El Legado De Las Almas

El fuego y la puerta

Desde que Ren había regresado a su lado, Hanabi había empezado a descubrir una sensación que casi había olvidado. La normalidad. No la normalidad Hyuuga, que implicaba desayunos demasiado formales, responsabilidades familiares, un padre que dirigía uno de los clanes más influyentes de Konoha y un hermano mayor capaz de abrir portales dimensionales cuando estaba emocionalmente alterado.

Una normalidad mucho más sencilla. Tener un amigo. Uno propio. Ren tenía catorce años como ella, cabellos rubios, ojos dorados y una inteligencia lo bastante alta como para mantener conversaciones con Hanabi sin perderse a mitad de camino. Aunque también poseía una habilidad extraordinaria para irritarla.

-Estás equivocada.

Hanabi levantó lentamente los ojos del cuaderno. Estaban sentados en uno de los bancos del patio de la Academia Élite durante el recreo.

-Repite eso.

Ren sonrió.

- Estás equivocada.

- Lo escuché la primera vez. Quería darte la oportunidad de corregirte.

- No necesito corregirme.

Hanabi cerró el cuaderno.

- Ren.

- Hanabi.

- Tengo razón.

- No.

- Segundo lugar en la competencia de lógica.

Ren señaló su propio pecho.

-Séptimo.

Hanabi arqueó una ceja.

-¿Eso debía impresionarme?

-Había ciento doce participantes.

-Ah.

- Exacto.

- Entonces eres el séptimo mejor y estás discutiendo con la segunda.

Ren abrió la boca. La cerró.

- Te odio.

Hanabi sonrió satisfecha.

- Eso pensé.

A unos metros, algunos alumnos comenzaron a reír. Por una vez no se reían de ella. Hanabi ya no miraba constantemente alrededor esperando encontrar a los tres estudiantes que la habían perseguido durante semanas. Se habían ido. Ren había vuelto. Y ella estaba empezando a ser feliz.

Quizá por eso ninguno de los dos comprendió inmediatamente lo que estaba ocurriendo. Ren dejó de sonreír.

-Hanabi.

-¿Qué? - Miró su mano -Tengo calor.

Ella arqueó una ceja.

-Estamos al sol.

-No. Es...

Ren abrió los dedos. Una chispa dorada apareció entre ellos. Hanabi quedó inmóvil.

-Ren...

La chispa se convirtió en una llama.

-¿Qué demonios...?

Ren agitó la mano. Grave error. La llama creció.

-¡REN!

-¡NO LO ESTOY HACIENDO!

El fuego ascendió por su brazo. No quemaba su ropa. No quemaba su piel. Pero crecía. Ren se levantó bruscamente.

-¡Hanabi, aléjate!

Varios estudiantes comenzaron a mirar.

-¿Eso es fuego?

-¡Tiene un don!

-¡Ren despertó un don!

Hanabi se puso de pie.

-Tranquilo.

-¡¿CÓMO QUIERES QUE ESTÉ TRANQUILO?!

Las llamas se expandieron alrededor de sus manos.

-¡ESTOY PRENDIDO FUEGO!

Hanabi lo examinó.

-Técnicamente no.

-¡HANABI!

-¡No te está quemando!

-¡ESO NO ME TRANQUILIZA!

Y entonces ocurrió. Ren extendió involuntariamente ambos brazos. El fuego explotó hacia delante. Pero no fue una llamarada. Tomó forma.
Una cabeza. Un cuello. Un cuerpo gigantesco hecho enteramente de llamas. Dos alas ardientes se desplegaron. Y un rugido estremeció el patio. Hanabi abrió los ojos.

-Oh...

Ren palideció.

-No.

El dragón de fuego salió disparado.
Directamente hacia un grupo de estudiantes.

-¡CORRAN! -gritó Hanabi.

El patio explotó en caos.

El dragón

Hubo gritos. Mesas volcadas. Mochilas abandonadas. Estudiantes corriendo en todas direcciones.

-¡¿QUÉ ES ESO?!

-¡FUEGO!

-¡CORRAN!

-¡NO CORRAN HACIA MÍ!

-¡ENTONCES MUÉVETE!

Ren contemplaba horrorizado aquello que acababa de crear.

-¡DETENTE!

El dragón no obedeció.

-¡NO PUEDO CONTROLARLO!

Hanabi vio a cuatro estudiantes demasiado cerca de su trayectoria.
No pensó. Sus ojos cambiaron. El Byakugan se activó. La percepción del mundo se abrió de golpe. Vio el fuego. Vio su energía. Vio a los estudiantes. Vio cada posible trayectoria. Y algo dentro de ella simplemente supo qué hacer.
Extendió la mano derecha.

-¡HANABI, NO! -gritó Ren.

Ella abrió los dedos. El aire frente a su palma se deformó. Una pequeña grieta negra y violeta apareció. Hanabi abrió los ojos.

¿Qué...?

No tuvo tiempo de preguntarlo. El dragón llegó. Y comenzó a desaparecer dentro de su mano.

-¡¿QUÉ?! -gritó Ren.

No era exactamente su mano. Era aquello que se había abierto delante de ella. Una abertura diminuta. Un portal. El gigantesco dragón de fuego comenzó a retorcerse mientras aquella abertura lo absorbía. Primero la cabeza. Después el cuello. Las alas se convirtieron en corrientes de llamas que fueron arrastradas hacia el mismo punto. Hanabi temblaba.

-Vamos...

No sabía a quién se lo decía. A su poder. Al fuego. A sí misma.

-¡VAMOS!

El portal creció. El dragón rugió. Y desapareció. Por completo. Silencio.
Hanabi cerró la mano. El portal desapareció. Y entonces comprendió que prácticamente toda la Academia Élite acababa de verla.

-Oh, no.

Los seis

En el otro extremo del patio, seis personas permanecían completamente inmóviles. Naruto tenía una botella de agua suspendida frente a sus labios. No llegó a beber. Sakura estaba a su lado. Ino tenía ambas manos sobre la boca. Sasuke contemplaba a Ren.
Mía contemplaba a Hanabi. Y Neji...

Neji parecía haber olvidado cómo respirar. Itachi estaba detrás de ellos. Fue el primero en hablar.

-Interesante.

Naruto giró lentamente la cabeza.

-¿Interesante?

Itachi mantuvo la mirada sobre Hanabi.

-Mucho.

Naruto señaló el lugar donde acababa de desaparecer un dragón de fuego gigantesco.

-¡HABÍA UN DRAGÓN!

-Lo vi.

-¡DE FUEGO!

-También vi esa parte.

-¡Y HANABI SE LO COMIÓ CON LA MANO!

Sasuke cerró los ojos.

-No se lo comió.

Naruto lo señaló.




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