El Legado De Las Almas

El miedo de perderte

La casa Uzumaki estaba en absoluto silencio. Eran más de las tres de la madrugada.

Boruto dormía profundamente junto a Naruto, tal como había comenzado a hacerlo algunas noches desde su regreso a aquel mundo. Aunque tenía su propia habitación, todavía existían noches en las que necesitaba comprobar que su padre estaba allí.

Aquella era una de ellas. La pequeña serpiente de agua dormía enroscada sobre la almohada, cerca de sus cabellos rubios. Kurama, convertido en aquel diminuto zorrito de fuego de nueve colas, descansaba a los pies de la cama.

Naruto dormía de costado. Boruto tenía una mano cerrada sobre su camiseta. Como si incluso dormido necesitara asegurarse de que no pudiera desaparecer. Y entonces comenzó la pesadilla.

La Academia Élite ya no existía. O quizás sí. Boruto no podía saberlo.
Todo estaba cubierto por una oscuridad viscosa. El cielo parecía muerto.

-¿Papá?

Su voz regresó convertida en eco.

-¡Papá!

Entonces las vio. Esferas negras.
Gigantescas. Suspendidas sobre el suelo. Dentro de la primera estaba Neji. Inconsciente. Su Byakugan apagado. Fénix golpeaba desesperadamente las paredes de aquella prisión sin conseguir romperlas.

-¡NEJI!

Boruto corrió. Otra esfera. Mía.

-¡Tía!

Golpeó la superficie. Nada. Sasuke estaba en otra. Ino. Sakura. Hanabi.
Ren. Itachi. Todos. Inmóviles. Inutilizados. Boruto comenzó a respirar desesperadamente.

-No...

Su Jōgan se activó.

-¡NO!

Intentó romper las esferas. Nada.
Lanzó un rayo. Nada. Agua. Nada.
Viento. Telequinesis. Nada. Entonces unas manos negras lo sujetaron desde atrás. Boruto gritó.
Giró. No eran hombres. Eran criaturas altas, deformes, sin rostros definidos, con cuerpos que parecían construidos de oscuridad.

-¡SUÉLTENME!

Lo arrastraron. Boruto clavó las manos contra el suelo.

-¡PAPÁ!

Y Naruto apareció. Estaba herido.
Solo. Rodeado.

-¡BORUTO!

-¡PAPÁ, NO!

Las criaturas apretaron sus garras alrededor del muchacho. Naruto levantó las manos. Boruto comprendió inmediatamente. Su padre podía luchar. Podía destruirlos. Pero entonces aquellas criaturas lo matarían a él. Naruto miró a su hijo. Y bajó lentamente las manos.

-No -susurró Boruto.

Naruto sonrió. Aquella sonrisa terminó de destruirlo.

-Está bien.

-¡NO!

-Déjenlo ir.

-¡PAPÁ, NO LO HAGAS!

Naruto cerró los ojos. Las criaturas se abalanzaron sobre él.

-¡¡¡PAPÁAAAAAAAA!!!

-¡¡¡PAPÁ!!!

Boruto se incorporó violentamente en la cama. Su grito atravesó la oscuridad de la habitación. Naruto despertó sobresaltado.

-¡¿Qué pasó?!

Boruto respiraba como si acabara de correr kilómetros. Miró alrededor.
La habitación. La cama. La ventana.
Después a Naruto. Vivo. A su lado.
Boruto lo miró durante apenas un segundo. Y se lanzó sobre él.

-¡Papá!

-Boruto...

El muchacho se aferró a su cuerpo.
Y comenzó a llorar. No eran lágrimas silenciosas. Lloraba desconsoladamente, temblando, enterrando el rostro contra el pecho de Naruto.

-¡Te mataron! ¡Te mataron por mi culpa!

Naruto terminó de despertar. Lo rodeó inmediatamente con ambos brazos.

-Eh, eh... Boruto. Estoy acá.

-¡Te vi!

-Fue una pesadilla.

-¡Estaban todos atrapados y yo no podía hacer nada! ¡Nada funcionaba! ¡Y te entregaste porque me tenían a mí!

Naruto apretó el abrazo.

-Mírame.

Boruto negó con la cabeza.

-Boruto.

El muchacho finalmente levantó el rostro. Naruto le sostuvo las mejillas.

-Estoy acá.

Boruto sollozó.

-Pero parecía real.

-Lo sé.

-Te estaban...

No pudo terminar. Naruto volvió a abrazarlo.

-No hace falta que lo digas.

La serpiente acuática despertó. Se acercó inmediatamente a Boruto y comenzó a restregar su pequeña cabeza contra su cuello. Kurama saltó hasta su regazo. Sus nueve colitas rodearon parcialmente al muchacho.

-Kurama...

Fue un sueño.

Escuchó dentro de su mente. Boruto cerró los ojos.

-Lo sé.

Naruto sigue aquí.

Boruto apretó todavía más la camiseta de su padre.

-Lo sé...

La puerta se abrió.

-¿Naruto?

Mía apareció completamente despeinada.

-¿Qué pasó?

Entonces vio a Boruto.

-Ay, no...

Se sentó inmediatamente al otro lado.

-Pesadilla -explicó Naruto.

Mía acarició los cabellos de Boruto.

-¿Muy fea?

Boruto asintió. Mía lo abrazó también. Y durante unos minutos fue exactamente eso lo que necesitó. Naruto a un lado. Mía al otro. Kurama sobre sus piernas. La pequeña serpiente acuática junto a su rostro. Cuatro presencias rodeándolo. Cuatro maneras diferentes de decirle lo mismo.

Estás en casa.

Finalmente el llanto disminuyó.
Naruto lo acomodó nuevamente.

-Duérmete.

-No puedo.

-Entonces no duermas.

Boruto lo miró. Naruto se acostó.

-Nos quedamos despiertos.

-¿Toda la noche?

-Si hace falta.

Mía se acomodó también en la cama.

-Yo también.

Boruto la miró sorprendido.

-Tía, mañana tienes examen.

-Tú también.

-Precisamente.

-Entonces suspenderemos en familia.

Boruto soltó una risa diminuta entre las lágrimas. Naruto sonrió. Era la primera victoria de aquella noche.

La pesadilla que fue a la academia

Sin embargo, dormir otra vez no consiguió borrar las imágenes. A la mañana siguiente Boruto era otro.
Entró en la Academia Élite con las manos dentro de los bolsillos. Cabeza baja. Cabellos cayendo sobre los ojos. La serpiente acuática estaba en su hombro.

Boruto no saludó. Eso fue suficiente para que medio mundo comprendiera que algo estaba mal.
Porque Boruto saludaba hasta a personas que no conocía. Sasuke fue el primero en verlo. Su sonrisa desapareció.

-Boruto.

El chico pasó junto a él.




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