El Legado De Las Almas

El hijo que regresó de la eternidad

Ren se despertó llorando. No supo por qué. Abrió los ojos en la oscuridad de su habitación y permaneció varios segundos mirando el techo, completamente inmóvil. Su corazón latía demasiado rápido. No había tenido una pesadilla. No recordaba imágenes.

No había visto a Hanabi en peligro.
No había sentido a Matatabi. Ni a Kurama. Ni a Fénix. Ni a los dragones. Pero había escuchado algo. Una voz. Lejana. Terriblemente lejana. Ren se incorporó.

-¿Hola?

Silencio. Miró alrededor. Nada. Se llevó una mano al pecho. Entonces volvió a escucharlo. No con los oídos. Dentro. Muy lejos. Como si una voz estuviera atravesando kilómetros de agua, siglos de tiempo y una pared imposible entre dos realidades.

Déjame volver.

Ren dejó de respirar.

-¿Quién eres?

Nada. Se levantó. Caminó hacia la ventana. Y entonces sintió aquello.
Frío. Hambre. Soledad. Miedo. Pero también esperanza. Una voluntad brutal de vivir. Ren palideció. Aquello no era una bestia legendaria. Las bestias se sentían diferentes. Eran consciencias enormes. Antiguas. Energía convertida en voluntad.

Aquello tenía corazón. Ren pudo sentirlo.

Tum.

Abrió mucho los ojos.

Tum.

Otro latido.

Tum.

-No puede ser.

Una voz volvió a atravesarlo.

Quiero volver con él.

Ren apoyó ambas manos contra el cristal.

-¿Con quién?

Esta vez la respuesta fue inmediata.
Una palabra. Solo una.

Papá.

I. Ren irrumpe en la Academia

A las siete y cuarenta y tres de la mañana, Itachi estaba tomando café. A las siete y cuarenta y cuatro, Ren entró corriendo en la sala de entrenamiento.

-¡ITACHI!

Itachi casi derramó la taza.

-¿Qué ocurre?

-Hay alguien.

Naruto, Sasuke, Neji, Mía, Sakura e Ino estaban allí. Hanabi acababa de llegar. Naruto miró alrededor.

-¿Dónde?

-No aquí.

Ren respiraba agitado.

-Allá.

Itachi dejó lentamente la taza.

-¿Una bestia?

-No.

El pequeño dragón sobre su hombro levantó inmediatamente la cabeza. Kurama hizo lo mismo.
Matatabi se puso de pie sobre el hombro de Hanabi. Fénix desplegó las alas. Los cinco habían reaccionado. Ren señaló hacia ninguna parte.

-Es humano.

Silencio. Sasuke frunció el ceño.

-Eso no es posible.

-Lo sé.

-¿Está muerto?

Ren negó.

-Ese es el problema.

Miró sus propias manos.

-Está vivo.

Hanabi se acercó.

-¿Cómo puedes saberlo?

Ren la miró.

-Porque siento sus latidos.

Naruto dejó de sonreír. Kurama se incorporó lentamente.

Ren.

El muchacho no podía escucharlo.
Pero Naruto sí.

-Kurama dice tu nombre.

Ren miró al zorro. Naruto permaneció unos segundos escuchándolo. Y su rostro perdió el color. Sasuke lo notó.

-¿Qué sucede?

Naruto miró a Kurama.

-Dice que sabe quién está esperando.

Todos callaron.

-¿Quién? -preguntó Mía.

Naruto tragó saliva. Kurama levantó sus ojos de fuego. El décimo.

II. El décimo nunca estuvo aquí

Itachi comprendió inmediatamente.

-Los enemigos.

Neji levantó la cabeza.

-«Volveremos por los diez».

Hanabi palideció.

-Nosotros pensábamos que habían contado a las bestias.

-No -murmuró Sasuke.

Itachi comenzó a caminar.

-Ellos sabían.

Ino frunció el ceño.

-¿Cómo podían saber que alguien iba a atravesar desde otra dimensión antes que nosotros?

Nadie respondió. Ren cerró los ojos.
Otra vez.

Tum.

Tum.

Tum.

Y una emoción lo golpeó. Naruto. Ren abrió los ojos. Miró directamente al rubio.

-Te está buscando a ti.

Naruto retrocedió un paso.

-¿A mí?

-Sí.

-¿Quién?

Ren tragó saliva.

-No lo sé.

Volvió a escuchar aquella voz.

Papá.

Miró a Naruto.

-Pero creo que él sí sabe quién eres tú.

Kurama saltó del hombro de Naruto.
Creció hasta aproximadamente un metro. Sus nueve colas se agitaron.

Ábrele la puerta.

Naruto escuchó.

-Kurama dice que lo traigas.

Itachi reaccionó.

-Esperen.

Todos lo miraron.

-No sabemos qué ocurrirá.

Ren respondió:

-Él tampoco.

-Precisamente.

-Itachi.

Ren lo miró con una seriedad impropia de sus catorce años.

-Tiene miedo.

Aquello calló a todos.

-Está solo -continuó- No sé desde hace cuánto. No sé dónde está exactamente. Pero está esperando.

Naruto sintió algo extraño. Dolor.
Una presión en el pecho. Sin conocer a aquella persona. Sin saber quién era. Dijo:

-Tráelo.

Itachi lo miró.

-Naruto.

-Tráelo, Ren.

-Podría ser una trampa.

Naruto negó.

-Kurama lo conoce.

El pequeño zorro lo miró. Naruto respiró.

-Y no sé explicar esto...- Se tocó el pecho -...pero yo también.

III. Una puerta para un ser humano

Trasladaron todo al estadio. Itachi no estaba dispuesto a repetir el incidente del dragón dentro del gimnasio. Ren se colocó en el centro. Los demás formaron un círculo a su alrededor. Hanabi fue hasta él.

-¿Tienes miedo?

-Muchísimo.

-Entonces no lo hagas solo.

Le tomó la mano. El fuego apareció.
Pero esta vez no era rojo. Ni dorado.
Ni naranja. Era blanco. Ren cerró los ojos. Buscó. Atravesó mentalmente aquella frontera. Oscuridad. Energía.
Miles de presencias. Sintió a las bestias. Y detrás alguien corriendo.
Un muchacho. Ren abrió los ojos.

-Lo encontré.

El espacio se quebró. Naruto retrocedió. Una línea blanca apareció en mitad del estadio.
Después otra. Y otra. Hasta formar una grieta vertical. Itachi activó inmediatamente el Sharingan. Sasuke hizo lo mismo. Neji, el Byakugan. Mía utilizó su cronoquinesis. Ino extendió su percepción mental. Todos intentaban comprender. Ren abrió ambas manos.




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