El Legado De Las Almas

Los nueve que Konoha no podían permitirse perder

La Academia Élite de Konoha permaneció cerrada durante tres días. Oficialmente, se debía a una revisión extraordinaria de los sistemas de seguridad.

Extraoficialmente, nadie sabía cómo explicar que treinta mercenarios armados habían conseguido entrar en una de las instituciones supuestamente más protegidas de la ciudad, neutralizar los protocolos de emergencia, tomar estudiantes como rehenes y reducir temporalmente a los seis adolescentes con los dones más poderosos conocidos.

Y después estaba Hanabi. Ese era otro problema. Uno enorme.
Porque Hanabi Hyuuga había entrado en aquella crisis siendo, para el mundo exterior, una brillante estudiante de catorce años. Y había salido de ella con Byakugan, portales dimensionales, telequinesis, capacidad de vuelo y una dimensión propia en cuyo interior había sobrevivido durante días un dragón hecho enteramente de fuego.

Explicar aquello requería creatividad.
Ocultarlo requería todavía más. Por eso, cuando las puertas de la mansión Hyuuga se cerraron aquella noche, dentro de la sala principal había más poder reunido que en buena parte de Konoha. El líder Hyuuga. El líder Uchiha. Itachi. Neji.
Sasuke. Naruto. Mía. Sakura. Ino.
Hanabi. Ren.

Y, técnicamente, dos asistentes adicionales. Un gato diminuto de fuego dormía sobre el hombro de Hanabi. Un dragoncito igualmente pequeño descansaba sobre su cabeza. El padre de Hanabi llevaba varios minutos intentando ignorarlos. No funcionaba. El dragón abrió un ojo. El hombre lo miró. El dragón bostezó. Una diminuta bocanada de fuego salió de su boca. El líder Hyuuga cerró los ojos.

-Todavía no me acostumbro.

Hanabi acarició al gato.

-Es adorable.

-Hanabi, hace tres días ese dragoncito era gigantesco.

-Ahora no. Y también es adorablemente tierno.

-Se comió a tres mercenarios.

-Detalles.

-¡NO SON DETALLES!

Naruto soltó una carcajada. El padre de Sasuke se cubrió discretamente la boca. Neji miró a su padre.

-Te dije que reaccionaría así.

-¡TÚ CÁLLATE!

El dragoncito volvió a bostezar. El líder Hyuuga lo señaló.

-¡Y ESO NO DUERME EN TU HABITACIÓN!

Hanabi arqueó una ceja.

-Ya duerme allí.

Silencio.

-¿Desde cuándo?

-Desde que volví del hospital.

El padre miró a Neji.

-¿Lo sabías?

-Sí.

-¿Y NO ME DIJISTE?

-No preguntaste.

El líder Uchiha finalmente rio.

-Me alegra comprobar que los Hyuuga también tienen problemas domésticos.

El padre de Hanabi lo fulminó.

-Tu hijo lanza rayos.

-Dos hijos.

-Eso no mejora tu argumento.

Itachi carraspeó.

-¿Podemos comenzar?

Naruto levantó una mano.

-Yo tengo una pregunta.

-No -respondieron Sasuke, Neji e Itachi simultáneamente.

Naruto quedó ofendido.

-¡NI SIQUIERA SABEN QUÉ IBA A PREGUNTAR!

Sasuke lo miró.

-Seguramente algo innecesario.

-¡Iba a preguntar si el dragón tiene nombre!

Silencio. Hanabi miró al dragoncito.

-Todavía no.

Naruto señaló a Sasuke.

-¿VES? ERA IMPORTANTE.

La reunión finalmente comenzó. Y la primera decisión fue unánime. La verdad completa de lo ocurrido no saldría de aquella habitación. La versión oficial sería mucho más sencilla. Itachi Uchiha había intervenido durante el ataque. Había contado con la colaboración de los ocho jóvenes. Hanabi y Ren habían manifestado capacidades extraordinarias durante la emergencia.

La combinación de sus dones había permitido liberar a los rehenes y contener a los atacantes hasta la llegada de las autoridades. Nada más. No habría tres hombres desaparecidos en una dimensión.
No habría un dragón gigantesco. No habría una Hanabi volando sobre treinta mercenarios.

Y, especialmente, nadie mencionaría que una adolescente de catorce años había combatido con técnicas que jamás había aprendido en esta vida. El líder Uchiha miró a Itachi.

-Actuaste correctamente.

Itachi inclinó ligeramente la cabeza.

-Había estudiantes en peligro.

-Y aun así mantuviste suficiente claridad para coordinar a nueve personas con capacidades distintas.

El padre de Hanabi añadió:

-Incluyendo a mi hija, cuyo tercer don acababa de aparecer.

Hanabi miró la mesa. Su padre continuó:

-Si Itachi no hubiese estado allí, probablemente Hanabi habría seguido luchando hasta destruirse a sí misma.

Neji endureció la mandíbula. Sabía que era verdad.

-Por eso -continuó su padre- no habrá ninguna consecuencia disciplinaria contra Itachi, Ren ni Hanabi.

Ren levantó lentamente la cabeza.
Había permanecido callado hasta entonces.

-¿Ninguna?

-Ninguna.

Ren respiró aliviado. Inmediatamente apareció sobre su cabeza un pequeño cartel de fuego:

GRACIAS A DIOS

Todos lo miraron. Ren cerró los ojos.

-No.

Hanabi empezó a reír. El cartel desapareció. Apareció una pequeña persona de fuego arrodillada y rezando. Naruto golpeó la mesa mientras reía.

-¡TU PODER TE HUMILLA SOLO!

-¡YA LO SÉ!

Pero el humor desapareció cuando el líder Uchiha colocó varios documentos sobre la mesa.

-Hay algo mucho más grave.

Itachi asintió.

-Cómo entraron.

-Exactamente.

El padre de Hanabi frunció el ceño.

-Los accesos de la academia requieren múltiples identificaciones. No pudieron simplemente atravesar la puerta.

-Entonces alguien los ayudó -dijo Neji.

-Posiblemente -respondió Itachi.

El líder Hyuuga lo miró.

-¿No estás de acuerdo?

-No completamente.

Itachi juntó las manos sobre la mesa.

-Hablar de un traidor demasiado pronto puede hacernos investigar en la dirección equivocada.

-¿Qué propones?

-Preguntar primero qué sabían -
Silencio. Itachi miró a los seis - No improvisaron.

Naruto dejó de sonreír.

-Sabían exactamente quiénes éramos.

- Sí.

Itachi señaló a Ino.




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