Boruto había aprendido algo durante el combate contra Ren que no conseguía quitarse de la cabeza.
No tenía que ver con el empate. Ni con el nuevo nivel de poder de Ren.
Ni siquiera con el hecho de que su Jōgan hubiera neutralizado el control mental. Era Mitsuki.
La manera en que lo había sentido.
Aquella tristeza profunda. El miedo.
Y, sobre todo, la certeza instintiva de que su pequeña bestia legendaria no quería separarse de él.
Al principio Boruto intentó convencerse de que estaba exagerando. Mitsuki parecía feliz.
Sonreía. Dormía enroscado alrededor de su cuello. Se metía dentro de su campera cuando hacía frío.
Le hablaba con aquella voz juvenil que parecía tener exactamente su misma edad. Podía bromear. Podía ser sarcástico. Incluso parecía divertirse muchísimo observando el desastre emocional que provocaban el fuego de Ren y el agua chismosa de Boruto. Pero ahora Boruto sabía mirar mejor. Y una vez que lo descubrió ya no pudo dejar de verlo.
Aquella mañana entró en la academia con Mitsuki enroscado alrededor de su cuello.
-Buenos días -saludó Boruto.
La pequeña cabeza celeste apareció junto a su mejilla. Los ojos dorados de Mitsuki recorrieron el pasillo.
Hay demasiada gente.
Boruto sonrió.
-Es una academia, genio.
Lo sé.
-Entonces no te quejes.
Mitsuki se restregó contra su mejilla. Boruto levantó un dedo y acarició suavemente su cabeza. La reacción fue inmediata. La serpiente cerró los ojos. Sonrió. Y se apretó todavía más contra él. Boruto también sonrió.
-Eres demasiado mimado.
Tú empezaste.
-Mentira.
Me acaricias cada cinco minutos.
Boruto pensó.
-Porque te gusta.
Sí.
-Entonces asunto resuelto.
Ren apareció desde el otro extremo del pasillo.
-¿Con quién discutes?
-Con Mitsuki.
-Ah.
Ren ya no preguntaba. Porque ahora él también tenía una voz dentro de la cabeza. Una muy ruidosa. La nueva bestia legendaria de Ren se había reducido completamente después del combate. Era un pequeño león de fuego. Apenas un poco más grande que un gato. Pero se había instalado definitivamente sobre el hombro izquierdo de Ren. No había manera de bajarlo. Ren lo había intentado una vez.
-Tengo que cambiarme la campera.
El león lo miró.
-Baja.
Nada.
-Cinco minutos.
Nada.
-Dos.
El león apoyó la cabeza contra su mejilla.
-No hagas eso.
¿Esto?
Y le dio un cabezazo cariñoso. Ren abrió los ojos.
-¡HABLASTE!
El rugido mental fue reemplazado inmediatamente por una carcajada juvenil.
¡JAJAJAJAJA!
Ren quedó inmóvil.
-¿Tú también tienes voz de adolescente?
¿Qué esperabas?
-No sé. Algo más...
Ren observó a la criatura.
-Majestuoso.
Silencio. Después:
¡JAJAJAJAJAJA!
Ren cerró los ojos.
-Esto va a ser insoportable.
El león comenzó a amasarle el hombro con las patas.
-¡Oye!
Cómodo.
-Mi hombro no es una almohada.
Ahora sí.
Ren lo miró.
-Necesitas nombre.
El león levantó la cabeza.
Ya tengo.
Ren se quedó quieto.
-¿Cuál?
Nemeo.
Ren parpadeó.
-¿Como Nemea?
Algo así.
-¿Eres el león de Nemea?
Nemeo volvió a reír.
No exactamente. Pero me gusta que pienses en grande.
Ren suspiró.
-Perfecto. Otro ser misterioso en mi vida.
El fuego de Ren apareció. Una figurita de él estaba rodeada por Hanabi, Matatabi y Nemeo. Encima podía leerse:
MI FAMILIA ME SUPERA EN NÚMERO.
Nemeo soltó otra carcajada directamente dentro de su mente.
¡JAJAJAJA!
Ren se tapó una oreja.
-¡NO TE ESCUCHO POR LOS OÍDOS!
Boruto, que acababa de llegar, empezó a reír.
-¿También se burla de ti?
-Muchísimo.
El fuego creó un pequeño Nemeo señalando a Ren mientras se reía.
Boruto cayó contra la pared.
-¡JAJAJAJA!
-¡NO AYUDES!
Nemeo descubre el fuego chismoso
Nemeo adoraba el fuego de Ren.
Para desgracia absoluta de su humano. La primera vez que Hanabi entró en el aula, Ren levantó la mirada. Nada más. Pero su fuego opinó. Apareció una pequeña Hanabi envuelta en flores. Después un Ren diminuto con ojos de corazón. Ren cerró los ojos.
-No.
Nemeo levantó la cabeza. Vio las figuritas. Y entonces Ren escuchó:
¡JAJAJAJAJAJAJA!
-No.
Hanabi se acercó.
-Hola.
-Hola.
El fuego creó un pequeño Ren arrodillándose frente a ella.
MI NOVIA ES PERFECTA.
Nemeo se retorció de risa sobre su hombro.
¡JAJAJAJA! ¡DICE QUE ERES PERFECTA!
Ren palideció.
-¡TÚ TAMPOCO LA AYUDES!
Hanabi arqueó una ceja.
-¿Qué dijo?
Ren miró al frente.
-Nada.
Nemeo le dio otro cabezazo.
Cobarde.
-Cállate.
Hanabi sonrió.
-Me cae bien.
Ren quedó horrorizado.
-¡Ni siquiera puedes escucharlo!
-Pero veo tu cara.
Boruto apareció detrás.
-Y además tu fuego traduce.
Como si lo hubiese escuchado, el fuego escribió:
NEMEO DICE: COBARDE.
Silencio. Hanabi estalló en carcajadas. Ren dejó caer la cabeza sobre el pupitre.
-Quiero abandonar esta dimensión.
Nemeo comenzó a amasarle el hombro.
No. Aquí me divierto.
Mitsuki y Nemeo
Sorprendentemente, Mitsuki y Nemeo se llevaron bien desde el principio. La primera vez que quedaron frente a frente, Boruto y Ren se prepararon para algo espectacular. Fuego. Agua. Dos bestias legendarias. Tal vez una demostración de poder. Quizás un desafío.
Nemeo saltó del hombro de Ren.
Mitsuki levantó la cabeza desde el cuello de Boruto. Se miraron.
Silencio. Nemeo acercó la nariz.
Mitsuki hizo lo mismo. Después Nemeo se acostó. Mitsuki se enroscó alrededor de una de sus patas. Boruto parpadeó.