El Legado De Las Almas

El hermano que ella no quería desear

Hanabi había descubierto muy pronto que poseer un don capaz de atravesar paredes era una tentación peligrosísima. También había descubierto que tenía mucho menos autocontrol del que le gustaba admitir.

Aquella tarde debía estudiar. Tenía tres libros abiertos sobre el escritorio, una libreta llena de anotaciones y un examen dentro de cuatro días. Pero llevaba veinte minutos mirando la misma página.
Suspiró.

-Esto es ridículo.

Cerró el libro. Se levantó. Miró la puerta cerrada de su habitación.

Nadie sabía lo del Byakugan. Su padre no. Neji mucho menos. Y Hanabi pretendía mantenerlo así.
Aquello era suyo. Solo suyo. Caminó hacia la ventana. Desde allí podía verse parte de Konoha extendiéndose bajo el cielo de la tarde.

-Solo cinco minutos.

Sabía perfectamente que se estaba mintiendo. Activó el Byakugan. El mundo desapareció detrás de otro mundo. Las paredes dejaron de ser obstáculos. Los edificios se transformaron en capas. Las calles se abrieron. Las voces lejanas comenzaron a mezclarse. Hanabi respiró profundamente y extendió su percepción. Cincuenta metros.
Cien. Ciento cincuenta. Doscientos.
Más. Había estado practicando en secreto.

Cada día llegaba un poco más lejos.
Y entonces buscó. No necesitó demasiado. Cabellos rubios. Dos personas. Los gemelos Uzumaki.
Primero encontró a Mía.

-Ahí estás.

Hanabi endureció inmediatamente la expresión. Mía salía de una tienda cargando una bolsa mientras hablaba por teléfono. Hanabi no necesitaba escuchar para saber con quién hablaba. Neji. Naturalmente.

-Ladrona -murmuró.

Todavía la consideraba así. Sabía racionalmente que Mía no le había robado nada. Neji se lo había explicado. Su padre también. Pero saber algo no significaba sentirlo.
Mía había aparecido y Neji había cambiado. Para Hanabi, la ecuación seguía siendo demasiado sencilla.
Antes de Mía, tenía a su hermano.
Después de Mía...

Dijiste que estaba muerta.

Hanabi cerró los ojos un segundo.
Cuando volvió a abrirlos, Mía seguía allí. Sonriendo mientras hablaba con Neji. Hanabi desvió su visión.

-No quiero verte.

Y buscó al otro gemelo. Naruto estaba a menos de doscientos metros de Mía. Hanabi sonrió antes incluso de darse cuenta. El rubio estaba frente a una cafetería con Sakura. Y aparentemente discutía con una máquina expendedora.
Hanabi aumentó la percepción auditiva.

-Te estoy diciendo que me robó.

Sakura tenía los brazos cruzados.

-Naruto, es una máquina.

-Precisamente. No puede necesitar dinero.

-Pusiste la moneda equivocada.

-Era dinero.

-Era una ficha de arcade.

Naruto miró la máquina. Después la ficha. Después a Sakura.

-Eso explica muchas cosas.

Hanabi se tapó la boca. Una carcajada escapó.

-Idiota...

Sakura negó con la cabeza.

-Vamos.

-No. Esto ya es personal.

Naruto extendió una mano. Sakura abrió los ojos.

-Ni se te ocurra.

-Solo voy a recuperar mi...

-¡Naruto!

La máquina comenzó a elevarse.

-¡BAJALA!

-¡SOLO QUIERO LA FICHA!

-¡VAS A ARRANCAR LOS CABLES!

Naruto bajó inmediatamente la máquina.

-Está bien.

-Gracias.

-Pero sigo sintiéndome estafado.

Sakura soltó una carcajada. Hanabi también.

-No puede ser tan tonto.

Naruto consiguió finalmente comprar dos bebidas. Le entregó una a Sakura. Después miró hacia una tienda cercana. Mía acababa de llegar.

-¡MÍA!

La gemela levantó la mano.

-¡Naruto!

Hanabi dejó de reír. Observó. Mía se acercó. Naruto la recibió como si llevaran meses sin verse y no unas pocas horas.

-¿Dónde estabas?

-Comprando.

-¿Qué compraste?

-Algo.

-¿Qué?

-No es asunto tuyo.

Naruto intentó mirar dentro de la bolsa. Mía se la quitó.

-¡Naruto!

-Solo quería ver.

-Compra una vida.

-Ya tengo una.

Naruto señaló a Sakura.

-Y es preciosa.

Sakura se puso roja. Mía hizo una mueca.

-Qué asco.

Naruto rodeó inmediatamente a Sakura con un brazo.

-Estás celosa porque mi novia es hermosa.

-Tu novia es mi amiga desde antes de ser tu novia.

-Ahora es las dos cosas.

Mía sonrió.

-¿Y eso no te confunde?

Naruto pareció pensarlo seriamente.

-No.

Hanabi dejó de sonreír. Algo en aquella respuesta llamó su atención.
Naruto señaló a Mía.

-Tú eres mi hermana - Después señaló a Sakura -Ella es mi novia.

Abrazó a ambas por los hombros.

-Y las quiero a las dos.

Mía protestó.

-¡Me estás aplastando el pelo!

Sakura rio.

-Naruto...

-Mis dos mujeres favoritas.

Mía giró lentamente la cabeza.

-¿Perdón?

Naruto palideció.

-No en el mismo sentido.

-Eso espero.

-¡ERES MI HERMANA!

-Acláralo más fuerte, creo que en otra ciudad no escucharon.

Sakura se estaba riendo tanto que tuvo que apoyarse en Naruto.
Hanabi no rio. Continuó observando. Naruto soltó a Mía para acomodarle distraídamente el cuello de la campera. Después volvió hacia Sakura y le tomó la mano. Natural.
Sin esfuerzo. No parecía sentir que una amenazara a la otra. Mía tampoco. Sakura tampoco. Había espacio. Eso fue lo que Hanabi vio.
Había espacio para ambas.

Desactivó el Byakugan. La habitación reapareció. Hanabi permaneció junto a la ventana.

-No es lo mismo.

Pero algo dentro de ella respondió inmediatamente:

Sí lo es.

-No.

Caminó hacia el escritorio.

Neji dijo exactamente eso.

Hanabi apretó los dientes.

-Neji miente.

¿Sobre qué?

- Sobre que quería incorporarlos.

Silencio. Hanabi se sentó. Recordó las palabras de su hermano.

Aquí había lugar para los tres.

Y acababa de ver a Naruto demostrar exactamente eso. Naruto estaba profundamente enamorado de Sakura. Eso era evidente incluso para alguien que los observara cinco minutos. Pero aquel amor no había reducido ni un milímetro el lugar de Mía en su vida.




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