El Legado De Las Almas

Donde el corazón de Neji descansaba

Neji descubrió algo inesperado durante aquellos días. Había dolores que no desaparecían cuando uno encontraba una solución.
Desaparecían durante un rato cuando encontraba un refugio. Y el suyo tenía largos cabellos rubios, ojos celestes y una capacidad extraordinaria para insultarlo mientras lo abrazaba. Mía.

La situación con Hanabi seguía sin resolverse. Su hermana había comenzado a mostrarse más amable con él, era cierto, pero cada acercamiento terminaba chocando contra la misma pared. Neji ya no sabía cuándo debía insistir, cuándo retroceder ni cuándo una pregunta inocente escondía algo que Hanabi se negaba a contarle. Estaba agotado.

Por eso aquella mañana llegó a la Academia Élite más silencioso de lo habitual. Mía lo vio desde el otro extremo del corredor. No necesitó preguntarle nada. Neji caminaba con las manos dentro de los bolsillos, la cabeza ligeramente inclinada y aquella expresión serena que ella ya había aprendido a reconocer. No significaba serenidad. Significaba:

Estoy conteniendo demasiadas cosas.

Mía dejó de hablar con Sakura.

-Ahora vuelvo.

-¿Neji?

-Neji.

Sakura miró hacia él.

-Tiene cara de Hanabi.

Mía suspiró.

-Todos estamos aprendiendo a reconocerla.

Cruzó el corredor. Neji levantó los ojos cuando la vio acercarse.

-Hola.

Mía no respondió. Simplemente abrió los brazos. Neji la contempló.

-¿Qué haces?

-Ven.

-Mía...

-Neji.

Él miró alrededor. Había alumnos por todas partes.

-Estamos en mitad del pasillo.

-Excelente capacidad de observación.

-Hay aproximadamente cincuenta personas mirándonos.

-Cincuenta y tres.

-¿Las contaste?

-No. Quería parecer inteligente.

Una sonrisa diminuta apareció en los labios de Neji. Mía volvió a abrir los brazos.

-Ven aquí.

Esta vez Neji obedeció. La abrazó.
Y lo hizo con una intensidad que sorprendió incluso a Mía. Hundió el rostro entre sus cabellos y la rodeó completamente con los brazos. Mía dejó de bromear. Lo abrazó igual de fuerte.

-¿Hanabi?

Neji cerró los ojos.

-No quiero hablar de ella.

-Entonces no hablamos.

-No quiero pensar en ella.

-Tampoco.

-No quiero sentirme culpable.

Mía acarició lentamente sus cabellos negros.

-Entonces quédate aquí.

Neji respiró. Una vez. Dos. Tres. Y el mundo comenzó a hacerse más pequeño. Ya no estaba la mansión.
No estaba Hanabi. No estaba la montaña. No estaba aquella interminable pregunta acerca de cómo reparar algo que no dependía exclusivamente de él. Solo estaba Mía. Neji apretó ligeramente el abrazo.

-Te amo.

Ella sonrió contra su pecho.

-Lo sé.

Neji se separó apenas.

-¿Eso es todo?

-¿Qué esperabas?

-Algo parecido a "yo también te amo".

Mía fingió pensarlo.

-Mmm...

-Mía.

-Estoy evaluándolo.

Neji abrió la boca, indignado. Ella empezó a reír.

-¡Idiota! Claro que te amo.

Neji la besó. Y desde unos metros de distancia se escuchó:

-¡EH!

Ambos se separaron. Naruto los señalaba.

-¡ESO ES MI HERMANA!

Neji cerró los ojos.

-Y ahí murió el momento.

Mía gritó:

-¡NARUTO, CÁLLATE!

-¡SOLO ESTABLEZCO LÍMITES!

Sakura lo agarró de la campera.

-Ven.

-Pero...

-Ven.

-¡Está besando a Mía!

-Son novios.

-¡YA LO SÉ!

-Entonces deja de comportarte como un padre victoriano.

Naruto se dejó arrastrar. Neji miró a Mía.

-¿Padre victoriano?

-Le queda bien.

Y Neji volvió a reír. Aquella mañana comprendió que podía hacerlo.
Podía dejar el dolor fuera durante unas horas. No porque Hanabi hubiera dejado de importarle. Sino porque Hanabi no tenía derecho a ocupar cada rincón de su vida.

Matemáticas, amor y víctimas inocentes

La primera demostración de aquella nueva filosofía ocurrió durante Matemáticas. Neji estaba sentado junto a Mía. Algo que ya era habitual. El profesor llenaba el pizarrón de ecuaciones.

Naruto contemplaba los números como si estuviera presenciando una invocación demoníaca.

-No entiendo.

Sasuke ni siquiera levantó la cabeza.

-Nadie está sorprendido.

-Hay demasiadas letras.

-Es álgebra.

-¡Precisamente! Si quisiera letras estaría en Literatura.

Ino soltó una carcajada. El profesor giró.

-Uzumaki.

Naruto adoptó inmediatamente una expresión angelical.

-¿Sí, profesor?

-¿Algún problema?

-Ninguno.

El borrador comenzó a levitar. Toda la clase lo vio. El profesor también.
Naruto levantó lentamente los ojos.

-Eso no demuestra nada.

-Naruto -murmuró Sakura.

-Estoy tranquilo.

Tres marcadores despegaron.

-Muy tranquilo -añadió Sasuke.

Mientras tanto, Neji ni siquiera prestaba atención. Miraba a Mía.
Ella escribía. Neji apoyó la mejilla sobre una mano. Mía continuó escribiendo. Pasaron diez segundos.

-Neji.

-¿Sí?

-Deja de mirarme.

-No.

-Tenemos Matemáticas.

-Ya lo sé.

-Entonces mira el pizarrón.

-No es tan bonito.

Mía dejó lentamente el bolígrafo.

-¿Acabas de comparar mi cara con una ecuación?

-Y ganaste.

-Qué honor.

Neji sonrió. Mía volvió a escribir. Neji continuó mirándola.

-¿Qué?

-Nada.

-Me estás poniendo nerviosa.

-Eres hermosa.

Mía se quedó inmóvil.

-No hagas eso.

-¿Qué?

-Decirme esas cosas con esa cara.

-¿Qué cara?

Mía lo señaló.

-Esa.

-Sigo sin comprender.

-La cara de "voy a decirte algo romántico y después fingir que no hice nada".

Neji sonrió todavía más.

-Te amo.

Mía se puso roja.

-¡Neji!

Dos alumnos de la fila posterior comenzaron a elevarse. Uno dejó de escribir.

-Oh, no.

El otro miró hacia abajo.




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