El Legado De Las Almas

El agua que aprendió a hablar

Itachi llevaba varios días observando a Boruto. No solo durante los entrenamientos. Lo observaba en clase, en los recreos, mientras discutía con Naruto, mientras comía con Sasuke, mientras se reía de Ren y, especialmente, cuando creía que nadie estaba prestándole atención.

Había algo que había cambiado. La telequinesis ya no reaccionaba como antes. Cuando Boruto se enfadaba, las mesas permanecían en el suelo. Cuando estaba nervioso, las mochilas no flotaban.
Cuando alguna chica bonita lo saludaba, tampoco salían disparados los libros de quienes estuvieran cerca. En cambio...

El agua se había vuelto absolutamente insoportable. Al menos desde el punto de vista de la privacidad de Boruto. Aquella tarde, Itachi decidió explicárselo. Estaban en uno de los gimnasios privados de la Academia Élite. Naruto, Mía, Neji, Sasuke, Hanabi y Ren también se encontraban allí.

-Boruto -llamó Itachi.

-¿Sí?

El muchacho estaba sentado en el suelo acariciando con un dedo la diminuta cabeza de su serpiente acuática.

-Creo que ya sé qué sucedió con tus dones.

Boruto levantó inmediatamente la cabeza.

-¿Voy a explotar?

Itachi parpadeó.

-No.

-Excelente. Continúa.

Naruto soltó una carcajada. Itachi suspiró.

-Tu viento, tu rayo y el Jōgan están vinculados principalmente con tu mente.

Boruto miró sus manos.

-¿Por eso nunca se me escapan?

-Exactamente. Puedes estar furioso, triste, asustado o eufórico y seguirán respondiendo a una decisión consciente. No aparecen porque sientas algo. Aparecen porque decides utilizarlos.

Boruto asintió. Eso tenía sentido.

-¿Y mi telequinesis?

-Ahí está lo interesante - Mía se acercó también. Itachi continuó -Cuando despertó, estaba vinculada a tu corazón y a tu alma. Por eso repetía el mismo patrón que la telequinesis de Naruto.

Naruto levantó una mano.

-Víctima presente.

Boruto rio.

-La tuya sigue levantando media academia cuando te estresas.

-Gracias por recordármelo, hijo.

Boruto sonrió.

-De nada, papá.

Naruto quedó callado un segundo ante la naturalidad con que lo había dicho. Y sonrió. Itachi prosiguió:

-Pero la tuya cambió.

Mía comprendió antes que Boruto.

-Ahora funciona como la mía.

-Exactamente.

Boruto la miró.

-¿Está vinculada a mi mente?

-Sí. Puedes sentir emociones intensas sin que la telequinesis responda por sí sola. Ahora necesitas decidir mover algo.

Boruto abrió muchísimo los ojos.

-¡ESO ES MARAVILLOSO!

Se levantó de un salto.

-¡Se acabaron las sillas voladoras!

Naruto cruzó los brazos.

-Presumido.

-¡Se acabaron las mochilas flotantes!

-Ya entendimos.

-¡Se acabaron los profesores elevados contra el techo!

-¡Eso ocurrió una sola vez!

-Dos.

-¡UNA Y MEDIA!

Mía se tapó la boca para no reír.

Itachi levantó una mano.

-Hay un inconveniente.

Boruto dejó de festejar.

-Siempre hay un inconveniente.

-Tu agua.

Silencio. Boruto miró lentamente a la serpiente. La serpiente lo miró.

-¿Qué pasa con ella?

Itachi sonrió.

-Intercambió lugares con tu telequinesis.

Boruto palideció.

-No.

-Sí.

-No.

-Tu agua ya no está vinculada principalmente a tu mente.

-Itachi...

-Está vinculada a tu corazón y a tu alma.

Detrás de Boruto apareció una figura acuática diminuta. Era él mismo cayendo de rodillas dramáticamente. Sobre su cabeza apareció:

¿POR QUÉ A MÍ?

Todos estallaron en carcajadas.
Boruto giró furioso.

-¡¿VEN?!

La figurita se tapó el rostro y lloró teatralmente.

-¡ESO ES EXACTAMENTE DE LO QUE HABLO!

Itachi rio.

-Cuando estás tranquilo tienes un control extraordinario sobre el agua. Probablemente el mejor que podríamos esperar considerando que eres el único del grupo que posee ese elemento como don. Pero cuando tus emociones se intensifican...

Apareció otra figura. Boruto rodeado de chicas. El Boruto acuático se acomodaba el cabello.
Boruto abrió los ojos.

-¡NO!

Sasuke comenzó a reír.

-Muy científico.

-¡CÁLLATE!

Otra figura apareció. Boruto comiendo hamburguesas con Sasuke. Un enorme corazón acuático flotaba sobre ambos. Sasuke dejó de reír. Boruto lo señaló.

-¡AHORA TE TOCÓ A TI!

Naruto se dobló de la risa. Itachi terminó:

-Creemos que el cambio ocurrió cuando apareció la serpiente.

Boruto miró a la criatura. Esta ladeó inocentemente la cabeza.

-¿Tú hiciste esto?

La serpiente se restregó contra su mejilla. Boruto suspiró.

-Está bien. Te perdono porque eres adorable.

La serpiente pareció sonreír. Hanabi murmuró:

-Esos dos están hechos el uno para el otro.

Ren asintió. Su fuego produjo inmediatamente una pequeña figura de Boruto abrazando a la serpiente mientras gritaba:

MI BEBÉ.

Boruto señaló a Ren.

-¡TÚ NO PUEDES REÍRTE DE MÍ! ¡TU FUEGO ES PEOR!

Ren dejó de sonreír.

-Buen argumento.

-Boruto, al fin me escuchas

Dos días después, en Biología, ocurrió. Boruto estaba sentado entre Ren y Hanabi. La profesora explicaba la estructura celular. Boruto intentaba prestar atención.
Realmente lo intentaba. Pero aquella mujer llevaba diecisiete minutos hablando de mitocondrias.

Y Boruto comenzaba a considerar que diecisiete minutos de mitocondrias constituían una violación de los derechos humanos.
La serpiente dormía sobre su hombro derecho. Boruto escribió en una esquina del cuaderno:

¿Cuánto falta?

Ren miró. Escribió debajo:

38 minutos.

Boruto quedó horrorizado. Hanabi leyó. Tuvo que contener la risa. De repente, Boruto escuchó:

Boruto.

Levantó la cabeza. Miró alrededor.
Nada.

-¿Qué? -susurró.

Ren lo miró.




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