El padre de Neji y Hanabi recibió la noticia de la peor manera posible.
No porque alguien se la explicara mal. No porque Itachi exagerara.
Sino porque Hanabi intentó explicársela con absoluta tranquilidad durante la cena.
-Hoy desperté dos dones.
Su padre dejó el tenedor. Neji cerró los ojos. Ya había imaginado exactamente lo que ocurriría.
-¿Qué dijiste?
Hanabi siguió comiendo.
-Que desperté dos dones.
-¿Dos?
-Sí.
-¿Hoy?
Hanabi miró a Neji. Él tosió discretamente.
-Técnicamente...
Ella lo fulminó. Neji entendió inmediatamente. No. Hanabi todavía sostenía la mentira de que el Byakugan había despertado aquel mismo día.
-Sí -respondió ella.
Su padre dejó el tenedor con cuidado.
-Explícame.
Hanabi bebió agua.
-Byakugan.
Su padre abrió los ojos.
-Y portales dimensionales.
El hombre quedó absolutamente inmóvil. Neji tomó tranquilamente pan.
-Va bastante bien.
Su padre giró hacia él.
-¿BASTANTE BIEN?
-Todavía no gritaste.
-¡MI HIJA DE CATORCE AÑOS ABRIÓ UN PORTAL DIMENSIONAL PARA ABSORBER UN DRAGÓN DE FUEGO!
Hanabi hizo una mueca.
-Cuando lo dices así parece dramático.
Su padre la miró.
-¡ERA UN DRAGÓN!
-De fuego.
-¡ESO NO LO MEJORA!
Neji comenzó a reír. Su padre lo señaló.
-Tú no te rías.
-¿Por qué?
-¡PORQUE TÚ TAMBIÉN ABRES PORTALES!
-Eso parece genético.
El líder Hyuuga quedó en silencio.
Miró a Neji. Miró a Hanabi. Volvió a Neji. Después a Hanabi.
-¿Alguno de ustedes puede limitarse a ser adolescente?
Los dos hermanos se miraron.
-No -respondieron simultáneamente.
Su padre cerró los ojos.
-Perfecto.
Hanabi sonrió. Neji también. Por un instante volvieron a parecer exactamente lo que eran. Dos hermanos. El padre señaló a Hanabi.
-¿Te duele algo cuando usas el Byakugan?
-No.
-¿Mareo?
-No.
-¿Dolor de cabeza?
-No.
-¿Los portales?
Hanabi pensó.
-Me cansan.
-¿Cuánto?
-Mucho si son grandes.
-¿Y si absorbes un dragón?
Hanabi levantó una ceja.
-No tengo suficientes dragones como para establecer un promedio.
Neji se atragantó con el agua. Su padre la miró horrorizado.
-No hagas chistes con esto.
-Papá.
-Hanabi.
-Estoy bien.
El hombre suspiró. Después miró a Neji.
-¿Y tú?
-¿Qué?
-Eres el hermano mayor.
Neji se señaló.
-¿Qué esperas que haga?
-Supervísala.
Hanabi dejó caer el tenedor.
-¡NO!
Neji también protestó:
-¡NI LO SUEÑES!
Su padre los observó.
-Vaya.
-No necesito niñera -dijo Hanabi.
-Y yo no necesito otro motivo para que me odie -añadió Neji.
Hanabi lo miró.
-No te odio.
Silencio. Neji parpadeó. Su padre sonrió. Hanabi comprendió lo que acababa de decir.
-Quiero decir...
Neji arqueó una ceja.
-¿No me odias?
-Cállate.
-Interesante.
-Neji.
-Creía que...
-¡CÁLLATE!
Su padre comenzó a reír. Hanabi se levantó.
-Me voy.
Neji señaló su plato.
-No terminaste.
-He perdido el apetito.
-Pero no me odias.
Hanabi le lanzó una servilleta. Neji la atrapó.
-Confirmado.
Hanabi salió indignada. Su padre siguió riendo. Neji miró la puerta. Y sonrió. Pequeños progresos. Pero progresos al fin.
Dos estudiantes y una colección de malas decisiones
Itachi descubrió rápidamente que entrenar a Hanabi y Ren era una experiencia completamente distinta de entrenar a los seis de Konoha. Los seis eran poderosos. Caóticos.
Emocionalmente explosivos. Hanabi y Ren eran también poderosos.
También caóticos. Pero de una forma mucho más creativa. La primera regla que Itachi les dio fue:
-No utilizar dones para romper normas escolares.
Hanabi y Ren asintieron. Con absoluta seriedad. Veinticuatro horas después, Hanabi abrió un portal desde el aula hasta la máquina expendedora. Una lata de gaseosa apareció sobre su pupitre.
Ren la miró.
-Eso cuenta como romper una regla.
Hanabi abrió la lata.
-No salí del aula.
-Pero compraste una gaseosa durante clase.
-Técnicamente la compró el portal.
Ren la contempló.
-Ese argumento es increíblemente malo.
-Pero funciona.
La profesora giró.
-Hyuuga.
Hanabi escondió la lata.
-¿Sí?
-¿Acabas de abrir un portal?
-No.
Ren la miró. Ella le dio una patada bajo la mesa. Ren cerró la boca. Cinco segundos después apareció una pequeña mariposa de fuego sobre su cabeza. Hanabi levantó los ojos.
-Ren.
-No fui yo.
-Está saliendo de tu pelo.
La mariposa revoloteó. La profesora dejó la tiza.
-¿Ahora tenemos fauna incendiaria?
Ren se puso rojo. La mariposa se convirtió en tres.
-Genial -murmuró Hanabi- Le da vergüenza y se reproduce.
En otra ocasión perdieron la hora de almuerzo porque el profesor extendió la clase. Ren miró el reloj.
-Tengo hambre.
Hanabi siguió escribiendo.
-Yo también.
-El comedor cierra en siete minutos.
-Ya lo sé.
Ren la miró.
-Portal.
Hanabi levantó la cabeza.
-No.
-Portal.
-Itachi dijo que no.
-Itachi no está aquí.
Hanabi consideró el argumento. Treinta segundos después apareció un pequeño portal debajo de la mesa. Ren metió la mano. Sacó dos sándwiches. Silencio. Hanabi lo miró.
-¿Robaste?
-¡NO! Dejé dinero.
-¿A través de un portal?
-Soy honesto.
-Eres idiota.
El portal empezó a cerrarse. Ren metió rápidamente la mano.
-¡ESPERA, FALTA MI JUGO!
La profesora giró.
-¿Qué están haciendo?
Hanabi cerró el portal. Ren quedó con medio brazo debajo de la mesa.
-Nada.
La profesora entrecerró los ojos.