Neji no estaba satisfecho. Naruto tampoco. La academia había abierto expedientes, citado a las familias, impuesto sanciones y separado formalmente a los tres estudiantes que habían acosado a Hanabi. Todo eso estaba bien. Era correcto. Era legal. Era necesario. Pero había algo que seguía quemando dentro de Neji. Semanas. Habían sido semanas.
Semanas llamándola monstruo.
Semanas persiguiéndola.
Semanas apareciendo cada vez que alguien se acercaba a ella para arruinar cualquier posibilidad de amistad. Semanas haciendo que una chica de catorce años terminara comiendo sola. Y Neji seguía escuchando aquella frase:
-Pensé que no me creerías.
Eso era lo peor. No solamente que su hermana hubiera sufrido. Sino que había sufrido convencida de que no podía acudir a él. Naruto lo encontró aquella tarde sentado sobre el muro exterior de la academia.
-Cara peligrosa.
Neji no respondió. Naruto se sentó a su lado.
-¿Hanabi?
-¿Qué otra cosa?
Naruto suspiró.
-La academia actuó.
-Lo sé.
-Los tres están separados de ella.
-También lo sé.
-Sus familias fueron citadas.
-Naruto.
-¿Qué?
Neji giró la cabeza. Sus ojos violetas estaban extrañamente fríos.
-No me alcanza.
Naruto guardó silencio. Eso era exactamente lo que él mismo sentía.
-A mí tampoco.
Neji lo miró. Y en aquel instante algo quedó decidido sin necesidad de demasiadas palabras. No fueron inmediatamente. No actuaron en caliente. Esperaron. Hablaron entre ellos. Y acordaron una cosa fundamental, nadie iba a morir. Nadie iba a quedar gravemente herido. No querían convertirse en algo peor que quienes habían lastimado a Hanabi.
Pero sí querían asegurarse de que aquellos tres entendieran una verdad simple: Hanabi no estaba sola. La academia estaba vacía cuando ocurrió. Había terminado una actividad nocturna y los pasillos exteriores estaban prácticamente desiertos. Los tres muchachos salieron juntos. Uno reía. Otro hablaba del posible traslado que sus padres estaban considerando después del escándalo.
-Todo por esa mocosa.
-Mi viejo está furioso.
-El mío también.
-Como si hubiéramos hecho algo tan grave.
Una voz respondió desde la oscuridad:
-Ese es precisamente el problema.
Los tres se detuvieron. Neji salió primero. Pantalón negro. Campera blanca. Cabellos negros hasta los hombros. Manos dentro de los bolsillos. Sereno. Demasiado sereno.
-Hyuuga.
-Buenas noches.
Uno miró alrededor.
-¿Qué haces aquí?
-Quería hablar.
-No tenemos nada que hablar contigo.
Neji sonrió apenas.
-Eso también creí yo.
Entonces Naruto apareció detrás.
Los tres dejaron de sonreír. El rubio no parecía el muchacho que discutía con máquinas expendedoras. No parecía el que sonreía por cualquier cosa. No parecía el novio enamorado que hacía flotar mochilas porque Sakura lo besaba. Estaba completamente serio.
-Uzumaki.
Naruto metió las manos en los bolsillos.
-Así que ustedes son los tres.
-¿Qué tres?
Naruto rio sin humor.
-No sean cobardes ahora.
Neji lo miró de reojo. El Naruto oscuro estaba apareciendo. No descontrolado. No como durante el secuestro. Pero sí aquella versión fría que surgía cuando alguien tocaba a las personas que él había decidido proteger. Uno de los muchachos levantó la barbilla.
-Hanabi ni siquiera es tu hermana.
Naruto quedó inmóvil. Neji también.
Naruto respondió muy despacio:
-Eso no te concierne.
Algo en su tono cambió el ambiente.
-Lo que sí me concierne es que ustedes tres hicieron que una chica más pequeña creyera que no podía tener amigos.
El muchacho rio.
-¿Y qué vas a hacer?
Naruto levantó los ojos.
-Nada que no puedas explicar después.
El primero dejó de tocar el suelo.
-¡¿QUÉ?!
El segundo ascendió. Después el tercero. Neji miró a Naruto.
-Tranquilo.
-Estoy tranquilo.
-Eso me preocupa más.
Los tres flotaban apenas un metro sobre el pavimento. Nada espectacular. Nada mortal. Pero suficiente.
-¡BÁJANOS!
Naruto cruzó los brazos.
-Curioso.
-¿Qué?
-Hanabi también les pidió muchas veces que la dejaran tranquila. Y no lo hicieron.
Neji activó el Byakugan. Los tres palidecieron. Después abrió pequeños portales alrededor de ellos. No los tocaban. Solo aparecían y desaparecían. A su izquierda. A su derecha. Detrás. Como puertas hacia lugares que no podían ver. Uno empezó a respirar con dificultad.
-¿Qué quieren?
Neji respondió:
-Que entiendan algo.
Su voz era helada.
-Hanabi no ganó aquella competencia para humillarlos.
-Neji...
-No.
Miró directamente al mayor.
-Ustedes se humillaron solos al decidir que ser superados por una chica más joven era una ofensa.
Naruto hizo que descendieran un poco.
-Y después castigaron a Hanabi por ser más inteligente.
-Solo eran bromas.
Naruto endureció la expresión. Los tres volvieron a elevarse.
-No.
-Naruto -advirtió Neji.
El rubio respiró. Los mantuvo estables.
-Una broma termina cuando la otra persona deja de reír.
Silencio.
-Ustedes continuaron durante semanas.
Neji dio un paso.
-Le arruinaron amistades.
Otro.
-La hicieron comer sola.
Otro.
-La llamaron monstruo.
Sus ojos violetas se endurecieron.
-Y mi hermana llegó a creer que no tenía a quién pedir ayuda.
Por primera vez su voz se quebró.
Aquello era mucho más aterrador que cualquier grito.
-Así que sí.
Neji miró a los tres.
-Estoy furioso.
Uno tragó saliva.
-No volveremos a acercarnos.
Naruto respondió:
-No - Los tres lo miraron -No alcanza.
-¿Qué más quieren?
-Que dejen de hacer esto con cualquiera.
Silencio. Naruto los bajó lentamente. Sus zapatillas tocaron el suelo.