El anuncio llegó durante el desayuno. No parecía peligroso. Ni siquiera ers importante. El padre de Neji y Hanabi dejó la taza sobre el plato y habló con absoluta tranquilidad:
-El sábado tendremos una reunión familiar.
Neji levantó la mirada. Hanabi continuó untando mermelada sobre una tostada.
-¿Otra?
- Hace meses que no se reúne toda la familia.
- Ah.
Su padre continuó:
- Tíos, primos, miembros mayores del clan. Será una cena formal. Pueden venir acompañados.
Hanabi dejó de mover el cuchillo.
Aquello sí llamó su atención.
-¿Acompañados?
-Sí.
Neji también entendió. Pero no dijo nada. Hanabi intentó disimular la sonrisa que comenzaba a aparecerle. Ren. Naturalmente. Por primera vez desde que habían formalizado su relación, podría presentarlo frente a parte de su familia sin esconder nada. Ya imaginaba su reacción. Su fuego.
Probablemente Ren produciría una procesión de figuritas incendiarias desmayándose al enterarse de que iba a una reunión formal Hyuuga.
Aquello casi consiguió hacerla reír.
-Entonces invitaré a Ren.
Su padre ni siquiera levantó la voz.
-No.
La sonrisa desapareció. Hanabi quedó inmóvil.
-¿Qué?
-He dicho que no.
Neji bajó lentamente los ojos hacia su taza. Hanabi miró a su padre.
-Acabas de decir que podemos ir acompañados.
-De parejas formales.
-Ren es mi pareja.
-Para ti. Para esta familia -continuó el hombre- sigue siendo una conquista temporal.
Hanabi sintió cómo algo helado le atravesaba el pecho.
-No vuelvas a llamarlo así.
Su padre levantó una ceja.
-¿Perdón?
-Ren no es una conquista.
-Hanabi.
-Es mi novio.
-Y yo ya te expliqué mi posición.
La muchacha dejó los cubiertos.
-Tu posición no cambia mi relación.
-Sí cambia lo que esa relación significa dentro de esta casa.
Neji cerró los ojos. Sabía hacia dónde iba aquello. Y una parte de él quería intervenir. Otra seguía herida. Porque Hanabi había organizado algo tan importante con Boruto. Porque había recurrido a Ren y a Boruto cuando sus dones se descontrolaron. Porque había aprendido a vivir sin él.
Y aquella herida silenciosa estaba convirtiéndolo en alguien que observaba demasiado y actuaba demasiado poco. Su padre continuó:
-La reunión será familiar. No permitiré que aparezcan personas que dentro de unas semanas probablemente ya no formen parte de nuestras vidas.
Hanabi se puso de pie.
-Entonces yo no voy.
La frase cayó sobre la mesa. Neji levantó inmediatamente la cabeza.
Su padre también.
-Si Ren no puede ir, yo tampoco.
-Siéntate.
-No.
-Hanabi.
-No pienso sentarme.
El tono del hombre cambió. Ya no era conversación. Era autoridad.
-Si decides faltar a una reunión familiar por un muchacho que conoces desde hace relativamente poco, reconsideraré ciertas decisiones que tomé respecto de tu futuro.
Hanabi palideció. Neji se tensó.
-¿Qué decisiones?
Su padre sostuvo su mirada.
-El convento.
Silencio absoluto. Hanabi dejó de respirar. Neji sintió un golpe seco en el pecho.
-Papá -murmuró.
El hombre ni siquiera lo miró.
-Si eres incapaz de respetar las normas de tu propia familia, quizá me precipité al permitirte continuar con esta vida.
Hanabi tenía los ojos abiertos. Pero parecía no ver.
-No puedes...
-Sí puedo.
-Dijiste que habías cambiado de opinión.
-Mientras demostrases madurez.
-¡¿Y enamorarme es inmaduro?!
-Desafiar a tu familia constantemente sí.
Hanabi apretó las manos.
-No te estoy desafiando.
-Acabas de decir que no asistirás a una reunión familiar porque tu novio no fue invitado.
-Porque lo estás despreciando.
-Estoy estableciendo límites.
-¡Lo llamaste una conquista temporal!
Su padre se inclinó ligeramente hacia adelante.
-Hanabi, escúchame muy bien. No necesito una hija que transforme cada decisión en un conflicto. No necesito gastos, problemas ni escándalos internos. Tus dones no cambian eso.
Aquello la destruyó. Más que el convento. Más que la prohibición.
Más que Ren. Hanabi se quedó completamente quieta.
-¿Gastos?
Su voz apenas salió. Neji levantó inmediatamente los ojos. Su padre respondió con frialdad:
-Tu educación, tu entrenamiento, tu mantenimiento, tu seguridad. Todo cuesta.
-Soy tu hija.
-Precisamente por eso espero responsabilidad.
Hanabi lo miró. Y por primera vez Neji vio algo que no había visto desde hacía mucho tiempo. Su hermana parecía pequeña. Mucho más pequeña que catorce años.
-Entonces para ti soy...
No terminó. Su padre se limitó a decir:
-Asistirás el sábado.
Hanabi tragó saliva.
-Sí.
-¿Sí qué?
-Sí, papá.
Él sonrió.
-¿Ves? Hablando se entiende la gente.
Hanabi bajó la mirada. Neji sintió ganas de romper algo. Pero no dijo nada. Y ese silencio suyo también tendría consecuencias.
La parte que Neji no vio
Hanabi subió a su habitación. Cerró la puerta. Se quedó apoyada contra ella. Matatabi saltó desde la cómoda hacia su cama. La pequeña bestia de fuego la miró. Hanabi no lloró inmediatamente. Eso fue lo peor.
Simplemente permaneció allí.
Quietísima. Como si todavía estuviera intentando comprender aquella palabra. Gastos. No hija. No hermana. No familia. Gastos. Se sentó en la cama. Matatabi se acercó. Hanabi la tomó entre los brazos.
-No importa.
La gata levantó la cabeza.
-No importa.
Aquella vez sí aparecieron las lágrimas.
-No voy a perderlo.
Pensaba en Ren. Después en Boruto. En la academia. En Itachi.
En todo aquello que finalmente había empezado a construir por sí misma.
-No voy a perderlos.
Matatabi ronroneó contra su pecho.
-Aunque tenga que hacer todo lo que quiera.