El Legado De Las Almas

La sombra que recordaba I

Todo comenzó con una sombra. No con una batalla. No con una explosión. No con el Jōgan. No con una visión de Naruto o Mía atravesando el pasado. Ni siquiera con alguna de las manifestaciones indiscretas del fuego de Ren o del agua de Boruto. Fue una sombra.

Una simple sombra proyectada sobre el suelo del gimnasio por la luz del atardecer. Y, sin embargo, después de aquel día ninguno de ellos volvería a mirar a Mitsuki de la misma forma. La sesión de entrenamiento había terminado hacía casi veinte minutos. Itachi insistía en que el descanso formaba parte del entrenamiento y, para demostrarlo, había prohibido que cualquiera volviese a utilizar sus dones durante media hora.

-Media hora -había dicho.

Naruto había levantado una mano.

-¿Telequinesis involuntaria cuenta?

-Sí.

-Entonces no puedo prometer nada.

Itachi había cerrado los ojos.

-Inténtalo.

Ahora todos ocupaban diferentes sectores del gimnasio. Naruto estaba sentado en el suelo junto a Sakura, comiendo algo que ella le había obligado a aceptar porque llevaba toda la tarde entrenando con Kurama. Mía conversaba con Neji. Sasuke estaba apoyado contra una pared y aparentemente escuchaba a Ino, aunque su pequeño dragón dormía sobre su hombro y él llevaba varios minutos mirando discretamente el anillo amarillo champán que ahora brillaba en la mano de su novia.

Hanabi estaba sentada junto a Ren.
Matatabi dormía sobre sus piernas.
Nemeo, el pequeño león de fuego, estaba instalado en el hombro izquierdo de Ren y amasaba la tela de su campera con absoluta satisfacción.

-Nemeo.

El leoncito continuó.

-Nemeo.

Estoy acomodándome.

-Llevas diez minutos acomodándote.

Tu hombro necesita preparación.

-¿Preparación para qué?

Para mí.

Ren cerró los ojos. Hanabi rio. El fuego apareció inmediatamente. Un pequeño Nemeo de llamas estaba remodelando el hombro de un Ren diminuto con martillo y herramientas. Boruto, tumbado a pocos metros, soltó una carcajada.

-¡JAJAJA! ¡Te está haciendo refacciones!

-No lo alientes.

Nemeo rio dentro de la mente de Ren.

¡JAJAJAJAJA!

Ren hizo una mueca.

-Encima se ríe directamente dentro de mi cerebro.

Boruto sonrió.

-Bienvenido.

Mitsuki estaba enroscado alrededor del cuello del rubio. La pequeña serpiente de agua descansaba con la cabeza asomada entre los cabellos dorados de Boruto. Él levantó un dedo. Acarició suavemente la cabecita celeste.
Mitsuki cerró los ojos. Sonrió. Otra vez. Boruto arqueó una ceja.

-¿Qué soy? ¿Tu masajista personal?

Mitsuki volvió a restregarse contra su mejilla.

Sí.

-Por lo menos eres sincero.

Boruto volvió a acariciarlo. Aquello ya se había convertido en un gesto automático. Mitsuki pedía contacto sin pedirlo. Un roce. Un cabezazo. La pequeña cabeza contra su mejilla. Y Boruto siempre respondía.
Era una especie de idioma privado que los dos habían aprendido antes incluso de comprender que lo estaban hablando. Itachi los observó. No dijo nada. Seguía pensando en lo mismo.

Mitsuki no era como las otras bestias. No exactamente. Había algo humano en él. Algo demasiado humano. Y aquella tarde estaba a punto de descubrir hasta qué punto.

La sombra

El sol estaba descendiendo. Una enorme franja de luz anaranjada atravesó las ventanas laterales del gimnasio. Boruto se puso de pie.

-Voy a buscar agua.

Naruto levantó inmediatamente la cabeza. Boruto se detuvo. Lo miró.
Naruto respiró.

-No dije nada.

Boruto sonrió.

-Estoy orgulloso de ti.

-Vete antes de que cambie de opinión.

-Sí, papá.

Naruto hizo una mueca.

-Lo dices para provocarme.

Boruto comenzó a alejarse.

-Tal vez.

Mitsuki permanecía alrededor de su cuello. Entonces Neji dejó de hablar con Mía. Su Byakugan se activó instintivamente. No sabía por qué.
Simplemente algo había cambiado en su visión periférica.

-Esperen.

Boruto se detuvo.

-¿Qué?

Neji no respondió. Miraba el suelo.
Sasuke siguió su mirada. Su Sharingan apareció. Y quedó completamente inmóvil.

-¿Qué demonios...?

Naruto se puso de pie.

-¿Qué pasa?

Itachi activó también el Sharingan.
Hanabi levantó la cabeza. Su Byakugan apareció. Ren sintió a Nemeo tensarse sobre su hombro. Ino dejó de sonreír. Sakura se acercó. Mía frunció el ceño. Boruto miró a todos.

-¿Por qué me están mirando así?

Neji señaló.

-Tu sombra.

Boruto bajó la mirada. La luz del atardecer proyectaba su silueta sobre el piso pulido. Pero no era la de un muchacho. Todos ellos ya habían descubierto aquello tiempo atrás. La sombra de Boruto tenía nueve colas. Un zorro. Un Kyuubi. No gigantesco. No monstruoso.
Tenía aproximadamente el mismo tamaño que él. Era la evidencia silenciosa de aquello que Boruto era en aquella nueva existencia, humano. Pero también algo más.

Una mitad del Kyuubi convertida en muchacho. Eso ya no sorprendía. Lo que sorprendió fue Mitsuki.
Porque en el lugar donde debería haber aparecido la sombra de una pequeña serpiente, había un muchacho. Nadie habló. La sombra estaba sentada. Sobre el lomo del Kyuubi de sombra. Piernas flexionadas. Cabellos de longitud media, irregulares. Una postura relajada.

Cabeza inclinada ligeramente hacia Boruto. Y algo en su silueta resultaba extrañamente familiar.
Boruto dejó caer lentamente los brazos.

-Mitsuki...

La serpiente levantó la cabeza.

¿Qué pasa?

Boruto miraba fijamente el suelo.

-Tu sombra.

Mitsuki también miró. Y entonces se quedó completamente rígido.
Sasuke dio un paso hacia adelante.

-Eso no es una serpiente.

Naruto estaba pálido. Mía murmuró:

-Es una persona.

Itachi se acercó lentamente. Cuanto más miraba la silueta, más detalles percibía. La sombra humana llevaba algo parecido a ropa ninja. Una especie de túnica. Pantalones.
Sandalias. Y alrededor de la cintura, la forma de un cinturón o fajín.
Neji activó el Byakugan con mayor intensidad.




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