El Legado De Las Almas

El fuego que recordó a sus bestias

Desde el ataque a la Academia Élite, Itachi había impuesto una regla sencilla: Ninguno de los ocho debía andar solo. Hanabi la consideraba exagerada. Neji la consideraba insuficiente. Naruto había propuesto que todos vivieran juntos en una mansión gigantesca, propuesta que Sasuke había calificado de «la peor idea formulada por un ser humano desde la invención de los exámenes».

Aquella tarde, Hanabi estaba a pocas calles de la academia. No estaba exactamente sola. El pequeño gato de fuego caminaba por el aire a su alrededor, persiguiendo distraídamente la cola del dragoncito.

-Ustedes dos son ridículos -murmuró Hanabi.

Miau.

El dragón descendió y le robó una cinta del cabello.

-¡Devuélvemela!

La criatura salió volando. Hanabi rio y corrió tras él. No vio al hombre sobre el edificio. Tampoco al segundo. Ni a los ocho restantes.
Su Byakugan estaba desactivado. Ese fue el error. Un silbido cortó el aire. Hanabi apenas tuvo tiempo de girar.

-¿Qué...?

El dardo se clavó en su hombro. Sus ojos se abrieron. Lo arrancó inmediatamente. Demasiado tarde.

-No...

Activó el Byakugan. Diez figuras.
Tejados. Callejón. Dos detrás. Cuatro delante. Cuatro sobre los edificios.
Hanabi levantó una mano.

-Se equivocaron de...

Las piernas le fallaron. Cayó sobre una rodilla. La visión comenzó a nublársele.

-Malditos...

Intentó abrir un portal. Una pequeña grieta violeta apareció.
Desapareció. El sedante avanzaba demasiado rápido. El gato dejó de jugar. El dragón también. Hanabi cayó de costado.

-Ren.....ayúdame.....

Sus ojos se cerraron. Y entonces el gato maulló. No fue un maullido.
Fue un rugido.

La segunda cola

El cuerpo diminuto comenzó a crecer. Uno. Tres. Cinco metros. Las llamas se expandieron por la calle sin quemar a Hanabi. Diez metros.
Quince. Los atacantes retrocedieron.

-¿Qué demonios...?

Una segunda cola surgió detrás de la primera. El felino levantó la cabeza. Ya no era el pequeño animal que dormía sobre el hombro de Hanabi. Era una criatura colosal. Dos colas gigantescas ardían detrás de él. Sus ojos resplandecían con inteligencia ancestral. Uno de los hombres palideció.

-Un bijū...

La criatura rugió. Las ventanas vibraron.

-¡ES EL DOS COLAS!

El dragón respondió. Su transformación fue todavía más brutal. Sus alas se desplegaron mientras su cuerpo aumentaba hasta alcanzar unos quince metros. Garras ardientes golpearon el pavimento. Las escamas parecían hechas de magma. Se colocó sobre Hanabi. Protegiéndola.

-¡Separadlos! -ordenó alguien -
Cuatro atacaron al bijū. Otros cuatro al dragón. Y los dos restantes corran hacia Hanabi.

Uno la levantó.

-Tenemos al objetivo.

La cabeza del Dos Colas giró. Y Konoha conoció el sonido de una bestia enfurecida.

Ren

A varias calles de allí, Ren estaba discutiendo con Naruto.

-Te estoy diciendo que no puedes pedirme un dragón.

-¿Por qué Hanabi tiene uno?

-¡PORQUE ESCAPÓ DE MI CONTROL!

-Entonces pierde otro.

-¡NO FUNCIONA ASÍ!

Naruto señaló un pequeño pez de fuego que nadaba alrededor de la cabeza de Ren.

-Ese apareció porque tienes hambre.

-Probablemente.

-Hazme un dragón.

-No.

-Un sapo gigante.

-No.

-Un zorro.

Ren abrió la boca. Y se detuvo. El pez desapareció. Itachi lo notó primero.

-Ren.

El muchacho había perdido completamente el color. Neji también dejó de caminar.

-¿Qué ocurre?

Ren no respondió. Sintió al gato.
Sintió al dragón. Pero no como solía sentirlos. Furia. Terror. Protección.
Y algo más. Hanabi no respondía.

-No...

Neji se acercó.

-¿Qué pasa?

Ren giró lentamente la cabeza hacia una calle distante. Su expresión se desfiguró. El adolescente tímido desapareció.

-Alguien acaba de apagar la luz que mantiene vivo mi fuego.

Silencio. Neji palideció.

-Hanabi.

Ren extendió una mano. El cielo ardió. Naruto retrocedió.

-¿Qué estás haciendo?

Una llamarada gigantesca explotó sobre ellos. De ella surgieron alas.
Itachi levantó la mirada.

-Imposible...

Un ave gigantesca descendió. Quince metros de fuego dorado.
Un fénix. Ren saltó sobre su lomo.

-Suban.

Neji no preguntó. Naruto tampoco.
Itachi fue el último. Ren señaló hacia adelante.

-Llévanos con ella.

El fénix abrió las alas. Y desaparecieron en una explosión de fuego.

El campo de batalla

Llegaron en segundos. Neji fue el primero en verla.

-¡HANABI!

Dos hombres se llevaban su cuerpo.
Su cabeza colgaba hacia atrás. Los brazos, inertes. Neji dejó de respirar.

-No...

Naruto sintió que algo dentro de él se rompía.

-Hanabi.

Itachi activó inmediatamente el Sharingan.

-Está viva.

Neji giró.

-¿Qué?

-Puedo percibir actividad. Está inconsciente.

Pero Ren no lo escuchó. Había visto el cuerpo inmóvil. Había visto a aquellos hombres tocándola. Y algo se abrió dentro de él. No fue fuego.
Fue peor. El fénix aterrizó. Ren descendió. Sus ojos parecían diferentes.

-Suéltenla.

Uno de los atacantes rio.

-¿Quién eres?

Ren levantó una mano.

-El último error de sus vidas.

Itachi lo miró.

-Ren.

El muchacho ni siquiera reaccionó.

-Dos Colas.

El gigantesco felino volvió la cabeza.

-Dragón.

La criatura rugió. Ren señaló a los atacantes.

-No permitan que vuelvan a tocarla.

Las dos bestias atacaron.

-¡Fénix!

El ave descendió detrás de Itachi, Naruto y Neji.

-Protégelos.

Seis nuevas figuras aparecieron sobre los edificios. Itachi levantó la mirada.

-Refuerzos.

Naruto cerró los puños.

-Perfecto.

Neji activó el Byakugan.




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