El Legado De Las Almas

La chica que se cansó de esperar

Hanabi llegó a una conclusión un martes a las once y veintisiete de la mañana. Ren jamás iba a declarársele. Jamás. Podían cumplir quince, dieciséis, veinte, treinta años. Podían casarse accidentalmente, tener una casa, adoptar siete gatos y envejecer juntos. Y probablemente Ren, a los ochenta años, todavía le preguntaría:

-Hanabi ¿tú crees que quizás algún día podría llegar a gustarte un poquito?

Su paciencia se terminó. Y, para desgracia de Ren, Hanabi Hyuuga no era una muchacha acostumbrada a esperar eternamente. Todo comenzó durante Literatura. Ren estaba sentado a su lado tomando apuntes. O intentándolo. Hanabi apoyó distraídamente la cabeza sobre su hombro para leer algo que él había escrito. Ren se petrificó. Su lapicera quedó suspendida.

-¿Qué escribiste ahí? -preguntó ella.

-¿Dónde?

-Ahí.

-No sé.

Hanabi levantó una ceja.

-Lo escribiste tú.

-Probablemente.

Entonces apareció el fuego. Un Ren diminuto corría en círculos con los brazos levantados.

¡HANABI ESTÁ APOYADA EN MI HOMBRO!

Hanabi cerró los ojos.

-Ren.

-No fui yo.

Apareció otro.

¡NO TE MUEVAS!

Otro:

¡RESPIRA NORMAL!

Otro:

¡NO, TAN NORMAL NO!

Boruto, sentado detrás, comenzó a temblar. Intentaba no reír. Fracasó.

-¡JAJAJAJA!

Ren giró.

-¡Cállate!

-¡Tu fuego te está dando instrucciones para respirar!

Hanabi se incorporó lentamente.
Miró a Ren. Él estaba rojo. Después miró las pequeñas figuritas. Una acababa de colocar una corona sobre la cabeza de una Hanabi de fuego. La inscripción decía:

LA CHICA MÁS HERMOSA DEL MUNDO.

Hanabi sintió calor en las mejillas. Ren vio aquello.

-Yo...

El fuego produjo otra figura.

CÁSATE CONMIGO.

-¡¡¡NOOOOO!!!

Ren golpeó la mesa. Toda la clase giró. La profesora dejó de leer.

-¿Ren?

-Nada.

-¿Seguro?

-Problemas técnicos.

Boruto estaba llorando de risa.
Hanabi miró a Ren durante varios segundos. Después volvió hacia su libro. Pero sonrió. Y pensó:

Ya está. Me cansé.

Si aquel chico no podía dar el primer paso, lo daría ella.

La cómplice menos recomendable

Boruto estaba comiendo una hamburguesa cuando Hanabi se sentó frente a él.

-Necesito tu ayuda.

Boruto dejó la hamburguesa. Sus ojos se iluminaron.

-Finalmente.

-¿Finalmente qué?

-Nada. Continúa.

Mitsuki levantó la cabeza desde su hombro.

No le permitas organizar nada peligroso.

Boruto murmuró:

-No seas aguafiestas.

Hanabi frunció el ceño.

-¿Qué dijo?

-Que soy extraordinariamente responsable.

No dije eso.

-Necesito preparar algo para Ren.

Boruto quedó inmóvil. Después sonrió lentamente.

-¿Algo... romántico?

Hanabi se sonrojó.

-Sí.

Boruto golpeó ambas manos contra la mesa.

-¡SABÍA QUE LO AMABAS!

Media cafetería giró. Hanabi quiso estrangularlo.

-¡BAJA LA VOZ!

-Perdón.

El agua apareció. Un Boruto diminuto sostenía dos muñecos representando a Hanabi y Ren y los hacía besarse. Hanabi señaló.

-Haz desaparecer eso.

-¡No lo controlo cuando estoy emocionado!

Mitsuki golpeó la figura con la cola.

Splash.

-Gracias, Mitsuki.

Hanabi respiró.

-Quiero pedírselo yo.

Boruto dejó de bromear.

-¿Estás segura?

-Completamente.

-¿No querías que él lo hiciera?

Hanabi bajó los ojos.

-Sí - Durante un instante hubo cierta tristeza -Esperé mucho tiempo.

Boruto comprendió.

-Pero Ren está convencido de que no tiene derecho.

Hanabi levantó la mirada.

-Precisamente.

-¿Lo sabes?

-Boruto, su fuego prácticamente publica un periódico diario sobre sus sentimientos.

Boruto soltó una carcajada.

-Buen punto.

Hanabi sonrió.

-Ya me demostró que cambió. Volvió cuando lo necesité. Se quedó. Me ayudó con mis dones. Me protegió. Y cuando tuve problemas con el Byakugan fue una de las primeras personas en quienes pensé.

Boruto recordó aquello.

-Entonces...

Hanabi respiró profundamente.

-Quiero que sea mi novio.

El agua explotó. Corazones. Flores.
Campanas. Una pequeña figura acuática de Boruto corría sosteniendo un cartel:

¡OPERACIÓN REN!

Hanabi se rio.

-¿Me ayudarás?

Boruto extendió la mano.

-Será el momento más romántico de su vida.

Mitsuki habló:

Eso me preocupa muchísimo.

Un lugar para decir sí

Encontraron el sitio dos días después. Fuera de la academia, en una zona tranquila de Konoha, existía un pequeño jardín junto a un lago. Había árboles altísimos. Un sendero de piedras claras. Un puente de madera.

Y, al caer la tarde, las luces de la ciudad aparecían reflejadas sobre el agua como estrellas hundidas.
Hanabi lo eligió inmediatamente.
Boruto se encargó de las luces.
Hanabi, de las flores. Mitsuki, de impedir que Boruto exagerara.

-Necesitamos otras veinte luces.

No.

-Diez.

No.

-Cinco.

Ya hay cuarenta y siete.

-¿Las contaste?

Alguien debe hacerlo. Boruto suspiró. Cuando terminaron, incluso él tuvo que admitir que había quedado perfecto. Pequeñas luces cálidas rodeaban el sendero. Flores blancas y amarillas descansaban alrededor del puente. Hanabi llegó poco antes del atardecer. Boruto se quedó mirándola.

-Ren va a morir.

-Boruto.

-Emocionalmente.

-Eso no mejora la frase.

-Tienes razón.

Hanabi estaba hermosa. Había elegido algo sencillo, juvenil y elegante. Negro y amarillo, sus colores habituales, pero con detalles más delicados. Su largo cabello negro caía libremente. Matatabi estaba sobre su hombro.

-¿Nerviosa?




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