El Legado De Las Almas

El fuego recuerda

Desde el enfrentamiento entre Naruto y Ren, Itachi había establecido una nueva norma. Nada de invocaciones desconocidas dentro de edificios. La norma duró exactamente cuatro días. Y, para desgracia de Itachi, quien la rompió fue precisamente Ren.

-Hay otro.

Las conversaciones murieron en el gimnasio de la Academia Élite. Itachi levantó lentamente la mirada.

-¿Otro qué?

Ren estaba en medio de la pista, contemplando un punto que nadie más podía ver. Hanabi fue la primera en comprender.

-Una bestia.

Ren asintió. Naruto saltó del banco.

-¡¿OTRA?!

Kurama, diminuto sobre su hombro derecho, abrió un ojo. Sasuke cruzó los brazos. Neji se incorporó junto a Mía. Sakura e Ino se acercaron. Hanabi permaneció junto a Ren.
Itachi miró al pequeño dragón que descansaba sobre su hombro.

-¿Cuál?

Ren señaló a la criatura.

-Su gemelo.

El dragoncito de Itachi levantó inmediatamente la cabeza. Sus alas se desplegaron. Itachi palideció.

-Ren.

-¿Sí?

-Estamos dentro de un gimnasio.

-Sí.

-¿Recuerdas cierta conversación que tuvimos?

-Perfectamente.

-¿Y cierta norma?

-También.

-¿Y por qué tengo la sensación de que estás a punto de ignorarla?

Ren sonrió con culpabilidad. Una diminuta representación de sí mismo hecha de fuego apareció junto a su cabeza. La figurita juntó las manos y adoptó expresión de santo. Hanabi la señaló.

-Tu fuego acaba de confesar.

Ren la apagó de un manotazo.

-¡Traidor!

Naruto comenzó a reír.

-¡AHORA TAMBIÉN REPRESENTA TUS PENSAMIENTOS!

-No tiene gracia.

Apareció otra figurita de fuego. Esta vez era Ren huyendo de Itachi.
Sasuke soltó una carcajada.

-Sí tiene gracia.

-¡Cállate!

Itachi cerró los ojos.

-Ren, afuera.

Pero ya era tarde. El muchacho había sentido aquella presencia. Una conciencia antigua golpeaba contra la frontera entre dos mundos.
Esperando. Llamándolo. No para quedarse con él. Para que abriera la puerta. Ren levantó lentamente una mano.

-Quiere volver.

El fuego explotó.

I. El segundo dragón

Una columna de llamas ascendió hasta el techo.

-¡REN! -gritó Itachi.

-¡LO SIENTO!

El fuego se abrió. Y algo salió de él.
Primero una cabeza enorme. Después dos alas. Un cuerpo de quince metros atravesó el portal incendiado y apareció volando dentro del gimnasio. El caos fue inmediato.

-¡AL SUELO! -ordenó Itachi.

Naruto miraba hacia arriba fascinado.

-¡ES HERMOSO!

-¡NARUTO, ABAJO!

-¡PERO MÍRALO!

Sakura lo agarró de la campera y tiró de él. El gigantesco dragón dio una vuelta alrededor del gimnasio.
Las corrientes de aire hicieron volar papeles, conos deportivos y hasta una chaqueta que terminó sobre la cabeza de Neji.

-Perfecto -murmuró el Hyuuga.

Fénix salió de entre sus cabellos y protestó. El dragón de Itachi voló inmediatamente hacia arriba. Las dos criaturas se encontraron. Se observaron. Un rugido grave. Otro más suave. Y ambos dragones se reconocieron. Gemelos. Ren sonrió.

-Se encontraron.

Entonces el recién llegado miró hacia abajo. Directamente a Sasuke.
El Uchiha dejó de sonreír.

-¿Por qué me mira?

Itachi contempló a su hermano.

-Creo que sabes perfectamente por qué.

-No.

El dragón descendió.

-Ren.

-Yo no lo controlo.

-Ren.

-¡En serio!

La enorme criatura se aproximó a Sasuke. Sasuke no retrocedió. El dragón abrió las alas. Y comenzó a encogerse. Quince metros. Cinco.
Uno. Cincuenta centímetros. Veinte. Terminó convertido en un dragoncito de fuego apenas más grande que un gato. Voló directamente hasta Sasuke. Se posó sobre su hombro derecho.
Silencio. Sasuke giró los ojos hacia él.

-Hola.

El dragón lo miró. Sasuke esperó alguna reacción majestuosa. Un rugido. Una demostración de autoridad. Algo digno de una bestia legendaria. El dragoncito cerró los ojos y restregó la cabeza contra su mejilla. Sasuke quedó petrificado.
Naruto abrió la boca. Otra caricia.
El dragón ronroneó. Sasuke parpadeó.

-¿Está... ronroneando?

Naruto explotó.

-¡SASUKE TIENE UN DRAGÓN MIMOSO!

-Cállate.

El dragoncito volvió a restregarse contra él. Sasuke intentó mantener su habitual expresión imperturbable. Fracasó. Una sonrisa diminuta apareció en sus labios.
Naruto señaló acusadoramente.

-¡SONREÍSTE!

-No.

-¡LO VI!

-No viste nada.

-¡ITACHI!

Itachi tenía los brazos cruzados.

-Sonrió.

Sasuke miró a su hermano con auténtica traición.

-Tú tampoco ayudas.

Entonces ocurrió. Una llamarada violeta y negra brotó involuntariamente alrededor de la mano derecha de Sasuke. Todos callaron. Sasuke abrió los dedos. La llama creció. Pero no se comportaba como su fuego habitual. Era más densa. Más caliente. Más viva. El dragoncito abrió los ojos. La llama aumentó otra vez. Sasuke sintió una oleada de energía atravesándole el brazo.

-¿Qué...?

Itachi activó el Sharingan.

-Tu chakra acaba de aumentar.

Sasuke contempló su mano. Cerró el puño. La llama desapareció. Lo abrió.

¡FWOOSH!

Una llamarada surgió hasta casi tocar el techo.

-¡SASUKE! -gritó Sakura.

-¡NO FUI YO!

El dragoncito volvió a restregarse contra su mejilla. Sasuke lo miró. Y esta vez sonrió sin ocultarlo.

-Tú hiciste eso.

La criatura le lamió la nariz. Naruto cayó de rodillas riéndose.

-¡TE LAMIÓ!

Sasuke se limpió.

-Naruto...

-¡EL GRAN SASUKE UCHIHA TIENE UN DRAGÓN CARIÑOSO!

-Kurama podría comerte mientras duermes.

Naruto dejó de reír. Miró a su hombro. Kurama bostezó.

-No lo harías, ¿verdad?

Depende.

-¡¿DEPENDE DE QUÉ?!

Y todos volvieron a reír.

II. Ren no los creó




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