUTORIZÓ!
La voz retumbó en todo el vestíbulo. Una pila de papeles se levantó del mostrador. Sakura tragó saliva. El resto de los alumnos retrocedió apenas. Naruto señaló a los supervisores.
-No se acerquen a mí.
Los hombres intercambiaron una mirada.
-Naruto, debes entender que.....
-¡Y TAMPOCO A ELLOS!
Señaló a Mía. A Sakura. A Sasuke. A Ino. A Neji. Una silla se deslizó varios centímetros hacia atrás. Mía murmuró:
-Naruto...
Él continuó.
-Ustedes vienen con sus credenciales, sus aparatos y sus sonrisas diciendo que quieren estudiar nuestros dones.
La voz comenzó a quebrársele de rabia.
-¿Y después qué? ¿También van a drogarnos?
Uno de los supervisores palideció.
-No.
- ¿Van a encerrarnos?
- Por supuesto que no.
- ¿Van a provocar dolor para ver cuánto podemos producir?
- Naruto...
-¡NO ME DIGAS NARUTO COMO SI ME CONOCIERAS!
Las ventanas vibraron. Ahora sí.
Todos lo sintieron. Mía levantó ambas manos instintivamente. Su propia telequinesis intentó compensar aquella presión. Las vibraciones apenas disminuyeron.
Mía palideció.
- Está aumentando.
Uno de los profesores dio un paso atrás. Sasuke lo notó. También notó algo más. Naruto no estaba mirando a ninguno de ellos. Miraba las acreditaciones. Las batas. Los dispositivos. Los símbolos de aquello que lo había traicionado.
- Son todos iguales - dijo Naruto.
- No lo somos - respondió uno de los supervisores.
Mala elección. Naruto lo miró.
-¿No?
Varias mochilas se elevaron. Después carpetas. Libros. Papeleras.
Una de las mesas del hall crujió.
- Porque desde donde yo estaba encerrado todos ustedes parecían bastante iguales.
El director levantó una mano.
-Naruto, nadie aquí pretende hacerte daño.
-¡NO SABE ESO!
Los objetos subieron otro metro. Los alumnos empezaron a murmurar. Ino escuchó un oleaje de pensamientos. Miedo.
Va a perder el control.
¿Puede tirar abajo la academia?
¿Eso es solo telequinesis?
¿Cuánto poder tiene?
Ino apretó los dientes.
-Dejen de asustarse -murmuró.
Sasuke la miró.
-No pueden evitarlo.
Naruto sí lo escuchó. La telepatía despertó. Todas aquellas mentes.
Todos aquellos pensamientos. Una academia entera. Entraron de golpe.
Naruto se llevó ambas manos a la cabeza.
-¡CÁLLENSE!
Las lámparas del techo comenzaron a balancearse. Sakura reaccionó.
-Naruto.
Él no la oyó.
-¡Naruto!
Nada. Ella miró a Mía. Mía estaba intentando contener tres escritorios simultáneamente.
-No puedo frenarlo.
Neji activó el Byakugan.
-Su pulso está disparado.
Sasuke apretó la mandíbula.
-Va a empeorar.
Uno de los supervisores levantó una especie de dispositivo.
-Tal vez podamos aplicar un inhibidor.....
Naruto lo vio. Su rostro cambió.
-¡BAJA ESO!
El aparato salió despedido de la mano del hombre. Golpeó una pared. Se rompió.
-¡NUNCA MÁS!
Todo el vestíbulo explotó en movimiento. Papeles. Mochilas. Sillas. Carpetas. Libros. Objetos flotando. El profesor de Matemáticas observó su maletín elevarse.
- Otra vez no.
Mía giró.
-¡Sakura!
Sakura ya se estaba moviendo. No pensó. No pidió permiso. No intentó hablar. Caminó directamente hacia Naruto. Él seguía gritándole a los supervisores.