El Legado De Las Almas

Itachi Y Los Seis De Konoha

Más tarde, cuando los demás recogían el gimnasio, Itachi se acercó a Sasuke.

-Tenías razón.

Sasuke guardaba la espada.

-¿Sobre qué?

Itachi miró hacia Naruto. El rubio intentaba hacer levitar veinte pelotas, mientras Sakura le decía que bajara diecinueve.

-Sobre él.

Sasuke siguió su mirada.

-Nunca dije nada.

-No necesitabas hacerlo.

Naruto consiguió mantener una pelota. Las otras diecinueve cayeron.

-¡LO HICE!

-¡UNA DE VEINTE! -gritó Mía.

-¡PROGRESO!

Itachi rio.

-Es luz pura e intensa - Sasuke lo miró. Itachi continuó -Tiene una cantidad de poder que debería asustarme.

-A mucha gente la asusta.

-A mí también.

Sasuke levantó ligeramente las cejas. Itachi no tenía problemas en admitirlo.

-Podría superar todo lo que conocemos - dijo - Quizá ya lo hizo en algunos aspectos.

Miró a Naruto.

-Yo conozco mi límite. Naruto todavía está descubriendo dónde empieza el suyo.

Sasuke permaneció callado.

-Pero eso no es lo importante -continuó Itachi - Lo importante es qué hace cuando descubre que puede hacer algo.

Sasuke entendió.

-Pregunta si puede.

-Exactamente.

Itachi recordó la barrera mental.
Naruto deteniéndose antes de romperla.

Es tu cabeza. No voy a entrar si no quieres.

-Alguien que podría imponer su voluntad sobre los demás y, aun así, necesita escuchar un "sí" antes de cruzar una barrera...

Itachi sonrió.

-No es alguien de quien yo tenga miedo.

Sasuke observó a Naruto.

-Yo nunca lo tuve.

Itachi miró a su hermano. Ahí estaba. La respuesta.

-Por eso le diste tu confianza.

Sasuke tardó en responder.

-Sí.

Una palabra. Nada más. Pero viniendo de Sasuke era suficiente.
Itachi apoyó una mano sobre su hombro.

-Elegiste bien.

Sasuke lo miró.

-No se lo digas.

-¿Por qué?

-Se pondrá emocional.

Ambos miraron hacia Naruto.
Sakura acababa de besarlo en la mejilla porque finalmente había conseguido mantener las veinte pelotas perfectamente quietas.
Naruto quedó rojo. Las veinte pelotas salieron disparadas hacia el techo.

¡PUM! ¡PUM! ¡PUM!

-¡NARUTO! -gritaron los otros cuatro.

-¡FUE SAKURA!

-¡NO ME CULPES! -protestó ella.

Itachi contempló el desastre. Después miró a Sasuke.

-Entiendo.

Sasuke asintió solemnemente.

-El afecto es un riesgo estructural.

Al terminar la jornada, Itachi escribió su primer informe para los líderes Hyuuga y Uchiha. No habló de amenazas. No habló de armas. Ni de recursos estratégicos. Escribió sobre seis adolescentes.

Sobre Sakura aprendiendo que teletransportarse no significaba huir. Sobre Ino descubriendo que tener acceso a una mente no otorgaba derecho a entrar en ella.
Sobre Mía comprendiendo que ver el tiempo no significaba tener que controlar el futuro. Sobre Neji aprendiendo que sus portales podían convertirse en algo más que distancia: podían proteger, rescatar y unir. Sobre Sasuke recuperando habilidades que su cuerpo parecía haber esperado otra vida entera para recordar.

Y finalmente llegó a Naruto. Itachi permaneció varios segundos mirando la pantalla. Después escribió:

Naruto Uzumaki no necesita aprender a ser menos poderoso.

Borró. Pensó. Volvió a escribir:

Naruto Uzumaki necesita aprender a comprender la magnitud de aquello que posee sin llegar a temerse a sí mismo. Su potencial actual es comparable al mío; su potencial futuro no puede calcularse.

Otra pausa.

No recomiendo intentar establecer artificialmente su límite.

Pensó en el secuestro. En los científicos. En lo que habían provocado intentando apropiarse de algo que no les pertenecía. Y añadió:

Su mayor mecanismo de control no es externo. Son sus vínculos. Los otros cinco no debilitan su poder: le proporcionan la seguridad necesaria para dirigirlo.

Itachi levantó la mirada. A través del cristal podía verlos marchándose.
Mía y Neji discutían por algo. Ino intentaba quitarle el teléfono a Sasuke. Sakura caminaba agarrada de la mano de Naruto.

Naruto hablaba con todo el cuerpo, gesticulando exageradamente. De repente se volvió hacia la ventana.
Vio a Itachi. Sonrió. Levantó ambos brazos.

-¡¡ITACHI!!

Incluso desde dentro se oyó. Itachi levantó una mano. Naruto respondió todavía más efusivamente. Una papelera cercana comenzó a flotar. Mía le pegó en el brazo. La papelera cayó. Itachi sonrió.

Terminó el informe con una última observación que jamás habría esperado escribir:

Puede llegar a convertirse en la persona más poderosa que conozcamos.

Miró nuevamente al rubio. Sakura acababa de decirle algo. Naruto rio.
Mía también. Neji abrió un pequeño portal para robarle una golosina.
Naruto protestó. Ino se rio. Sasuke fingió no conocerlos. Itachi añadió:

Pero después de conocerlo, esa posibilidad me preocupa considerablemente menos.

Guardó el documento. Y comprendió finalmente por qué Sasuke, que confiaba en tan pocas personas, había dejado entrar a Naruto tan profundamente en su vida. Porque Naruto no llegaba como una tormenta, aunque tuviera poder suficiente para convertirse en una. Llegaba como el sol. Ruidoso.
Desordenado. Imposible de ignorar.

A veces demasiado intenso. Pero cálido. Y Sasuke, sin darse cuenta, había hecho lo que quizá ya había hecho en aquella otra vida que comenzaban a recordar. Había elegido caminar junto a esa luz.
Itachi sonrió.

-Definitivamente elegiste bien, hermanito.

Desde el patio se escuchó:

-¡¡ITACHI, MAÑANA QUIERO APRENDER A HACER ESOS PORTALES QUE ABSORBEN COSAS!!

Sasuke gritó:

-¡¡NO LE ENSEÑES ESO!!

Itachi se acercó a la ventana.

-Veremos.

-¡¡SÍ!!

Seis mochilas comenzaron a levitar.

-¡NARUTO! -gritaron cinco voces simultáneamente.




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