Boruto había descubierto un problema nuevo. Uno grave.
Ridículo. Incómodo. Y, según su agua, absolutamente imposible de ocultar. Los celos.
Hasta hacía poco, Mitsuki había pasado prácticamente inadvertido para el resto de la academia. Cuando era una pequeña serpiente acuática enroscada alrededor del cuello de Boruto, todos lo encontraban adorable, misterioso o fascinante. Pero ahora era humano.
Y eso había cambiado las cosas.
Muchísimo. Mitsuki tenía catorce años, largos cabellos celestes que le rozaban los hombros, ojos dorados imposibles de ignorar, piel clara y aquella forma tranquila de caminar que contrastaba con sus ropas negras y azules de estilo gótico moderno. Además, hablaba poco.
Sonreía menos. No intentaba impresionar a nadie. Y precisamente por eso llamaba todavía más la atención. Boruto empezó a descubrirlo con creciente horror.
-Te están mirando otra vez.
Mitsuki, sentado junto a él en una mesa del patio, continuó leyendo.
-¿Quiénes?
-Esos.
-¿Cuáles?
-Los de allá.
Mitsuki levantó lentamente los ojos.
Dos chicas estaban mirándolo.
Cuando comprobaron que Mitsuki las había visto, sonrieron. Mitsuki devolvió una sonrisa amable.
Boruto dejó el lápiz.
-¿Por qué les sonríes?
Mitsuki volvió al libro.
-Porque me sonrieron.
-No tienes que devolver todas las sonrisas que recibes.
-¿Existe una normativa al respecto?
Boruto frunció el ceño.
-No.
-Entonces...
El agua apareció. Una figurita diminuta de Boruto emergió sobre la mesa. Llevaba un imaginario uniforme de policía y levantaba un cartel:
PROHIBIDO MIRAR A MITSUKI.
Mitsuki observó aquello. Boruto cerró los ojos.
-No.
La figurita agregó otro cartel:
MUCHO MENOS SONREÍRLE.
Mitsuki comenzó a reír.
-¡NO ES GRACIOSO!
-Muchísimo.
-¡AGUA, DESAPARECE!
El pequeño policía acuático sacó unas esposas. Mitsuki tuvo que taparse la boca. Boruto deseó evaporarse. Pero aquello no era nada comparado con lo que sucedería durante el recreo.
Dos chicos mayores
Boruto y Mitsuki caminaban juntos por uno de los corredores exteriores cuando dos alumnos de cursos superiores se acercaron. Debían tener dieciséis o diecisiete años.
Boruto los reconoció de vista. Mitsuki no.
-Hola -saludó uno.
Mitsuki se detuvo.
-Hola.
Boruto también. Aunque su saludo fue bastante menos amable.
-¿Qué pasa?
El segundo chico ignoró deliberadamente a Boruto.
-Tú eres Mitsuki, ¿no?
-Sí.
-Te vimos entrenando hace unos días.
Mitsuki asintió. Boruto cruzó los brazos. El primero sonrió.
-Vamos a una fiesta esta noche. Pensamos que quizá quisieras venir con nosotros.
Boruto contestó inmediatamente:
-No.
Silencio. Los dos chicos lo miraron.
Mitsuki también. Boruto mantuvo una expresión completamente seria.
-¿Perdón? -preguntó uno.
-Dije que no.
-Le preguntamos a él.
-Escuché perfectamente.
Mitsuki levantó una ceja. El segundo muchacho volvió a dirigirse al peliceleste.
-¿Quieres venir?
-No puede.
Mitsuki giró lentamente hacia Boruto.
-¿No puedo?
Boruto se dio cuenta. Demasiado tarde.
-Quise decir...
El agua apareció. Un pequeño Boruto acuático se interpuso delante de una miniatura de Mitsuki mientras sostenía una espada gigantesca.
¡RETÍRENSE!
Los dos muchachos miraron la escena. Mitsuki miró la escena.
Boruto palideció.
-Ignoren eso.
La figurita acuática levantó otro cartel.
MITSUKI YA TIENE PLANES CONMIGO.
Boruto abrió los ojos.
-¡¿QUÉ PLANES?!
El agua respondió:
LOS INVENTAREMOS.
Mitsuki soltó una carcajada. Uno de los chicos sonrió.
-Creo que tu amigo está un poco celoso.
-¡NO ESTOY CELOSO!
El agua creó instantáneamente una versión acuática de Boruto envuelta en llamas imaginarias mientras abrazaba posesivamente una figura de Mitsuki. Encima apareció una sola palabra:
CELOS.
Boruto se tapó el rostro.
-Voy a demandar a mi propio don.
Mitsuki estaba disfrutando demasiado. Pero no se rindieron Los dos chicos mayores se marcharon. Por unos veinte minutos. Después regresaron. Esta vez encontraron a Mitsuki solo junto a las máquinas expendedoras. Boruto estaba a pocos metros hablando con Ren.
Uno de los chicos aprovechó.
- Mitsuki.
El peliceleste giró.
- Otra vez ustedes.
- Solo queríamos saber si lo pensaste.
Mitsuki permaneció tranquilo.
- No mucho.
- Podríamos pasar a buscarte.
- No hace falta.
Boruto los vio. Dejó de escuchar completamente a Ren.
- Oh, no.
Ren siguió su mirada.
-Boruto...
El agua empezó a acumularse alrededor de los zapatos del rubio.
Ren retrocedió.
-No hagas ninguna estupidez.
Boruto caminó hacia ellos.
-¡Mitsuki!
Mitsuki lo miró.
-Hola, mi sol.
Los dos mayores intercambiaron miradas. Boruto llegó junto a él.
-¿Qué quieren?
Uno suspiró.
-Hablar con Mitsuki.
-Ya hablaron.
-Boruto -murmuró Mitsuki.
-¿Qué?
-Puedo contestar yo.
Aquello lo detuvo. Boruto cerró la boca. Tenía razón. No podía decidir por Mitsuki. Aunque cada fibra de su cuerpo quisiera expulsar a esos dos de la academia utilizando el Jōgan como catapulta. Mitsuki miró a los chicos. Y sonrió. Boruto sintió el primer pinchazo.
-Gracias por invitarme.
El segundo pinchazo.
-Pero no voy a ir.
Boruto levantó ligeramente la cabeza.
-¿No?
Mitsuki siguió hablando:
-Tengo otros planes.
Uno de los muchachos preguntó:
-¿Con él?
Señaló a Boruto. Mitsuki miró al rubio. Sus ojos dorados brillaron divertidos.
-Probablemente.
Boruto dejó de funcionar. El agua no. Una figurita acuática apareció arrodillada en el suelo. Otra levantó los brazos al cielo. Otra hacía una danza de victoria. Y otra sostenía un cartel enorme: