El Legado De Las Almas

El día en que todo volvió al suelo

Boruto tardó cinco días en regresar a la academia. Cinco días. Para cualquier otro alumno aquello habría significado algunas faltas, apuntes atrasados y profesores preguntando si había llevado certificado.

Para Boruto Uzumaki significó que durante cinco días media Academia Élite de Konoha había estado emocionalmente pendiente de una sola puerta que no se abría. Y, en el caso particular de Naruto, significó algo todavía más evidente, los objetos habían dejado de respetar la gravedad.

Durante cinco días, cada vez que alguien mencionaba a Boruto, un lápiz ascendía. Cada vez que Naruto pensaba que su hijo seguía encerrado en casa, una silla se elevaba. Cada vez que recordaba el control mental algún escritorio terminaba peligrosamente cerca del techo. Sakura había desarrollado reflejos extraordinarios.

-Naruto.

-¿Qué?

-La mochila.

Naruto miraba arriba.

-Ah.

Y bajaba la mochila.

-Naruto.

-¿Ahora qué?

-El escritorio de Neji.

-¿Qué hace ahí?

Neji, mirando su propio escritorio flotando a dos metros del suelo:

-Esa es una excelente pregunta.

Pero aquella mañana todo estaba abajo. Y nadie comprendió por qué hasta que Boruto atravesó las puertas de la academia. Llegó con las manos metidas en los bolsillos.
Pantalones negros. Zapatillas negras y fucsias. Remera oscura.
Campera negra con detalles fucsias.
Cabello rubio deliberadamente desordenado. Mitsuki caminaba a su derecha.

Y alrededor del cuello de Boruto estaba enroscada la pequeña serpiente acuática de ojos dorados.
El otro Mitsuki. Boruto llevaba unos minutos repitiéndose mentalmente:

Camina normal. Solo camina. No mires a nadie. No pienses. Especialmente: NO PIENSES.

Porque pensar era peligroso cuando tu agua consideraba la privacidad un concepto burgués y prescindible.
Llegaron al vestíbulo. Boruto levantó la mirada. Y se detuvo. Había gente esperándolo. Mucha.
Demasiada.

-Oh, no.

Mitsuki sonrió.

-Oh, sí.

-¿Por qué hay tanta gente?

-Porque te quieren.

-Eso no responde por qué parecen estar esperando la llegada de una celebridad internacional.

Un alumno gritó:

-¡BORUTO!

Boruto cerró los ojos.

-Quiero volver a casa.

No tuvo tiempo. Un grupo de compañeros de su curso se acercó.

-¡Volviste!

-¿Estás bien?

-¡Nos preocupaste muchísimo!

-¡No vuelvas a desaparecer así!

-¡Pensábamos que tardarías semanas!

-¡Te guardamos los apuntes!

Boruto parpadeó. Esperaba miedo.
Rechazo. Miradas incómodas.
Susurros. Esperaba que alguien retrocediera al verlo. Nadie lo hizo.
Una chica se acercó.

-Me alegra mucho verte.

Boruto tragó saliva.

-Gracias.

Otro compañero añadió:

-Y los dos chicos que resultaron heridos también preguntaron por ti.

Boruto perdió la sonrisa.

-Ellos...

-Están bien.

Silencio.

-Y saben que no eras tú.

Boruto bajó la mirada. No pudo responder. Su garganta se cerró.
Mitsuki lo observó. La serpiente levantó la cabeza. Y entonces el agua decidió responder por él. Una pequeña gota se desprendió de la manga de Boruto.

-No.

Boruto la vio.

-Ni se te ocurra.

La gota creció.

-Agua.

Apareció un Boruto diminuto.

-Te lo advierto.

El mini Boruto acuático tenía los ojos enormes. Después apareció otro. Y otro. Uno abrazaba frenéticamente a treinta muñequitos acuáticos. Otro lloraba.
Otro saltaba. Otro sostenía un cartel:

LOS EXTRAÑÉ.

Boruto se quedó petrificado. La academia entera soltó un:

-Aaaaaawwwww.

Boruto palideció.

-No.

Apareció otro cartel.

TENÍA MIEDO DE VOLVER.

Boruto intentó atraparlo.

-¡DESAPARECE!

El pequeño Boruto corrió por el aire.
Los alumnos comenzaron a reír.
Otro muñeco apareció escondido debajo de una cama acuática.

PENSÉ QUE ME ODIARÍAN.

Las risas desaparecieron. Boruto se detuvo. La figurita salió lentamente de debajo de la cama. Un grupo de pequeños compañeros acuáticos corrió hacia ella y la abrazó. Boruto miró aquello. Después miró a sus compañeros. Una chica negó con la cabeza.

-Idiota.

Boruto parpadeó.

-¿Qué?

Ella sonrió.

-¿Cómo íbamos a odiarte?

Otro chico agregó:

-Estabas controlado.

-Y aun así luchaste desde adentro -dijo alguien más.

-Tu agua pidió ayuda.

-Todos vimos eso.

Boruto tragó saliva.

-Yo...

El agua levantó un cartel:

VOY A LLORAR.

Boruto giró violentamente.

-¡NO VOY A LLORAR!

Sus ojos ya estaban húmedos.

-¡Y TÚ CÁLLATE!

La academia estalló en carcajadas.
Boruto también. Y aquello terminó de romper la tensión. Entonces apareció Ren. Había permanecido detrás del grupo. Boruto lo vio.
Sonrió.

-Hola.

Ren metió las manos en los bolsillos.

-Hola.

-¿Eso es todo?

-¿Qué quieres?

-No sé. Estuve cinco días sin venir.

Ren se encogió de hombros.

-Me di cuenta.

Boruto entrecerró los ojos.

-¿Me extrañaste?

-No.

Mitsuki giró lentamente hacia Ren.
Boruto sonrió.

-¿No?

-Fue muy tranquilo.

-Ah.

-Maravilloso, en realidad.

-Entiendo.

-Nadie riéndose de mi fuego.

-Perfecto.

-Nadie preguntándome cada cinco minutos si puedo hacer figuritas.

-Claro.

-Nadie molestándome.

Boruto asintió solemnemente.

-Entonces imagino que estás decepcionado porque regresé.

-Devastado.

Y el fuego apareció. Ren palideció.

-No.

Una llamita salió de su hombro.

-No hagas esto.

La llama creció.

-¡TE ESTOY HABLANDO!

Apareció un Ren diminuto hecho enteramente de fuego. Boruto abrió una sonrisa gigantesca.

-Oh, esto va a ser maravilloso.

-Boruto, ni una palabra.




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