El Legado De Las Almas

El agua que gritó desde adentro

Los celos habían empezado siendo ridículos. Pequeños Borutos de agua esposando pretendientes.
Carteles acuáticos que proclamaban PROHIBIDO MIRAR A MITSUKI.

Tragedias griegas en miniatura cada vez que alguien atractivo se acercaba demasiado al peliceleste.
Mitsuki se divertía. Ren se reía hasta quedarse sin aire. Hanabi decía que el agua de Boruto era la criatura más indiscreta de toda Konoha. Boruto protestaba.

Pero detrás de las bromas había algo que ninguno había comprendido todavía. Una grieta.
No en el amor de Boruto. En su miedo. Porque Boruto acababa de recuperar una vida que había perdido una vez. Había recuperado a Naruto. A Sasuke. A Mitsuki. Una familia. Un hogar. Una segunda oportunidad.

Y precisamente porque ahora tenía tanto, tenía muchísimo que perder.
Alguien lo comprendió. Alguien que llevaba semanas observándolo. El enemigo no necesitaba derrotar al Jōgan. No necesitaba superar su telequinesis. Ni atravesar el agua. Ni vencer al viento o al rayo. Solo necesitaba encontrar una emoción suficientemente intensa y empujar.

La voz

Boruto estaba solo en uno de los corredores laterales de la academia.
Había salido unos minutos antes del aula porque necesitaba despejarse.
Había vuelto a ver a aquellos dos chicos mayores conversando con Mitsuki. No había ocurrido nada.
Absolutamente nada. Mitsuki había sido amable. Ellos también. Eso era todo. Boruto lo sabía.

Pero la imagen seguía molestándolo. Apoyó la espalda contra una pared.

-Qué estupidez...

El agua apareció sobre su hombro.
Una pequeña figura de Boruto cruzaba los brazos mientras miraba con furia a dos muñequitos.

-Sí, ya sé que estoy celoso.

La figurita asintió.

-No necesito representación gráfica.

La figurita levantó un cartel:

MUY CELOSO.

-Gracias.

Boruto cerró los ojos. Y entonces escuchó una voz. Dulce. Femenina.
Hermosa.

-No tienes por qué sentir vergüenza.

Boruto abrió los ojos. Miró alrededor. No había nadie.

-¿Hola?

Silencio. Después...

-Los celos nacen porque amas.

Boruto frunció el ceño.

-¿Quién eres?

La voz no respondió. Parecía deslizarse directamente dentro de su cabeza. No como Mitsuki. No como Kurama hablando con Naruto.
Aquello era distinto. Cálido. Hipnótico. Como si cada palabra llegara envuelta en seda.

-Amas a tu hermosa luna.

Boruto se tensó.

-No lo llames así.

-¿Por qué? Tú eres su sol. Él puede ser tu luna.

Boruto quiso activar el Jōgan. No pudo. Algo ya estaba envolviendo su conciencia.

-Y esos dos intentaron quitártelo.

-No.

Boruto negó.

-Mitsuki no pertenece a nadie.

-Qué noble.

La voz pareció sonreír.

-Qué dolorosamente noble.

Boruto apoyó una mano contra la pared.

-Sal de mi cabeza.

-Solo quiero ayudarte.

-No necesito ayuda.

-Claro que sí.

La voz se hizo todavía más dulce.

-Quieres castigarlos.

Boruto sintió frío.

-No.

-Sí.

Una imagen apareció. Los dos chicos. Mitsuki sonriéndoles. El pecho de Boruto ardió.

- Hazlo.

- No.

- Dales una lección.

- No quiero lastimarlos.

- Entonces ¿por qué estás tan enfadado?

Boruto cerró los ojos.

- Porque soy un idiota.

- No.

La voz lo acarició desde dentro.

- Porque amas.

Algo se deslizó más profundamente.

- Tu padre tampoco quiso ayudarte.

Boruto abrió los ojos.

- No metas a mi papá.

- Te dijo que no podía decidir por Mitsuki.

- Porque tiene razón.

- Te abandonó con tu miedo.

- ¡No!

- Castígalo también.

Boruto sintió náuseas.

- Jamás.

- Y Mitsuki...- Aquello sí atravesó la última defensa -Mitsuki sabe que lo amas. Y aun así no se declara.

Boruto respiró con dificultad.

-Él me está dando tiempo.

-¿O está esperando a alguien mejor?

-Cállate.

-Enciérralo.

Boruto abrió los ojos. El Jōgan apareció involuntariamente.

-Así nadie podrá quitártelo.

-No.

-Será tuyo.

-¡NO!

-Para siempre.

Boruto intentó moverse. Su cuerpo no respondió. El terror sustituyó a los celos.

-¿Qué me estás haciendo?

La voz rio suavemente. Y pronunció la orden.

-Pero primero... neutraliza a Itachi.

El mundo se volvió negro.

Prisionero

Boruto despertó. Pero no abrió los ojos. Intentó levantar una mano.
Nada. Intentó gritar. Nada. Intentó activar el Jōgan. Nada. Podía ver.
Podía oír. Podía sentir. Pero ya no estaba conduciendo su propio cuerpo.

-¿Qué...?

Su voz no salió. Frente a él apareció una oscuridad inmensa. Y Boruto comprendió. Estaba dentro.
Encerrado dentro de sí mismo.

-¡NO!

Golpeó algo invisible.

-¡SUÉLTAME!

Afuera su cuerpo comenzó a caminar.

Itachi

Itachi estaba revisando unos informes cuando Boruto entró.

-¿Boruto?

El muchacho sonrió. Pero no era su sonrisa. Itachi lo percibió inmediatamente.

-¿Qué sucede?

-Necesito mostrarte algo.

Itachi dejó el informe.

-¿Qué?

Boruto levantó una mano. El Jōgan permanecía apagado. El agua no estaba. Itachi frunció el ceño.

-¿Dónde está tu agua?

Boruto sonrió otra vez.

-Durmiendo.

Aquella palabra bastó. Itachi se puso de pie.

-Boruto...

Demasiado tarde. Una energía invisible golpeó su mente. Itachi intentó resistir. Sharingan. Defensa mental. Disciplina. Experiencia. Pero el ataque no provenía completamente de Boruto..Había algo más utilizando su poder como conducto. Itachi cayó sobre una rodilla.

-Tú... no eres...

Boruto lo sujetó antes de que golpeara el suelo. Lo llevó hasta una sala contigua. Lo dejó cuidadosamente dentro. Incluso bajo control Boruto no permitió que su cuerpo lastimara a Itachi. La voz lo notó.




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