Boruto había descubierto algo profundamente irritante sobre los adultos, los adolescentes y, en particular, sobre su propia familia.
Todos decían que las cosas estaban solucionadas cuando, evidentemente, no estaban solucionadas en absoluto. Neji amaba a Mía. Ren amaba a Hanabi.
Mía amaba a Neji. Hanabi amaba a Ren. Hasta allí, Boruto consideraba que el asunto era bastante sencillo.
El problema comenzaba cuando observaba lo que hacían con esos sentimientos. Absolutamente nada.
Y cuanto más preguntaba con discreción, según él; con una falta absoluta de discreción, según Mitsuki, más comprendía que ambas historias tenían una similitud inquietante. Ren había lastimado profundamente a Hanabi cuando cedió al miedo y la dejó sola frente a quienes la acosaban. Neji había lastimado profundamente a Mía.
Boruto todavía no sabía cómo.
Solo sabía que había sido grave.
Muy grave. Lo suficiente para que Naruto hubiera llegado a estar furioso con Neji. Lo suficiente para que Mía hubiera sufrido durante semanas. Lo suficiente para que Neji todavía cargara con aquello como una piedra atada al pecho. Y había ocurrido antes de los dones.
Antes del Jōgan. Antes de Kurama.
Antes de Mitsuki. Antes del fuego de Ren. Antes de los portales. Antes de la telequinesis. Cuando todos ellos habían sido simplemente chicos intentando comprender sus propios sentimientos. Lo más extraño era que ambas muchachas los habían perdonado. Mía había perdonado a Neji. Hanabi había perdonado a Ren. Naruto incluso había perdonado a Neji por lo sucedido con su hermana. Y después...
Nada.
Boruto estaba sentado en la cafetería de la academia cuando terminó de comprenderlo. Ren estaba frente a él. Hanabi, varias mesas más allá, conversaba con dos compañeras. Neji estaba junto a Mía. Mía dijo algo. Neji sonrió. No fue una sonrisa cualquiera. Boruto conocía esa mirada. Era la misma que tenía su papá cuando miraba a Sakura.
Neji contemplaba a Mía como si el resto del comedor hubiera desaparecido.
-Está perdido -murmuró Boruto.
Ren levantó los ojos.
-¿Quién?
-Neji.
Ren miró hacia él.
-Sí.
-¿Y por qué no se declara?
Ren bajó inmediatamente la vista.
Boruto lo observó.
-Ah.
Ren frunció el ceño.
-¿Qué significa "ah"?
-Que acabo de entender algo.
-Eso me preocupa.
Mitsuki levantó la cabecita desde el hombro de Boruto.
A mí también.
Boruto ignoró a ambos. Miró a Neji.
Después a Ren. Dos muchachos profundamente enamorados. Dos chicas que los habían perdonado.
Dos relaciones detenidas exactamente en el mismo punto. Y entonces lo comprendió.
-Ustedes se están castigando.
Ren dejó de respirar durante un segundo.
-¿Qué?
Boruto se inclinó sobre la mesa.
-Tú y Neji.
-No sé de qué hablas.
-Sí sabes.
Ren apartó la mirada. El fuego apareció inmediatamente. Un pequeño Ren estaba encerrado dentro de una celda. Tenía la puerta abierta. Pero no salía. Boruto señaló.
-Gracias por declarar a favor de la fiscalía.
Ren miró su fuego con odio.
-Algún día voy a dominarte.
La figurita le sacó la lengua. Boruto soltó una carcajada. Pero pronto volvió a ponerse serio.
-Hanabi te perdonó.
-Lo sé.
-Mía perdonó a Neji - Ren permaneció callado -Pero ustedes siguen actuando como si no tuvieran derecho a ser felices con ellas.
El fuego dejó de hacer bromas. Ren bajó los ojos. Boruto comprendió que había acertado. Y aquello cambió completamente la manera en que comenzó a observarlos.
Hanabi sin Neji
Fue durante un entrenamiento tres días después cuando Boruto encontró la pieza que todavía no encajaba. Hanabi estaba entrenando con él y Ren. Itachi se encontraba en otro sector del gimnasio supervisando a Naruto y Sasuke.
Hanabi había decidido perfeccionar la precisión del Byakugan.
-Doscientos cincuenta metros -anunció Ren.
Hanabi cerró los ojos. Respiró.
Cuando volvió a abrirlos, el Byakugan estaba activo.
-Te veo.
Ren sonrió.
-¿Qué estoy haciendo?
Estaba detrás de una pared.
-Tres dedos.
-Bien.
-Ahora dos.
-Correcto.
Boruto estaba fascinado.
-¿Puedes verme a mí?
Hanabi giró ligeramente la cabeza.
-Estás intentando robarle una galleta a Ren.
Boruto quedó inmóvil con la mano dentro de la mochila ajena.
-Eso es aterrador.
-Devuélvela.
-Solo estaba comprobando tu visión.
Ren apareció detrás de la pared.
-Claro.
-Era ciencia.
Mitsuki murmuró dentro de su cabeza:
Era una galleta.
Boruto respondió mentalmente:
La ciencia necesita sacrificios.
Entonces Hanabi dejó de sonreír.
Parpadeó. Una vez. Dos.
-¿Hanabi? -preguntó Ren.
Ella llevó una mano a la sien.
-Espera.
El Byakugan no se desactivó. Hanabi cerró los ojos. Volvió a abrirlos. Nada.
-¿Qué sucede? -preguntó Boruto.
-No puedo apagarlo.
Ren se acercó inmediatamente.
-¿Qué?
-No puedo desactivarlo.
Intentó otra vez. Sus pupilas permanecieron iguales. Y entonces dio un paso hacia atrás.
-Estoy viendo demasiado.
Boruto dejó inmediatamente la galleta.
-¿Qué significa demasiado?
Hanabi respiró con dificultad.
-Todo.
Las paredes. Las aulas. Las personas caminando detrás de ellas. Las cañerías. Los árboles. Los vehículos más allá del perímetro. Cientos de movimientos. Decenas de conversaciones. Distancias superpuestas. Su cerebro estaba recibiendo demasiada información simultáneamente. Hanabi se llevó ambas manos a la cabeza.
-No puedo... separarlo.
Ren palideció.
-Hanabi.
-Escucho demasiadas cosas.
-Desactívalo.
Ella lo fulminó.
-¡¿QUÉ CREES QUE ESTOY INTENTANDO HACER?!
-Bien. Pregunta estúpida.