El Legado De Las Almas

El ojo que cerró las puertas

La primera vez que el Jōgan de Boruto desapareció, Naruto pensó que algo andaba mal. Muy mal.
Estaban desayunando. Boruto tenía una tostada en la boca, el cabello completamente desordenado y una expresión de sueño tan profunda que apenas parecía consciente de estar vivo. Naruto lo observó desde el otro lado de la mesa. Parpadeó.
Volvió a mirar.

-Boruto.

-Mmm.

-Tu ojo.

Boruto siguió masticando.

-Tengo dos.

-¡Ya sé que tienes dos!

Mía levantó la vista de su taza.

-Buen comienzo de conversación.

Naruto señaló el rostro de Boruto.

-¡El Jōgan desapareció!

Boruto dejó de masticar. Se tocó el ojo derecho.

-¿Qué?

-¡TU OJO ES NORMAL!

Boruto corrió hacia el espejo. Su ojo derecho era azul. Exactamente igual al izquierdo.

-Oh.

Naruto se levantó de golpe.

-¡¿«OH»?! ¡¿ESO ES TODO?!

-Papá, tranquilízate.

-¡NO PUEDO TRANQUILIZARME! ¡PERDISTE UN OJO MÁGICO DURANTE EL DESAYUNO!

-No lo perdí.

-¡NO ESTÁ!

Boruto frunció el ceño. Pensó. Algo dentro de él respondió. Y entonces...clic. No hubo sonido real.
Pero así lo sintieron. El ojo derecho cambió. El azul se aclaró. El patrón extraordinario del Jōgan apareció.
Naruto quedó inmóvil. Boruto sonrió.

-Ah.

Mía dejó lentamente la taza.

-Puede activarlo.

Boruto volvió a concentrarse. El Jōgan desapareció. Lo activó.
Desapareció. Lo activó. Naruto señaló a su hijo.

-¡DEJA DE PRENDERLO Y APAGARLO COMO UNA LÁMPARA!

Boruto soltó una carcajada. Kurama apareció caminando sobre la mesa.

Era lógico.

Naruto lo miró.

-¡PODRÍAS HABERME AVISADO!

No preguntaste.

-¡¿POR QUÉ SIEMPRE DICES ESO?!

Boruto miró al pequeño zorro.

-¿Qué dijo?

-Que aparentemente tu Jōgan funciona como el Sharingan o el Byakugan.

Boruto sonrió.

-Genial.

Lo apagó. Naruto suspiró aliviado.
Boruto lo activó.

-¡BORUTO!

-Perdón.

Lo apagó. Dos segundos. Lo volvió a activar. Naruto tomó una servilleta y se la arrojó. Boruto la esquivó riendo. Mía contempló a ambos.

-Son las siete y veinte de la mañana.

Kurama se sentó.

Y todavía queda todo el día.

I. Dos pares de ojos

Tres días después, Boruto descubriría que aquella capacidad no era solamente cómoda. Era peligrosa. No para ellos. Para cualquiera que intentara observarlos. Aquella tarde Itachi entrenaba con Naruto, Sasuke, Neji, Mía, Sakura e Ino en uno de los campos exteriores de la Academia Élite.

Hanabi y Ren estaban en otra zona.
Boruto...

Boruto debía estar entrenando. En teoría. En la práctica estaba sentado sobre una de las barandas del patio central rodeado por cinco chicas.

-Entonces ¿realmente viniste de otra academia? -preguntó una.

Boruto sonrió.

-Algo así.

No podía explicar:

En realidad estaba muerto en otra dimensión esperando que un chico capaz de traer bestias legendarias me devolviera físicamente a este mundo.

Probablemente no era una presentación social recomendable.
Otra muchacha se acercó.

-¿Y Naruto de verdad es tu hermano?

Boruto abrió la boca.

-Sí. Aunque a veces le digo papá.

Las cinco rieron. Boruto sonrió.

-Es una larga historia.

-¿Y Mía?

-Mi hermana.

-¿Y Sasuke?

Boruto pensó.

-Mi...

Se detuvo. Algo acababa de rozar su percepción. Su sonrisa permaneció.
Pero su atención cambió. Muy lejos.
Más allá de las murallas de la academia. Dos presencias.

No. Cuatro. Dos pares de ojos. Boruto sintió claramente que observaban. No a él. A todos. El Jōgan se activó. Las chicas callaron.
Una de ellas susurró:

-Dios...

Boruto ya no escuchaba. Su visión atravesó los edificios. Las paredes dejaron de significar algo. Percibió los campos de entrenamiento. Las aulas. Los pasillos. Las calles exteriores. Y después dos puntos.
Muy lejos. Dos individuos observando desde diferentes posiciones. Boruto comprendió inmediatamente.

Ustedes.

La furia llegó. Pero no perdió la sonrisa.

-Boruto -murmuró una chica- Tu ojo...

-Un segundo.

Levantó apenas dos dedos. No hizo ningún movimiento espectacular. No gritó. No liberó chakra de forma violenta. Simplemente decidió una cosa. No volverían a mirar a su familia. El Jōgan brilló. Y la academia desapareció del mundo.

II. La barrera invisible

Nadie vio aparecer una cúpula. No hubo destellos. Ni explosiones. Ni ondas. Sin embargo, una barrera inmensa acababa de extenderse alrededor de toda la Academia Élite de Konoha. Invisible. Perfecta. Boruto inclinó ligeramente la cabeza. Su percepción siguió expandiéndose.

No alcanza.

Pensó en su casa. Las mansiones Uchiha e Hyuuga. Los hogares de Sakura, Ino y Ren. El Jōgan respondió. El escudo cambió. No necesitaba cubrir físicamente kilómetros enteros. Era más sofisticado. Bloqueaba la intención de rastrear a cualquiera de ellos.
Boruto sonrió.

-Ahora sí.

Una de las chicas preguntó:

-¿Qué hiciste?

Boruto la miró.

-Nada importante.

A cientos de metros, dos observadores dejaron de ver. Uno de ellos apartó violentamente un dispositivo.

-¿Qué pasó?

-Los perdí.

-¿Cómo que los perdiste?

-¡No puedo ver la academia!

Intentó nuevamente. Nada. Activó otra técnica. Nada. Buscó la mansión Hyuuga. Oscuridad. La residencia Uchiha. Nada. Los Uzumaki. Nada.

-No puedo rastrear a ninguno.

El otro hombre palideció.

-Fue él.

-¿Quién?

-El décimo.

III. Los Sharingan Y Los Baykugan lo sienten

Sasuke dejó de moverse en mitad del entrenamiento. Itachi también.
Ambos activaron el Sharingan al mismo tiempo. Naruto frenó.

-¿Qué pasa?

Sasuke giró hacia el edificio principal.




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