Ren estaba mejorando. Eso era indiscutible. Que estuviera adquiriendo mayor control sobre su fuego no significaba, sin embargo, que hubiese conseguido controlar lo que su fuego opinaba de su vida privada. Y ese era un problema completamente diferente. Itachi lo había descubierto durante una mañana de entrenamiento.
-Otra vez -ordenó.
Ren extendió la mano derecha. Una esfera de fuego apareció sobre su palma. Perfectamente redonda.
Estable. Pequeña. Itachi asintió.
-Bien. Ahora aumenta la temperatura sin modificar el tamaño.
Ren se concentró. La esfera pasó del naranja al amarillo intenso.
-Excelente.
Hanabi apareció por la puerta del gimnasio.
-¿Empezaron sin mí?
Ren giró.
-Llegaste tarde.
-Tres minutos.
-Tarde.
Y entonces ocurrió. Miau. Itachi cerró los ojos. Ren quedó petrificado. Hanabi sonrió inmediatamente. Sobre su hombro izquierdo había aparecido un diminuto gato hecho enteramente de fuego dorado. Tenía orejas puntiagudas, cuatro patitas minúsculas y una larga cola incandescente. El animal caminó alrededor del cuello de Hanabi.
-Hola, precioso.
-No lo alientes -protestó Ren.
El gato se restregó contra la mejilla de Hanabi. Ella rio.
-Pero míralo.
-Lo estoy mirando.
-Es adorable.
-Es humillante.
El gato maulló.
-¡TÚ CÁLLATE!
El felino le sacó la lengua. Itachi abrió los ojos.
-Interesante.
Ren lo señaló.
-No diga eso.
-Pero lo es.
Hanabi acarició al animal. Su mano atravesaba parcialmente las llamas sin quemarse. El gatito cerró los ojos. Y ronroneó. Ren se puso rojo.
-¿También ronronea?
-Sí -respondió Hanabi encantada.
-Quiero desaparecer.
Itachi miró la esfera que todavía flotaba sobre la mano de Ren. No se había desestabilizado. Aquello era lo verdaderamente importante.
-Ren.
-¿Qué?
-Mantén la esfera.
El muchacho obedeció.
-Crea otra.
Una segunda esfera apareció.
-Otra.
Una tercera.
-Ahora un dragón pequeño.
Ren extendió la otra mano. Una criatura de fuego surgió y revoloteó por el gimnasio. Todo perfecto. Ren parpadeó. Itachi sonrió ligeramente.
-Ya entiendo.
-¿Qué?
Señaló al gato.
-Él está funcionando como una válvula emocional.
Hanabi miró al animal.
-¿Una válvula?
-Los sentimientos más intensos de Ren están tomando una forma independiente. Al no quedar contenidos dentro de él, puede emplear conscientemente el resto de su poder.
Ren miró al gato. El gato lo miró.
-¿Me estás diciendo que esa cosa representa mis sentimientos?
-Exactamente.
Hanabi sonrió peligrosamente.
-¿Y por qué aparece siempre cuando me ve?
Silencio. Ren miró a Itachi. Itachi miró a Ren. Después a Hanabi.
-Creo que esa respuesta pertenece a otro tipo de clase.
Y se marchó.
-¡ITACHI!
Hanabi estalló en carcajadas. El gato ronroneó todavía más fuerte
Inglés: la traición lingüística
-Today we're going to practice conditional sentences -anunció la profesora.
Ren palideció. Hanabi lo miró.
-¿Qué pasa?
-Nada.
-Pusiste cara de funeral.
-Odio los condicionales.
-¿Más que Matemáticas?
Ren meditó.
-No exageremos.
La profesora comenzó:
-Ren, complete the sentence: If I had more free time...
Ren pensó.
-If I had more free time, I would...
Una pequeña llama apareció sobre su cuaderno. Hanabi la señaló.
-Ren.
-No.
La llama creció. Tomó la forma de una almohada. Toda la clase comenzó a reír. Ren cerró los ojos.
-...I would sleep more.
La profesora contempló la almohadita ardiente.
-Your power agrees with your answer.
Carcajadas.
-Gracias -murmuró Ren.
-Another one. If I weren't at school...
Apareció una diminuta playa de fuego. Con una palmera. Hanabi se tapó la boca.
-No puede ser.
-¡CÁLLATE!
Apareció una reposera. Después una sombrilla. La clase estaba fascinada.
-Ren -dijo la profesora- ni siquiera respondiste todavía.
-Mi poder se adelantó.
-Eso parece.
Entonces el pequeño gato que permanecía sobre el hombro de Hanabi saltó a la playa en miniatura y se acostó bajo la sombrilla. La clase explotó. Hanabi apoyó la frente sobre el pupitre, riendo.
-¡Hasta tu gato quiere vacaciones!
-¡NO ES MI GATO!
El felino levantó la cabeza.
Miau.
-¡TRAIDOR!
Historia: segunda humillación pública
Ren ya había sobrevivido a la exposición sobre Grecia. Creyó que lo peor había pasado. Se equivocó.
-Imperio romano -anunció la profesora.
Ren miró a Hanabi.
-Voy a faltar.
-Estás sentado en el aula.
-Mentalmente.
La profesora lo llamó.
-Ren, ¿qué importancia tuvo Julio César?
Ren se levantó.
-Bueno...
Apareció sobre su cabeza una diminuta corona de fuego.
-No era emperador -dijo Hanabi.
-¡YA LO SÉ!
La corona desapareció. Apareció un pequeño cuchillo. Silencio. Ren lo miró.
-Oh, vamos.
La profesora arqueó una ceja. Hanabi levantó la mano.
-Al menos sabe cómo termina la historia.
La clase estalló en carcajadas.
-Hyuuga -advirtió la profesora.
-Perdón.
Ren continuó explicando. Poco a poco aparecieron legionarios diminutos, columnas, estandartes y finalmente un pequeño Coliseo flotante. Los estudiantes dejaron de reír. Ahora estaban fascinados.
-Eso es impresionante -murmuró alguien.
Ren sonrió. Miró involuntariamente a Hanabi. Ella lo contemplaba con admiración. Inmediatamente aparecieron seis flores alrededor de su cabeza. La clase:
-¡OOOOOOOH!
Ren cerró los ojos.
-Me quiero ir.
Hanabi estaba completamente roja.
El gato de fuego se acomodó sobre su hombro.