El desayuno en la mansión Hyuuga había adquirido una rutina extraña.
Hanabi conversaba con su padre. Se reía con él.
Le contaba cosas de la academia, discutía asuntos del clan y, ocasionalmente, utilizaba aquel sarcasmo suyo que había dejado de ser cruel con casi todo el mundo.
Entonces aparecía Neji. Y Hanabi se apagaba. No lo atacaba. No lo provocaba. No volvía a mencionar a Mía. Simplemente dejaba de hablar.
Aquella mañana ocurrió exactamente lo mismo.
-Te digo que es absurdo -decía Hanabi mientras untaba mermelada sobre una tostada - Si el clan posee tres edificios vacíos, ¿por qué seguimos pagando el alquiler de oficinas?
Su padre bebió café.
-Porque están siendo remodelados.
-Uno está siendo remodelado. Los otros dos están acumulando polvo con extraordinaria eficiencia.
-¿Revisaste los informes?
-Sí.
-¿Todos?
Hanabi sonrió con suficiencia.
-Dos veces.
-Empiezo a lamentar haberte dado acceso a ellos.
-Demasiado tarde.
Su padre rio. Y entonces entró Neji.
-Buenos días.
-Buenos días, hijo.
Hanabi tomó su taza.
-Buenos días.
Silencio. Neji se detuvo. La observó.
Ella bebió tranquilamente. Neji se sentó.
-¿Cómo estás?
-Bien.
-¿Dormiste?
-Sí.
-¿Vas a la academia?
-Sí.
Neji apretó la mandíbula. Su padre lo notó.
-Neji...
-No.
Hanabi levantó los ojos.
-¿No qué?
Neji dejó los cubiertos.
-Estoy cansado.
Su padre comprendió inmediatamente que aquella mañana sería diferente. Hanabi arqueó una ceja.
-Entonces duerme más.
-No estoy cansado físicamente.
-Ah.
Volvió a su desayuno.
-Hanabi, mírame.
-Estoy desayunando.
-Mírame.
Algo en la voz de su hermano consiguió que ella obedeciera. Neji no parecía triste. Estaba molesto.
Muchísimo. Pero, sobre todo, parecía haber llegado a una conclusión.
-Tenemos que aclarar algo.
-¿Otra vez?
-Sí. Porque aparentemente llevamos semanas funcionando sobre una premisa absurda.
Hanabi frunció el ceño.
-¿Cuál?
Neji se inclinó ligeramente hacia delante.
-Que tú tienes algo que perdonarme a mí.
Silencio. Hanabi dejó lentamente la taza.
-¿Perdón?
- Exactamente.
Su padre permaneció callado. Aquello tenían que resolverlo ellos.
-Estás actuando como si yo hubiera provocado todo esto -continuó Neji - Como si hubiese despertado una mañana y hubiese decidido apartar a mi hermana porque Mía me parecía más interesante.
Hanabi endureció la mirada.
- Prácticamente hiciste eso.
- No.
- Dijiste que estaba muerta.
- Después de descubrir lo que habías hecho - Hanabi se quedó inmóvil - No cambies el orden de los acontecimientos - Aquello fue contundente - Tú mentiste.
- Neji...
-Tú me manipulaste.
-Ya sé lo que hice.
- Entonces deja de actuar como si el origen del problema hubiese sido mi reacción.
Hanabi palideció ligeramente. Neji continuó.
- Conocías mi punto débil. Sabías lo que significabas para mí. Sabías perfectamente qué ocurriría si llegabas llorando y me convencías de que alguien te había lastimado.
- Porque te quería.
- ¡Precisamente!
Neji golpeó suavemente la mesa con la palma.
-¡Porque sabías que yo también te quería! - Hanabi calló - Utilizaste mi amor por ti como un arma contra otra persona.
Aquello dolió. Se vio en sus ojos.
-No quería...
-Lo hiciste.
Su padre intervino con calma:
-Hanabi, tu hermano tiene razón en eso.
Ella lo miró.
-Por supuesto.
-No empieces -dijo Neji.
Hanabi volvió hacia él.
-¿Qué quieres que haga? ¿Que me siente aquí mientras los dos explican lo monstruosa que soy?
-¡Nadie está diciendo que seas un monstruo!
-Parece bastante parecido.
-Estoy diciendo que hiciste algo terrible. No que tú seas terrible.
Hanabi abrió la boca. No respondió.
Neji respiró profundamente.
-Yo entiendo por qué lo hiciste.
Ella parpadeó.
-¿Qué?
-Lo entiendo - La furia de Neji disminuyó -Tenías miedo.
Hanabi apartó los ojos.
-No necesito tu análisis psicológico.
-Temías perderme. Viste a Mía. Después a Naruto. Viste cuánto los quería y pensaste que ya no habría lugar para ti.
Hanabi apretó los labios.
-No fue así.
-Hanabi.
-No fue...
Su voz se quebró. Neji la contempló.
-Sí fue así.
Ella bajó la mirada.
-Y puedo entenderlo -continuó- Puedo entender la inseguridad. Los celos. Incluso puedo entender que odiaras a Mía sin conocerla porque creías que estaba quitándote algo.
Hanabi lo miró nuevamente.
-Lo que no puedo justificar es la mentira. Podrías haber venido conmigo.
-¿Para qué?
-¡Para decirme la verdad!
Neji extendió las manos.
-Podrías haberme dicho: "Neji, tengo miedo de que dejes de quererme".
Hanabi tragó saliva.
-Y yo habría podido decirte que eso era imposible.
-Ahora es fácil decirlo.
-¡NO!
Su voz resonó por el comedor.
-Eso es lo que no entiendes.
Neji respiraba agitadamente.
-Yo ya los consideraba familia.
Hanabi negó con la cabeza.
-Otra vez esa historia.
-No es una historia.
-Sí.
-¡NO!
Una taza vibró. Los tres la miraron.
Neji cerró los ojos.
-Perfecto. Ahora mi telequinesis participa de las discusiones familiares.
Su padre miró la taza.
-Al menos todavía no estamos flotando.
Neji lo fulminó con la mirada.
-No ayudes.
Hanabi estuvo a punto de sonreír. Lo reprimió. Neji la vio. Pero continuó.
-Naruto ya era el hermano que nunca tuve.
Hanabi tensó el rostro.
-Exactamente.
-¡Pero eso no te reemplazaba!
-Tú no lo entiendes.
-Sí lo entiendo. Tú creías que yo tenía un lugar llamado "hermano" y que solo cabía una persona -Hanabi guardó silencio -No funcionaba así.