Boruto llevaba apenas unas semanas en aquella vida y ya había conseguido algo que a los demás les había llevado años, hacer que lo extraordinario pareciera cotidiano.
Que un muchacho hubiese regresado de otra dimensión convertido en un ser humano de carne y hueso había dejado de ser el principal tema de conversación de la Academia Élite de Konoha.
Ahora importaban otras cosas.
Como que Boruto hubiera logrado tres amonestaciones en una semana.
Que Ren hubiera descubierto que su fuego podía materializar un diminuto ataúd cada vez que el profesor anunciaba un examen sorpresa. Que Hanabi hubiera empezado a utilizar discretamente el Byakugan para comprobar desde el aula si todavía quedaban medialunas en la confitería.
O que Naruto hubiera adquirido la costumbre de presentarse frente al salón de Boruto exactamente cuando terminaban las clases.
-Te dije que puedo volver solo -protestó Boruto aquella tarde.
Naruto tomó su mochila.
-Lo sé.
-Entonces dame eso.
-No.
-Es mi mochila.
-Y yo soy tu hermano mayor.
Boruto arqueó una ceja.
-Papá.
Naruto tropezó. Ren soltó una carcajada. Hanabi se tapó la boca.
-¡Lo haces a propósito!
Boruto puso expresión angelical.
-¿Yo?
-¡Sí, tú!
-No sé de qué hablas, papá.
-¡BORUTO!
El adolescente salió corriendo. Naruto fue detrás. Ren los observó alejarse.
-Son idénticos.
Hanabi negó.
-No.
-¿No?
Ella sonrió.
-Boruto sabe exactamente cuándo callarse.
Ren contempló cómo Boruto volvía la cabeza y gritaba:
-¡PAPÁ, ESTÁS VIEJO! ¡NO ME ALCANZAS!
Naruto respondió:
-¡NOS LLEVAMOS DOS AÑOS!
Hanabi reconsideró.
-Retiro lo dicho.
Pero ninguno de ellos sabía que aquella tarde estaban a punto de descubrir algo que cambiaría nuevamente todo cuanto creían saber sobre Boruto. Porque el décimo no había regresado solo de otro mundo. Había regresado llevando dentro de sí la mitad de una leyenda.
I. La sombra imposible
Todo comenzó durante un entrenamiento. Itachi había reunido a los nueve en el patio posterior de la academia. La consigna era sencilla.
-Control -dijo.
Naruto levantó una mano.
-Eso no es una consigna.
-Para ustedes nueve, es prácticamente una filosofía de vida.
Sasuke soltó una carcajada. Itachi lo señaló.
-Especialmente para ustedes dos.
-¿Por qué yo?
-La semana pasada incendiaste una pared.
-Fue el dragón.
El dragoncito de Sasuke levantó la cabeza.
Mentiroso.
Sasuke frunció el ceño.
No ayudas.
Naruto miró a Sasuke.
-¿Qué dijo?
-Nada.
-¡TE INSULTÓ!
-Ocúpate de Kurama.
Kurama estaba durmiendo sobre la cabeza de Naruto.
-Kurama es adorable.
Y tú ruidoso.
-¡ESO FUE INNECESARIO!
Itachi cerró los ojos.
-Empezamos maravillosamente.
Boruto estaba junto a Ren y Hanabi, intentando no reír. El sol de la tarde atravesaba los árboles. Y entonces Neji se quedó mirando el suelo. Frunció el ceño. Activó el Byakugan.
Boruto lo vio.
-¿Qué pasa?
Neji no respondió. Miraba detrás de Boruto. Su sombra.
-Boruto...
-¿Sí?
-No te muevas.
Todos se callaron. Boruto inmediatamente dejó de sonreír.
-Eso nunca anuncia nada bueno.
Itachi activó el Sharingan. Sasuke hizo lo mismo. Hanabi utilizó el Byakugan. Y Naruto se acercó.
-¿Qué sucede?
Neji señaló el suelo. Naruto miró.
Boruto estaba bajo el sol. Su cuerpo proyectaba una sombra perfectamente definida sobre las baldosas. Solo que aquella sombra no era humana. Naruto dejó de respirar. Nueve colas. Orejas puntiagudas. Un hocico. Un cuerpo gigantesco. La sombra de Boruto tenía la silueta inconfundible de un zorro. Kurama se incorporó de golpe. Naruto sintió cómo sus pequeñas garras se clavaban ligeramente en su cabello.
-Kurama...
El zorro no respondió. Saltó al suelo.
Creció. No hasta sus veinte metros.
Solo hasta alcanzar aproximadamente el tamaño de un perro grande. Se acercó lentamente a Boruto. Boruto retrocedió.
-¿Qué ocurre?
Kurama miró su sombra. Después lo miró a él. Y Naruto escuchó su voz.
Así que era esto.
-¿Qué?
Ahora lo entiendo.
-¡¿Qué entiendes?!
Todos miraron a Naruto. Boruto estaba nervioso.
-Papá...
Naruto ni siquiera corrigió el tratamiento. Kurama levantó la mirada.
Él es la otra mitad.
Naruto quedó inmóvil.
-¿La otra mitad de qué?
Kurama sostuvo sus ojos.
De mí.
II. El Kyuubi humano
Naruto tardó varios segundos en reaccionar.
-No.
Kurama miró a Boruto.
Sí.
Boruto palideció.
-¿Qué está diciendo?
Naruto lo miró.
-Que tú...
No consiguió terminar. Kurama continuó hablando dentro de su mente.
Yo regresé como bestia porque esa era mi naturaleza. Él regresó como humano porque esa fue su elección.
Naruto miró aquella sombra. Nueve colas se agitaban detrás de Boruto aunque el muchacho permanecía completamente quieto. Ren abrió mucho los ojos.
-Por eso pude traerlo.
Itachi se volvió hacia él.
-¿Qué quieres decir?
-Las bestias atravesaron mi fuego conservando su esencia. Pero Boruto...- Ren observó al rubio -Él tenía dos naturalezas.
Humano. Kyuubi. Alma y bestia.
Hanabi comprendió.
-Y eligió la humana.
Boruto miraba sus manos.
-Entonces...
Levantó los ojos.
-¿Soy humano?
Naruto reaccionó inmediatamente.
-Sí.
Boruto lo miró.
-Pero...
-Eres humano.
Naruto caminó hasta él.
-Tienes corazón. Sangre. Respiras. Comes como si llevases treinta años sin ver comida...
-¡Oye!
-...y roncas.
-¡NO RONCO!
-¡ANOCHE PARECÍA QUE HABÍA UNA MOTOSIERRA EN MI HABITACIÓN!