El Legado De Las Almas

Agua chismosa y telequinesis en época de exámenes

Boruto había descubierto algo profundamente injusto. Podía dominar el Jōgan. Podía manejar una espada como si hubiese nacido con ella entre las manos. Podía controlar el viento, el rayo y el agua.
Podía utilizar el manto del Kyuubi a voluntad. Podía levantar una barrera capaz de impedir que enemigos externos vigilaran la Academia Élite de Konoha.

Incluso podía enfrentarse a Sasuke Uchiha y terminar empatado. Pero no podía conseguir que una maldita lapicera permaneciera sobre su escritorio cuando estaba nervioso.

-Baja.

La lapicera flotaba frente a él. Boruto entrecerró los ojos.

-He dicho que bajes.

La lapicera subió diez centímetros.

-Eso es arriba.

Ren estaba sentado en otro escritorio del gimnasio de entrenamiento, con los brazos cruzados.

-Quizá no conoce la diferencia.

Boruto lo fulminó.

-No ayudes.

Hanabi estaba junto a Ren, acariciando distraídamente a Matatabi.

-Está intentando ayudarte.

-Pues que lo haga de una forma menos irritante.

La lapicera comenzó a girar. Boruto respiró profundamente.

-Estoy tranquilo.

La lapicera giró más rápido.

-Completamente tranquilo.

Una segunda lapicera se elevó.
Después una carpeta. Después la botella de agua de Ren. Ren levantó la mirada.

-Esa es mía.

-Ya sé.

-Devuélvemela.

-¡NO LA ESTOY ROBANDO!

La botella subió hasta el techo.

-Boruto.

-¡QUE YA SÉ!

Hanabi soltó una carcajada. Boruto cerró los ojos.

-Respirar. Eso dijo Itachi. Respirar y separar la emoción del poder.

Ren hizo una mueca.

-No puedes.

Boruto abrió un ojo.

-Gracias por la confianza.

-No, literalmente no puedes. Itachi dijo que tu telequinesis está conectada directamente con tus emociones. Separarla sería como separar mi fuego de lo que siento.

Boruto miró las pequeñas llamas que danzaban alrededor de Ren.

-Eso explica por qué eres un desastre.

El fuego reaccionó inmediatamente.
Una figurita diminuta de Ren apareció estrangulando a una figurita de Boruto. Hanabi se rio.
Boruto señaló fascinado.

-¡Mira eso!

Ren cerró los ojos.

-No.

-¡Te estoy irritando!

-Lo sé.

La figurita de fuego empezó a golpear al Boruto diminuto con una sartén. Boruto estaba encantado.

-¡Ahora tiene una sartén!

-Boruto...

-¡¿De dónde sacó la sartén?!

Hanabi ya se sujetaba el abdomen.

-¡Ren, tu fuego quiere matarlo con utensilios de cocina!

-¡YO NO DECIDO NADA!

Boruto empezó a reír. Y entonces ocurrió. Todas las cosas que flotaban cayeron simultáneamente.
La botella aterrizó suavemente sobre la mesa. Las lapiceras sobre el escritorio. La carpeta en sus manos.
Boruto dejó de reír. Ren también.
Hanabi parpadeó. Boruto miró los objetos.

-Esperen.

Levantó la vista.

-Cuando estaba riéndome...

Ren comprendió.

-Te relajaste.

-Y bajaron.

Hanabi sonrió.

-Entonces ya sabes cómo controlarla.

Boruto levantó un dedo.

-Exacto.

Respiró profundamente.

-Tengo que estar feliz permanentemente.

Ren lo miró.

-Eso no fue lo que dijo.

-Pero es mucho más fácil.

Y desde la puerta se oyó la voz de Itachi:

-Es exactamente lo contrario de lo que debes aprender.

Boruto hizo una mueca.

-Sabía que aparecerías para arruinarme el descubrimiento.

- El corazón no acepta órdenes

Itachi fue categórico. La telequinesis de Boruto era peculiar.
No respondía al Jōgan. Tampoco a su concentración racional. No obedecía exactamente a su voluntad. Obedecía a su estado emocional.

-Tu tía Mía tiene una potencia telequinética similar -explicó Itachi- pero posee mayor control que tú. Naruto es otro caso.

Boruto miró inmediatamente a su padre. Naruto estaba sentado en una colchoneta junto a Kurama.

-¿Por qué me miran?

-Porque eres el ejemplo de lo que no debe hacerse -contestó Sasuke.

-¡Oye!

Itachi prosiguió:

-La telequinesis de Naruto continúa siendo la más poderosa. Y su potencial todavía no tiene un límite que podamos medir.

Boruto sonrió. Naruto lo vio.

-¿Por qué te pones contento?

-Porque eres más poderoso que yo.

Naruto parpadeó.

-¿Y eso te pone contento?

-Muchísimo.

Una pequeña figura hecha de agua surgió sobre la palma de Boruto.
Todos miraron. Era un Naruto diminuto. Llevaba una capa. Tenía los brazos en la cintura. Y debajo de uno de sus pies había una montaña.
La figurita levantó los brazos triunfalmente. Sobre su cabeza apareció una corona de agua. Boruto abrió la boca.

-Yo no hice eso.

Ren señaló.

-Tu agua acaba de coronarlo.

Naruto tenía los ojos enormes.

-¡ME QUIERE!

-Soy yo quien te quiere, idiota. El agua solo lo está contando.

Naruto corrió hacia Boruto.

-¡HIJO!

-¡No!

Lo abrazó.

-¡MI PEQUEÑO ORGULLO!

-¡PAPÁ, SUÉLTAME!

La figura acuática creó un corazón.
Sasuke comenzó a reír. Boruto vio el corazón.

-¡TRAIDORA!

El corazón aumentó de tamaño.

-¡DEJA DE CONTAR COSAS!

Ren se cruzó de brazos.

-Bienvenido a mi infierno.

Boruto lo miró. Por primera vez comprendió verdaderamente el sufrimiento de su amigo.

-Ren...

-¿Sí?

-Lo siento.

Ren sonrió.

-Gracias.

El agua creó entonces dos pequeñas figuras: Boruto y Ren chocando los puños sobre un pedestal donde podía leerse:

LOS DOS MEJORES.

Ren se quedó mirando. Boruto sonrió encantado.

-Bueno, esa sí puede quedarse.

El fuego de Ren respondió creando una figurita de ambos con capas ondeando heroicamente. Hanabi se llevó una mano al pecho.

-Son adorables.

Ren y Boruto respondieron simultáneamente:

-Cállate.

El segundo monstruo

Boruto tampoco sentía celos de Ren. Todo lo contrario. Durante uno de los entrenamientos, Itachi volvió a confirmar que Ren y Naruto continuaban ocupando un nivel aparte. Boruto estaba sentado en el suelo cuando escuchó:




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