Neji descubrió que era posible recuperarse de una tragedia y, aun así, seguir sufriendo por sus consecuencias.
Ya no era aquel muchacho vacío que había caminado durante semanas por la Academia Élite como una sombra. Había vuelto a comer, a estudiar, a entrenar. Había recuperado el sarcasmo, la elegancia insolente y hasta aquella capacidad casi irritante de parecer tranquilo cuando todos los demás estaban al borde del desastre.
Había vuelto a vivir. Pero Hanabi seguía doliendo. Y lo peor era que Neji comenzaba a comprender que no podía obligarla a entender. No podía obligarla a creerle. Mucho menos podía obligarla a arrepentirse.
Aquella mañana bajó a desayunar perfectamente vestido. Pantalón negro. Remera blanca. Campera blanca y negra. Cabellos negros alborotados cayendo sobre los hombros. Parecía impecable. Su padre estaba leyendo unos documentos. Hanabi estaba sentada frente a él.
-Buenos días.
Su padre levantó la mirada.
-Buenos días.
Hanabi continuó comiendo. Neji se sentó.
-Hanabi.
Nada. Neji respiró lentamente.
-Buenos días.
Ella levantó los ojos violetas.
-Ah. Perdón - Sonrió -No sabía que ahora también tenía que saludar a las personas que decidieron que yo estaba muerta.
El padre dejó lentamente la taza.
-Hanabi.
-¿Qué? Solo estoy aclarando las reglas familiares.
Neji bajó la mirada. Aquella frase ya no provocaba furia. Provocaba dolor.
- No voy a discutir contigo.
- Naturalmente.
Hanabi bebió un sorbo de té.
- El gran heredero tiene responsabilidades.
- Hanabi.
- ¿Qué? Es verdad.
Lo miró con una sonrisa cargada de veneno.
- Heredero del clan. Alumno ejemplar. Dueño de poderes extraordinarios...
Movió los dedos teatralmente.
- Abre portales. Ve a través de las paredes. Viaja entre dimensiones...
Neji apretó los cubiertos.
-¿Terminaste?
- Todavía no.
- Yo sí.
Neji se levantó.
-Neji - intervino su padre - Termina de desayunar.
- No tengo hambre.
- Siéntate.
Neji obedeció. Hanabi soltó una pequeña risa.
-Además obediente. Qué perfección.
Neji cerró los ojos.
-¿Por qué haces esto?
La pregunta salió cansada. No enojada. Hanabi dejó la taza.
- Porque puedo.
- No. Esa no es la razón.
Ella lo miró.
- Entonces ilumíname, futuro líder.
- Quieres lastimarme.
- Muy inteligente.
- ¿Por qué?
Hanabi rio.
-¿De verdad necesitas preguntarlo? - Neji permaneció callado. Ella se inclinó hacia él -Tú me enseñaste a despreciar a un hermano, Neji.
Su padre levantó inmediatamente la cabeza.
- Hanabi, basta.
- No.
Miraba únicamente a Neji.
- No te quejes ahora. Haberlo pensado antes de elegir mal y quedarte con Mía eliminándome a mí de tu vida.
Neji palideció.
- No te eliminé por Mía.
- Claro.
- Te aparté porque mentiste.
- Porque quería a mi hermano conmigo. Hasta Mía lo entendería.
-¡Porque utilizaste ese amor para manipularme!
Hanabi sonrió.
- Excusas.
- ¡Me hiciste atacar a una persona inocente!
- Una desconocida.
Neji quedó inmóvil.
-¿Qué?
Hanabi se encogió de hombros.
- Eso era Mía para mí.
Neji la miró horrorizado.
- Pero no para mí.
- Exactamente - Aquello lo desconcertó. Hanabi se levantó - Para ti ella importaba - Se señaló -Yo no.
-¡Eso no es cierto!
-Me declaraste muerta - Neji no encontró respuesta -Dijiste que eras hijo único.
Silencio.
-Dijiste que no tenías hermana.
-Estaba destrozado.
-Y yo estaba aterrorizada de perderte.
-¡Y por eso mentiste!
-Y tú por esa mentira decidiste que dejaba de existir.
Neji se quedó sin palabras. Hanabi sonrió con tristeza.
-Así que no vengas ahora a explicarme que supuestamente querías regalarme dos hermanos nuevos.
-No iba a regalarte hermanos como si fueran objetos.
-Qué alivio.
-¡HANABI!
-No te creo.
Aquellas tres palabras fueron peores que el grito. Neji se quedó quieto.
-¿Qué?
-No te creo.
Hanabi caminó hacia la puerta.
-Eso de que Naruto iba a convertirse en mi hermano y que Mía iba a ser mi hermana...
Rio.
-Bonita historia.
-Es la verdad.
-Es una mentira para hacerme sentir culpable.
-¡NO!
Hanabi se volvió.
-Entonces debiste decírmelo antes de declararme muerta.
Neji sintió que algo se le hundía en el pecho.
-No tuve oportunidad.
-Yo tampoco.
Y se marchó.
Neji permaneció sentado. Su padre lo contempló en silencio.
-Hijo.
-No.
-Neji...
-Por favor.
Su voz se quebró apenas.
-Ahora no.
Se levantó. Recogió su mochila. Y salió hacia la academia. Porque tenía dieciséis años. Porque estaba destrozado por su hermana. Porque no sabía cómo arreglar aquello. Y porque a primera hora tenía Matemáticas. La vida poseía un sentido del humor miserable.
A las ocho y veinte, Neji estaba resolviendo ecuaciones. A las diez, revisaba documentación del clan durante el recreo. A las doce, entrenaba con Itachi. A las dos de la tarde, tenía una reunión virtual con dos administradores Hyuuga.
Cumplía. Eso era lo impresionante.
El dolor no había vuelto a destruirlo.
Neji ya había aprendido aquella lección. Podía sufrir y continuar.
Podía extrañar a Hanabi y ser heredero. Podía amar a Mía y sentirse culpable por su hermana.
Podía estar enfadado con Hanabi y desear desesperadamente abrazarla. No tenía que convertirse nuevamente en un cadáver para demostrar que algo le dolía. Pero sus dones...
Sus dones no habían recibido el memorándum.
-Neji.
-¿Qué?
Itachi señaló detrás de él. Había un portal abierto en mitad del gimnasio.
-Mierda.
-Lenguaje.
-Tengo dieciséis años.
-Precisamente.