La decisión cambió un martes por la noche. No hubo una nueva reunión del clan. No hubo consejeros. No hubo abogados, guardias ni documentos sobre la enorme mesa de deliberaciones. Solo un padre y su hija.
Y, quizá por primera vez desde que todo había comenzado, el líder del clan Hyuuga decidió hablar con Hanabi no como líder. Sino como padre. La encontró en la biblioteca de la mansión, sentada junto a una de las ventanas, leyendo. Faltaban apenas dos días para su supuesto ingreso al convento y, extrañamente, Hanabi había dejado de protestar.
Aquella resignación había comenzado a preocuparlo más que sus gritos.
-Hanabi.
Ella levantó los ojos.
-Padre.
-Necesito hablar contigo.
-¿Sobre qué?
-Sobre tu futuro.
Hanabi cerró el libro.
-Ya decidiste mi futuro.
No hubo sarcasmo. Eso lo hizo sentirse peor. Su padre se sentó frente a ella.
-Quiero escucharte.
Hanabi arqueó una ceja.
-Un poco tarde.
-Probablemente.
La respuesta consiguió sorprenderla. El hombre respiró profundamente.
-Dime algo con sinceridad. ¿Quieres ser la heredera del clan?
Hanabi lo miró durante varios segundos. Después respondió:
-No.
Su padre frunció el ceño.
-¿No?
-No.
-Entonces ¿por qué desafiaste a Neji?
Hanabi bajó la mirada hacia el libro.
-Porque podía.
-Eso no responde mi pregunta.
-Porque necesitaba saber que podía.
Silencio.
-Explícate.
Hanabi acarició distraídamente el borde de una página.
-Toda mi vida fui la hermana menor de Neji.
Su padre permaneció callado.
-Neji era el brillante. Neji era el heredero. Neji era el orgullo del clan. Neji era el que podía hacer cualquier cosa.
-Nunca te consideré inferior a él.
-Quizá tú no - Levantó los ojos - Pero yo sí - Aquello dolió -Cuando el consejo empezó a escucharme, descubrí algo.
-¿Qué?
- Que no soy estúpida.
- Jamás lo fuiste.
- Ahora lo sé.
Hanabi sonrió apenas.
- Podía sentarme frente a hombres que llevaban treinta años tomando decisiones y encontrar soluciones que ellos no encontraban. Podía leer contratos, descubrir errores, anticipar problemas...
Sus ojos violetas brillaron con algo que no era arrogancia. Era orgullo.
-Era buena.
Su padre sonrió.
-Eres muy buena.
Hanabi quedó sorprendida.
-¿Lo dices en serio?
-Completamente.
Ella bajó la mirada.
-Entonces eso era todo.
-¿Todo?
-No quería quitarle el lugar a Neji.
Solo quería demostrar que, si hubiese querido hacerlo, habría podido intentarlo.
Su padre casi sonrió. Aquello sí sonaba a una Hyuuga.
-¿Y ahora?
Hanabi se encogió de hombros.
-Que Neji sea líder.
-¿Así de sencillo?
- Es su sueño, no el mío.
Su padre la contempló.
-Entonces ¿qué quieres tú?
Hanabi tardó bastante en responder.
- Algo mío.
Aquellas dos palabras cambiaron el tono de la conversación.
- Algo que no sea de Neji primero.
Su padre guardó silencio.
- Algo que no pueda perder porque mi hermano se enamore, porque aparezca Naruto, porque el consejo cambie, porque tú tomes una decisión...- Su voz se hizo más pequeña - Algo que nadie pueda quitarme.
El padre de ambos comprendió finalmente. No era una corona. Era identidad. Hanabi quería saber quién era cuando dejaba de definirse como la hermana de Neji Hyuuga.
- Entonces búscalo.
Ella levantó bruscamente la cabeza.
-¿Qué?
- Busca eso que sea tuyo.
Hanabi lo miró desconfiada.
-¿En el convento?
-No.
Silencio.
-¿Qué?
-No irás.
Hanabi dejó caer el libro.
-¿Qué dijiste?
-He cambiado de opinión.
-No juegues conmigo.
-No estoy jugando.
Hanabi se puso de pie.
-¿No voy a ser monja?
-No.
-¿No voy al convento?
-No.
-¿Puedo continuar en la academia?
- Sí.
Hanabi lo contempló como si hablara otro idioma.
- ¿Y puedo decidir qué hacer con mi vida?
Su padre respiró.
- Dentro de límites razonables para una adolescente de catorce años.
Hanabi frunció el ceño.
-Tenías que arruinarlo.
Su padre rio. Y después ocurrió algo que llevaba demasiado tiempo sin ocurrir. Hanabi también. La paz no regresó inmediatamente a la mansión Hyuuga. Pero dejó de parecer un campo de batalla. Hanabi volvió a la Academia Élite. Recuperó sus rutinas. Continuó estudiando asuntos económicos porque había descubierto que realmente le gustaban.
Su padre incluso comenzó a permitirle revisar algunos proyectos menores del clan. No como candidata a heredera. Como Hanabi.
Y aquello cambió muchísimo. Pero había una persona con la que la guerra permanecía congelada. Neji.
No lo atacaba constantemente. No lo provocaba en cada habitación. No hacía comentarios sobre Mía cada vez que tenía oportunidad.
Simplemente lo había apartado. Para Neji aquello resultó, de una manera extraña, todavía más doloroso. Pero antes de que pudiera ocurrir una reconciliación, el universo decidió intervenir. Una noche, Hanabi despertó a las tres y diecisiete de la madrugada. Algo le ardía detrás de los ojos.
-¿Qué demonios...?
Se incorporó. Parpadeó. La habitación cambió. Hanabi quedó inmóvil. Podía ver la pared. Pero también podía ver más allá de ella.
Abrió mucho los ojos.
-No...
La pared parecía haberse vuelto transparente. Vio el corredor. Una empleada caminaba a varios metros. Después su visión continuó. Atravesó otra pared. Otra habitación. El jardín. La verja exterior. Las casas de enfrente.
Hanabi dejó de respirar.
-No puede ser.
Se levantó de la cama. Corrió hacia el espejo. Sus ojos habían cambiado. Las venas alrededor de ellos se habían marcado ligeramente. Su mirada violeta se había vuelto extrañamente blanca.
-Byakugan...