El Legado De Las Almas

El lugar recuperado

La noticia tardó menos de una mañana en recorrer toda la Academia Élite de Konoha. Al mediodía ya había trascendido los muros. Para la tarde, media ciudad conocía una versión más o menos correcta de lo sucedido. Hanabi Hyuuga había sido interceptada por el enemigo. Había recibido una oferta. Poder. Libertad. Seguridad.
La posibilidad de vivir sin responder ante nadie. Y había dicho que no.

Pero lo que más se repetía no era aquello. Era otra cosa. Que cuando el enemigo intentó utilizar contra ella el dolor que sentía por su familia, Hanabi había elegido quedarse con los suyos. Con Neji.
Con Ren. Con Boruto. Con todos. Y cuando la historia llegó finalmente hasta su padre, algo cambió. No de golpe. No con una escena emocional. No con lágrimas. Su padre no funcionaba así.

Pero aquella noche la llamó al despacho. Hanabi entró. Se quedó junto a la puerta.

-¿Querías verme?

Él dejó unos documentos sobre la mesa.

-Sí.

Hanabi esperó. Su padre la observó durante unos segundos.

-Me contaron lo sucedido.

-Supuse.

-También me dijeron que rechazaste su propuesta.

-Sí.

-A pesar de que utilizó contra ti lo ocurrido en esta casa.

Hanabi quedó quieta.

-Sí.

El hombre respiró.

-Y elegiste regresar.

Ella frunció apenas el ceño.

-Esta también es mi casa.

Aquella respuesta pareció afectarlo más de lo que demostró.

-Bien.

Abrió un cajón. Sacó una carpeta. La dejó sobre el escritorio.

-A partir de hoy recuperas formalmente todos tus derechos dentro de la familia.

Hanabi parpadeó.

-¿Qué?

-Tu posición. Tus privilegios. Tu acceso a las cuentas asignadas a tu nombre. Tus decisiones académicas dentro de los límites familiares -
Hanabi no respondió. Su padre continuó -También acepto a Ren.

Silencio.

-¿A Ren?

-Como tu novio - Hanabi lo miró fijamente -Y como potencial miembro de esta familia si la relación continúa siendo seria.

Hanabi tardó varios segundos.

-Gracias.

Solo eso. Nada más. Su padre esperó. Quizás una sonrisa. Quizás un abrazo. Algo. No llegó. Hanabi se limitó a decir:

-¿Eso era todo?

Él asintió.

-Sí.

-Buenas noches.

-Hanabi.

Ella se detuvo.

-¿Sí?

-Puedes disponer desde mañana de una cuenta nueva. Si necesitas ropa, equipamiento, materiales, transporte o cualquier otra cosa, pídelo.

Hanabi lo miró.

-Está bien.

-Sin restricciones absurdas.

-Gracias.

Y salió. Su padre observó la puerta cerrarse. No parecía preocupado. No demasiado. Para él, el respeto importaba más. La obediencia. La pertenencia. La estructura.

-Ya volverá -murmuró para sí.

Pero incluso si no lo hacía, Neji todavía lo quería. Y para él, por ahora, eso bastaba.

Privilegios

Hanabi aceptó todo. No por entusiasmo. Por practicidad.
Uniformes nuevos. Materiales. Una tablet mejor para estudiar. Acceso libre al gimnasio privado. Equipamiento para entrenamiento.
Transporte. Una tarjeta familiar con un límite que hizo que Boruto casi se desmayara cuando se enteró.

-¿CUÁNTO?

Hanabi le mostró la pantalla. Boruto abrió la boca. Ren también.

-Eso no es una tarjeta -dijo Boruto- Es un arma de destrucción económica.

Hanabi sonrió apenas.

-No pienso gastar todo.

-Ese no es el punto.

-¿Cuál es?

Boruto levantó la mano dramáticamente.

-¡EL PODER!

Ren negó.

-No la incites.

-¿Incitarla a qué?

-A comprar estupideces.

El agua de Boruto produjo inmediatamente una pequeña Hanabi entrando a una tienda y saliendo con treinta bolsas. Ren señaló.

-Eso.

Hanabi soltó una risa. Matatabi movió las dos colas. Ren sonrió al verla reír. Y el fuego lo traicionó.
Apareció una pequeña figura de Ren sosteniendo una corona sobre Hanabi. Boruto la señaló.

-Ahí está.

Ren cerró los ojos.

-No.

La figura coronó a Hanabi.

REINA.

Hanabi sonrió.

-Me gusta.

Ren se puso rojo.

-Claro que te gusta.

Ren entra oficialmente en la familia

La primera vez que Ren entró a la mansión Hyuuga como novio reconocido oficialmente, estaba mucho más nervioso que en cualquier combate. Boruto lo acompañó hasta la puerta.

-Respira.

-Estoy respirando.

-Parece que estás sufriendo una falla respiratoria.

-Boruto.

-Ren.

-Vete.

-No.

-Por favor.

El fuego apareció. Un pequeño Ren estaba frente a una puerta gigantesca. Sudaba. Otro rezaba.
Otro escribía un testamento. Boruto comenzó a reír.

-¡JAJAJA! ¡TU FUEGO YA ESTÁ PREPARANDO LA HERENCIA!

-¡NO ES GRACIOSO!

La puerta se abrió. Neji apareció.
Miró a Ren. Después a Boruto.
Después el pequeño testamento de fuego.

-¿Qué es eso?

Ren cerró los ojos.

-Nada.

Boruto sonrió.

-Está aterrorizado.

-BORUTO.

Neji dejó pasar a ambos.

-Tranquilo. Mi padre te acepta.

Ren susurró:

-Eso no significa que no pueda matarme.

Neji arqueó una ceja.

-No creo. Hoy no al menos.

Boruto perdió el control. Ren palideció. Neji sonrió apenas.

-Era broma.

Ren lo miró.

-No haces bien las bromas.

-Estoy practicando.

Hanabi apareció.

-Ren.

La expresión del chico cambió por completo. El fuego también.
Corazones. Flores. Un pequeño Ren caminando sobre nubes. Boruto señaló.

-Confirmado. Sigue vivo.

Mientras tanto: el problema Naruto

El aula de Neji llevaba tres días sufriendo. No los alumnos. El edificio. Porque Naruto estaba en época de exámenes. Y un Naruto estresado era prácticamente una amenaza arquitectónica. Todo comenzó con una prueba de Matemáticas. Naruto leyó la primera consigna. Frunció el ceño. Su lápiz flotó. Sakura lo vio.




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