El Legado De Las Almas

El día de los que se atrevieron

El Día de los Enamorados amaneció en Konoha con una cantidad francamente ofensiva de corazones. Había corazones en las vidrieras. Corazones en las cafeterías. Corazones colgados de los balcones. Corazones de chocolate. Globos. Flores.

Promociones para parejas. Fotografías. Carteles. Y, para desgracia de algunas personas, también había fuego y agua con una absoluta incapacidad para respetar la intimidad de sus dueños.
Para cuando dieron las diez de la mañana, Boruto ya había decidido algo fundamental. Aquel día no iba a preocuparse por Neji y Mía.

No iba a preguntar. No iba a intervenir. No iba a planear. No iba a investigar. No iba a intentar hacer que dos personas de dieciséis años que se amaban desesperadamente tuvieran la brillante revelación de convertirse en pareja. Tenía cosas muchísimo más importantes que hacer. Concretamente, Mitsuki.

Y, por primera vez desde que había regresado a aquel mundo, Boruto estaba nervioso por algo que no tenía ninguna relación con enemigos, poderes, dimensiones o vidas pasadas. Estaba nervioso porque iba a declararse. Su agua, por supuesto, llevaba desde las siete de la mañana anunciándolo públicamente.

Naruto y Sakura

-¿Eso es todo?

Sakura contempló las bolsas que Naruto acababa de dejar sobre la encimera de su departamento.
Naruto se volvió.

-¿Qué?

-Pregunté si eso es todo.

Naruto miró las siete bolsas. Después miró a Sakura.

-Sí.

Sakura abrió una. Verduras. Otra.
Carne. Otra. Pasta. Otra. Chocolate.
Otra. Frutas. Otra. Ingredientes que Sakura ni siquiera identificó.

-Naruto...

-Voy a cocinar.

-¿Para cuántas personas?

-Dos.

- Parece que vas a alimentar a una familia de doce.

Naruto se llevó una mano al pecho.

-Mi reina, hoy no aceptaré críticas hacia mi planificación romántica.

Sakura se echó a reír. Estaba preciosa. Llevaba ropa cómoda porque Naruto le había dicho que no hiciera planes para salir. Quería pasar el día entero allí. Sin academia. Sin especialistas. Sin enemigos. Sin entrenamiento. Sin los demás. Solo ellos. Naruto la contempló durante unos segundos.
Y se olvidó completamente de lo que estaba haciendo. Sakura ladeó la cabeza.

-¿Qué?

-Nada.

-Naruto.

-Te amo.

Sakura sonrió.

-Eso tampoco responde.

-Es que estabas ahí.

-Normalmente estoy ahí cuando vienes a mi departamento.

- Pero estabas especialmente ahí.

Sakura empezó a reír. Naruto la rodeó por la cintura.

-Feliz Día de los Enamorados, mi reina.

-Feliz día, mi amor.

Se besaron. Y una cuchara comenzó a levitar detrás de Naruto. Sakura abrió un ojo. Otra cuchara ascendió.
Después un cucharón. Sakura se separó apenas.

-Naruto.

-¿Qué?

Señaló detrás. Naruto giró.

-Ah.

-¿Qué estás sintiendo?

Naruto volvió a mirarla.

-Cosas.

-Eso veo.

Una olla comenzó a separarse de la encimera.

-¡Naruto!

-¡ESTOY ENAMORADO, NO PUEDO HACER NADA!

Sakura lo besó nuevamente. La olla cayó. Naruto sonrió contra sus labios.

-Encontramos el método.

-No pienso pasar todo el día besándote para mantener los muebles en el suelo.

Naruto levantó una ceja.

-Yo no veo ningún inconveniente.

Sakura le golpeó suavemente el pecho.

-Cocina.

-Autoritaria.

-Y tú me amas.

Naruto tomó una sartén.

-Desgraciadamente.

Sakura lo abrazó por detrás.

-Mentiroso.

Naruto sonrió.

Sí.

Aquel día sería perfecto.

Sasuke había reservado

A las doce y media, Sasuke Uchiha estaba sentado junto a una ventana en uno de los restaurantes más lujosos de Konoha. Ino estaba frente a él. Y no dejaba de mirar su anillo. El diamante amarillo atrapaba la luz cada vez que movía la mano.
Sasuke llevaba observándola hacer exactamente lo mismo durante quince minutos.

-¿Vas a mirar la comida en algún momento?

Ino levantó la vista.

-Estoy ocupada.

-Lo noto.

-Es hermoso.

-Lo dijiste cuarenta veces.

-Cuarenta y tres.

Sasuke arqueó una ceja. Ino extendió la mano sobre la mesa.

-Míralo.

-Lo compré yo.

-Pero míralo puesto.

Sasuke miró. El diamante amarillo brillaba sobre la mano de Ino.

-Te queda bien.

Ino sonrió.

-Porque lo elegiste pensando en mí.

-Sí.

-Porque estás enamorado.

-Ino.

-Profundamente.

-Come.

-Perdidamente enamorado.

Sasuke intentó mantener la expresión seria. No pudo. Ino empezó a reír.

-¡Sonreíste!

-No.

-¡Sí!

-Reflejo muscular.

-Sasuke Uchiha está enamorado de mí.

-Lamentablemente.

Ino se levantó parcialmente para inclinarse sobre la mesa y besarlo.
Sasuke sostuvo suavemente su rostro. Cuando se separaron, Ino volvió a mirar el anillo.

-¿Sabes qué es lo mejor?

-¿Qué?

-Que después vamos a tu departamento.

Sasuke tomó su bebida.

-Ese era el plan.

-¿Todo el día?

-Todo el día.

-¿Sin Naruto?

-Ese es uno de los principales atractivos.

Ino soltó una carcajada.

-¿Sin Boruto?

-Todavía mejor.

-¿Sin Mía?

-Perfecto.

-¿Sin Neji?

Sasuke pensó.

-Probablemente esté sufriendo en alguna habitación por no atreverse a invitar a Mía a salir.

Ino dejó de reír.

-Pobre.

-Es su decisión.

-También es un idiota.

-Eso no está en discusión.

Ino sonrió.

-¿Crees que harán algo hoy?

Sasuke miró por la ventana.

-No.

Y lamentablemente acertó. Al menos durante buena parte del día.

La mansión de Ren

Hanabi había estado nerviosa desde que Ren le dijo que quería llevarla a casa. No a estudiar. No a entrenar.
No a pasar un rato. A presentarla.
Formalmente. La mansión de Ren pertenecía a una de aquellas familias que no necesitaban colocar carteles anunciando cuánto dinero tenían. Bastaba mirar.




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