El Legado De Las Almas

Cuando los monstruos aprendieron a no temerse

La noticia tardó exactamente once minutos en recorrer toda la Academia Élite de Konoha. Naruto Uzumaki y Ren iban a enfrentarse.
No era una exhibición. No era una clase ordinaria. Tampoco una competencia. Era entrenamiento.

Pero semejante distinción dejó de importarle a todo el mundo cuando Itachi ordenó trasladar la práctica al enorme campo exterior situado detrás de la academia, una extensión diseñada originalmente para competencias deportivas y ejercicios especiales.

Porque había dos alumnos a quienes ya no era sensato permitir entrenar bajo techo. Naruto. Y Ren.
Los dos jóvenes cuyo límite nadie había conseguido determinar. Los dos monstruos. Y, por primera vez, iban a comprobar qué ocurría cuando uno de ellos dejaba de contenerse frente al otro.

I. «Quiero entrenar afuera»

Todo había comenzado aquella mañana. Naruto estaba sentado sobre una mesa del gimnasio mientras Kurama dormía hecho un diminuto ovillo de fuego sobre su hombro derecho.

-¿Entonces? -preguntó Naruto-¿Empezamos?

Ren permanecía inmóvil. Itachi lo observó desde unos metros. Hanabi también. Había algo diferente en él.

-Ren -lo llamó ella.

El muchacho levantó los ojos. Y durante un instante vio otra cosa.
No el gimnasio. No a Hanabi de pie frente a él. Vio su cuerpo inconsciente. Un brazo colgando.
Dos desconocidos llevándosela.
Recordó el dardo. El miedo. La certeza terrible de haber llegado demasiado tarde. Y aquella voz.

Volveremos por los diez.

Ren todavía no sabía exactamente a quién consideraban el décimo objetivo. Eran ocho jóvenes, más Itachi: nueve. Quizá aquella organización contaba a las bestias legendarias como una sola amenaza adicional. Quizá existía alguien más.
No importaba. Volverían. Y la próxima vez podían conseguirlo.

Una pequeña llama apareció entre los dedos de Ren. Naruto dejó de sonreír. Había aprendido a reconocerlo. El muchacho tímido estaba desapareciendo.

-Naruto.

-¿Sí?

Ren levantó los ojos.

-Quiero entrenar contigo.

Naruto sonrió.

-Eso hacemos.

-No.

Ren señaló hacia las ventanas.

-Afuera.

Itachi frunció el ceño.

-¿Por qué?

Ren miró a Hanabi. No necesitó responder. Ella comprendió.

-Porque quiere dejar de contenerse.

Silencio. Naruto bajó de la mesa.
Kurama abrió los ojos.

-¿En serio?

-En serio.

La sonrisa de Naruto desapareció.

-Entonces vamos afuera.

II. El estadio se llenó

-¡¿POR QUÉ HAY TANTA GENTE?!

Naruto contempló las gradas completamente abarrotadas. Alumnos. Profesores. Personal administrativo. Hasta algunos responsables de seguridad. Mía estaba sentada junto a Sakura, Sasuke, Ino y Hanabi. Neji permanecía de pie. Fénix descansaba sobre su hombro.

Itachi estaba abajo, en el campo, con el pequeño dragón acomodado sobre el suyo.

-Porque alguien habló -respondió Sasuke.

Naruto miró hacia las gradas.

-¡¿QUIÉN?!

Tres mil personas evitaron aproximadamente su mirada.
Sasuke señaló a Naruto.

-Tú gritaste en la cafetería: «¡POR FIN VOY A PELEAR CONTRA REN!».

Naruto abrió la boca. La cerró.

-Ah.

Sakura se cubrió el rostro.

-Mi novio.

Kurama habló dentro de su cabeza.

Muy discreto.

-Tú cállate.

-¿Qué dijo? -preguntó Sakura.

-Nada útil.

Dile que considero que merece alguien más inteligente.

Naruto giró la cabeza.

-¡KURAMA!

Sakura empezó a reír. Pero Ren no.
Estaba en el centro del campo.
Quieto. Cabellos rubios moviéndose con el viento. Ojos dorados clavados en Naruto. Hanabi dejó de sonreír.

-Está pensando en aquello.

Neji la miró.

-¿En el ataque?

Ella asintió.

-Sí.

Neji contempló a Ren. Conocía aquella mirada. La había tenido él mismo demasiadas veces.

-Entonces hoy no estamos viendo al Ren de siempre.

Sasuke cruzó los brazos.

-Mejor.

Mía lo miró.

-¿Mejor?

-Naruto tampoco necesita al Ren de siempre.

Sasuke observó a su amigo.

-Necesita a alguien que pueda obligarlo a descubrir hasta dónde puede llegar.

Itachi escuchó desde abajo. Y pensó exactamente lo mismo.

III. Primer movimiento

Itachi levantó una mano.

-Hay una única regla.

Naruto y Ren lo miraron.

-Si digo basta, termina.

Ren asintió. Naruto también.

-No quiero ganadores - continuó Itachi - Quiero aprendizaje.

Naruto sonrió.

-Entendido.

Ren cerró los ojos. Respiró. Los abrió.

-Entendido.

Itachi bajó la mano.

-Comiencen.

Nada ocurrió. Cinco segundos. Diez.
El público empezó a murmurar.
Naruto ladeó la cabeza.

-¿Vienes?

Ren no respondió.

-Está bien.

Los ojos azules de Naruto cambiaron. El suelo tembló. Primero fue una piedra. Después diez. Cincuenta. Cientos. Todo alrededor de Naruto comenzó a elevarse.
Fragmentos de roca arrancados del terreno quedaron suspendidos en el aire. El murmullo de las gradas murió. Sakura abrió los ojos.

-Dios...

Ino susurró:

-Ni siquiera está moviendo las manos.

Mía negó lentamente.

-Ya no las necesita.

Las piedras comenzaron a girar alrededor de Naruto. Cada vez más rápido. Ren levantó los ojos. Naruto extendió un dedo.

-Vamos a empezar despacio.

Sasuke soltó una risa seca.

-Eso es despacio para él.

Naruto movió el dedo. Las piedras salieron disparadas. El cielo pareció llenarse de proyectiles. Ren no se movió. Hanabi se incorporó.

-¡Ren!

Entonces él levantó una mano. Y ocurrió algo hermoso. Las primeras piedras llegaron hasta él. No se rompieron. No se desviaron. Ardieron. Una. Diez. Cincuenta. Todas. La materia se transformó en llamas antes de tocarlo. El cielo entero pareció incendiarse. Cientos de proyectiles de roca se convirtieron en fuego suspendido.




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