La mañana siguiente a la reunión familiar amaneció demasiado silenciosa en la mansión Hyuuga.
Hanabi bajó a desayunar con la misma sensación con la que llevaba días despertándose: la de entrar en una casa que conocía de memoria, pero que ya no sentía completamente suya.
Su padre estaba sentado en la cabecera de la mesa. Periódico abierto. Café. Neji frente a él. Nada parecía diferente. Y quizá por eso dolía más. Hanabi se sentó.
-Buenos días.
Neji respondió inmediatamente:
-Buenos días.
Su padre apenas inclinó la cabeza.
-Buenos días.
Hanabi tomó una taza. Sirvió té.
Durante unos segundos solo se escuchó el papel del periódico al pasar. Entonces ella habló.
-Quiero preguntarte algo.
Su padre no levantó los ojos.
-Pregunta.
-Ayer dijiste que la reunión era exclusivamente familiar y que solo podían asistir parejas reconocidas.
Silencio.
-Correcto.
Hanabi apretó los dedos alrededor de la taza.
-No permitiste que Ren viniera.
-Correcto.
-Pero Neji llevó a Mía.
Neji levantó lentamente la mirada.
Hanabi aclaró inmediatamente:
-No estoy diciendo que me haya molestado. Me encantó que estuvieran todos. Me divertí muchísimo con ellos.
Su voz se suavizó un instante al recordar a Boruto haciendo el ridículo con su agua. Después volvió a mirar a su padre.
-Pero no entiendo por qué Mía podía venir y Ren no.
Su padre pasó otra página.
-Porque esta es mi casa.
Hanabi quedó inmóvil.
-¿Qué?
-Mi casa. Mi dinero. Mi familia. Mi reunión - Finalmente levantó la vista -Por lo tanto invito a quien considero apropiado.
Hanabi sintió un golpe seco en el pecho. Neji intervino:
-Papá...
El hombre levantó una mano.
-No.
Neji apretó la mandíbula.
-Pero...
-No estás siendo interrogado, Neji.
Su hijo quedó callado. Hanabi miró a su hermano. Aquello no le gustaba.
-¿Y yo qué soy entonces? -preguntó ella.
Su padre volvió a mirarla. Esta vez la decepción era evidente.
-Tú sigues a prueba.
Hanabi palideció.
-¿A prueba de qué?
-De demostrar que mereces recuperar plenamente tu lugar dentro de esta familia.
Neji se tensó.
-Papá, eso no...
-He dicho que no intervengas.
El tono fue suficiente. Neji guardó silencio. Pero sus manos se cerraron con fuerza debajo de la mesa. Hanabi respiró lentamente.
-¿Recuperar mi lugar?
Su padre dejó el periódico.
-Neji ya se ganó el suyo.
El muchacho abrió los ojos.
-No necesito que...
-Neji es el heredero. Cumple con sus obligaciones. Respeta las decisiones familiares. Ha demostrado equilibrio, responsabilidad y capacidad de liderazgo - Después volvió hacia Hanabi -Tú todavía tienes mucho que demostrar.
La muchacha sintió una mezcla de rabia y dolor.
-Todo esto por Ren.
-No.
-Entonces ¿por qué?
-Porque el origen de este desastre sigue siendo el mismo.
Hanabi dejó de respirar. Neji comprendió inmediatamente.
-Papá...
- Una mentira.
Hanabi bajó los ojos.
-Una mentira tuya -continuó el hombre- que manipuló a tu hermano exactamente en el punto que sabías que era más vulnerable.
Hanabi apretó los labios.
-Lo sé.
-No, Hanabi. Creo que todavía no comprendes completamente lo que provocaste.
Neji se levantó.
-Basta.
Su padre lo miró.
-Siéntate.
-No quiero que...
-Neji.
El muchacho quedó quieto. Hanabi susurró:
-Déjalo.
Neji giró hacia ella.
-Hanabi...
-Quiero escucharlo.
El padre continuó, implacable:
-Por aquella mentira Neji atacó a una persona inocente. A Mía. A la muchacha que amaba.
Hanabi cerró los ojos.
-Y después quedó destruido durante semanas.
Neji apartó la mirada.
-Papá...
-Hasta el punto de que llegamos a temer seriamente por él y por su vida.
Aquello cayó como una piedra sobre la mesa. Hanabi palideció.
Ella sabía que su hermano había sufrido. Sabía que había dejado de comer correctamente. Que había dejado de vivir como antes. Pero oírlo formulado así, la atravesó.
-Yo...
Su padre no le permitió refugiarse en una disculpa rápida.
-Neji puede haberte perdonado.
Pero yo no.
Neji levantó la cabeza de golpe.
Hanabi también.
-¿Qué?
-No te he perdonado.
El tono era frío. Extraordinariamente controlado.
-Y ya no me interesa que nos quieras o no.
Hanabi pareció encogerse.
-Papá...
-Me interesa tu obediencia.
Neji dio un paso adelante.
-Eso es demasiado.
-No he terminado - Hanabi no apartó los ojos. Su padre continuó-Vives en mi casa. Llevas mi apellido. Eres miembro de nuestro clan. Tu comportamiento será impecable.
Cada frase parecía una puerta cerrándose.
-Seguirás mis reglas. Y una de ellas es simple: antes que los de afuera está la familia.
Hanabi tragó saliva.
-Ren no es...
-Para esta familia todavía es alguien de afuera.
-Es mi novio.
- Y Boruto es tu amigo.
-Sí.
-Y tú confías en ellos antes que en tu propio hermano - Hanabi quedó inmóvil - Eso es lo que considero imperdonable.
Neji lo miró horrorizado. Hanabi tardó varios segundos en responder.
-Yo no...
-No me interesa que me expliques que eres independiente.
Su padre se inclinó ligeramente hacia ella.
-Lo que veo es que te importa más Ren y Boruto que tu hermano y tu familia.
-Eso no es verdad.
-Tus actos dicen otra cosa.
-¡No!
Por primera vez Hanabi levantó la voz.
-¡Ren estuvo cuando lo necesité!
Boruto estuvo cuando lo necesité.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
-Cuando tuve problemas con el Byakugan, ellos estuvieron.
-Y podrías haber recurrido a Neji.
-¡NO SABÍA CÓMO!
Neji cerró los ojos. Aquello le dolió.
Hanabi lo miró.