El Legado De Las Almas

Las bestias que eligieron quedarse

El problema de tener un zorro de fuego de veinte metros de altura en medio de Konoha era bastante evidente. El problema de decirle que se fuera era que el zorro no tenía ninguna intención de hacerlo.

Naruto lo descubrió aproximadamente quince minutos después de que terminara el ataque. Los agresores capturados ya estaban siendo retirados. Las autoridades habían acordonado varias calles. Itachi discutía con los responsables de seguridad mientras Sasuke trataba de reconstruir mentalmente todo lo sucedido.

Hanabi estaba sentada sobre el capó de un vehículo médico, envuelta en una manta y enfadada porque todo el mundo insistía en preguntarle si estaba bien. Ren permanecía a menos de dos metros de ella. Siempre. Como si apartarse pudiera hacerla desaparecer otra vez. Neji lo había notado.

También había notado que Ren evitaba mirarlo directamente desde aquel beso. Pero ese sería un problema para más tarde. Porque Naruto tenía uno mayor.

-Bueno -dijo mirando hacia arriba- Esto va a ser complicado.

Kyuubi lo observaba. Veinte metros de zorro ardiente. Nueve colas gigantescas ondeaban detrás de él.
Sakura se acercó.

-No puedes llevártelo a casa así.

-¿Por qué no?

Sakura lo miró.

-Naruto.

-¿Qué?

-Mide veinte metros.

Naruto miró al zorro. Después su casa a varias calles de distancia. Otra vez al zorro.

-Puede dormir en el jardín.

Sasuke apareció detrás.

-Tus vecinos van a adorarte.

-Es silencioso.

Kyuubi rugió. Las ventanas vibraron. Sasuke arqueó una ceja.
Naruto señaló al animal.

-Eso fue innecesario.

Y entonces una voz grave resonó dentro de su cabeza.

No me iré.

Naruto quedó petrificado.

-¿Quién dijo eso?

Todos lo miraron. Sakura frunció el ceño.

-¿Qué cosa?

Yo.

Naruto levantó lentamente los ojos.
Kyuubi lo contemplaba.

-No.

Sí.

-¿Tú hablas?

Sasuke miró al gigantesco animal.

-Naruto, ¿con quién estás hablando?

Naruto señaló al zorro.

-¡CON ÉL!

Silencio. Neji se acercó.

-¿El zorro habla?

-¡EN MI CABEZA!

Mía ladeó la cabeza.

-Eso no ayuda a demostrar que estás cuerdo.

-¡MÍA!

Mi nombre es Kurama.

Naruto dejó de protestar. Algo atravesó su memoria. Una sensación. Una imagen imposible.
Oscuridad. Un enorme zorro detrás de barrotes. Ojos rojos. Una voz. Una vida que no era esta. Naruto pestañeó.

-Kurama...

El zorro inclinó la cabeza.

Me da mucho placer estar contigo otra vez, Naruto.

Otra vez.

Aquella palabra quedó suspendida dentro de él.

-¿Otra vez?

Kurama no respondió. En cambio comenzó a encogerse. Veinte metros. Diez. Cinco. Uno. Treinta centímetros. Naruto abrió la boca.
Un diminuto zorrito hecho de fuego saltó elegantemente desde el suelo.
Aterrizó sobre su hombro derecho.
Tenía nueve colitas minúsculas.
Se dio tres vueltas sobre sí mismo.
Se hizo un ovillo. Y cerró los ojos.
Silencio. Naruto lo miró de reojo.

-¿Kurama?

Estoy cansado.

-¡TÚ ESTÁS CANSADO!

Sí.

-¡CASI ME PROVOCAS UN INFARTO!

Una de las nueve colitas le golpeó la nariz.

Hablas demasiado.

Sasuke vio la expresión de Naruto.

-¿Qué dijo?

Naruto parecía profundamente ofendido.

-Que hablo demasiado.

Sasuke sonrió.

-Me cae bien.

-¡TRAIDOR!

Kurama emitió algo parecido a una risita mental. Y Naruto comprendió que acababa de adquirir una mascota inmortal, incendiaria, telepática y sarcástica. Perfecto.

El día después

La investigación comenzó inmediatamente. Los atacantes que habían sobrevivido fueron interrogados. Las autoridades analizaron armas, dispositivos, comunicaciones y restos de tecnología. Los clanes Uchiha y Hyuuga establecieron sus propias investigaciones paralelas.

Había algo que preocupaba especialmente a Itachi. El líder había dicho: Los diez. Ya no querían solamente a los seis originales. Ahora conocían a Hanabi. A Ren. Y lo conocían a él. Eso significaba que los acontecimientos dentro de la academia habían llegado hasta aquella organización con una velocidad inquietante. Pero había otra cuestión.

Ren.

El muchacho estaba sentado en una sala médica mientras Hanabi terminaba su revisión. Tenía las manos entre las piernas. La cabeza gacha. Rojo. Completamente rojo.
Naruto lo contemplaba desde hacía cinco minutos. Finalmente explotó.

-¡NO LO ENTIENDO!

Ren levantó la cabeza.

-¿Qué?

-¡AYER ERAS UNA ESPECIE DE DIOS DEL FUEGO PSICÓPATA!

-Naruto -advirtió Sakura.

-¡NO LO DIGO COMO INSULTO! -
Ren se encogió. Naruto continuó -¡CREASTE UN KYUUBI!

Kurama abrió un ojo desde su hombro.

-¡UN FÉNIX!

Ren bajó más la cabeza.

-¡CONTROLASTE MENTES!

Ren estaba cada vez más rojo.

-¡DESAFIASTE AL JEFE DE UNA ORGANIZACIÓN MISTERIOSA!

-Naruto...

-¡Y AHORA NO PUEDES MIRAR A HANABI PORQUE LA BESASTE!

Ren se tapó la cara.

-¡CÁLLATE!

Hanabi, desde la camilla:

-Yo tampoco entiendo esa parte.

Ren casi murió.

-¡HANABI!

Ella sonrió.

-¿Qué?

-No ayudes.

Neji estaba apoyado contra una pared.

-Yo sí entiendo.

Ren palideció.

-Neji...

-Ayer pensabas que mi hermana estaba muerta. Tu miedo anuló tus inhibiciones.

Ren tragó saliva.

-Sí.

Neji lo estudió.

-Ahora sabes que está viva.

-Sí.

-Entonces volvió tu vergüenza.

Ren asintió. Naruto abrió los brazos.

-¡ESO ES RIDÍCULO!

Sasuke respondió:

-Lo dice el hombre que salió disparado quince metros hacia arriba porque Sakura entró al patio.

-¡ESO FUE DIFERENTE!

Kurama:

No parece diferente.

Naruto giró hacia su hombro.

-¡TÚ NO PARTICIPES!




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