El Legado De Las Almas

El profesor que hacía flotar la literatura

El día después de San Valentín, la Academia Élite de Konoha tenía un problema. El amor seguía allí. No había desaparecido con los corazones de papel ni con las promociones de los restaurantes. Parecía haberse instalado en los pasillos, en las aulas y, para desgracia de quienes pretendían conservar cierta dignidad, en las miradas.

Sasuke e Ino llegaron juntos. Sakura y Naruto llegaron tomados de la mano. Ren y Hanabi prácticamente brillaban. Boruto llevaba una sonrisa tan sospechosamente feliz que cualquiera que supiera que Mitsuki había aceptado ser su novio comprendía inmediatamente el motivo. Y después estaban, Neji y Mía.

Que no eran novios. Definitivamente. Absolutamente.
Indiscutiblemente. No eran novios.
Ese pequeño detalle no impedía que Mía entrara al aula usando la campera blanca y negra de Neji porque tenía frío. Ni que Neji cargara la mochila de ella. Ni que Mía llevara dos cafés y entregara uno sin preguntarle.

Ni que Neji apartara una silla para que se sentara junto a él. Ni que sus dedos se rozaran debajo del escritorio y ninguno de los dos tuviera demasiada urgencia por apartarlos. Boruto, que había ido al aula de su padre antes de comenzar sus propias clases, los contempló desde la puerta.

-No.

Mitsuki estaba junto a él.

-¿Qué?

Boruto señaló.

-Eso.

Mitsuki miró. Mía estaba acomodándole el cuello de la camisa a Neji.

-¿Qué tiene?

-¡NO SON NOVIOS!

Mía giró.

-¡Te escuché!

-¡ERA LA IDEA!

Neji cerró los ojos.

-¿No tienes tu propia aula?

-¡Sí! ¡Pero vine cinco minutos y ya me arrepiento!

El agua apareció. Una pequeña Mía acuática besaba la mejilla de un Neji diminuto. Boruto señaló la representación.

-¡MIRA ESO!

Mía se puso colorada.

-¡Controla tu agua!

-¡TÚ CONTROLA TU RELACIÓN!

Naruto se desplomó sobre su escritorio riéndose. Sakura se tapó la boca. Ino aplaudió. Sasuke murmuró:

-Por una vez estoy de acuerdo con Boruto.

Neji lo miró traicionado.

-¿Tú?

Sasuke levantó la mano donde tenía entrelazados los dedos con Ino.

-Yo resolví mi problema.

Ino enseñó orgullosamente su diamante amarillo.

-Confirmo.

Neji miró a Naruto buscando algún aliado. Naruto inmediatamente abrazó a Sakura.

-No me metas. Yo tengo novia.

Mía abrió la boca.

-¡Traidores!

Boruto señaló a todos.

-¡Exactamente! ¡TODOS AVANZARON MENOS USTEDES!

Mitsuki tiró suavemente de su campera.

-Tenemos clase.

-Un momento, mi rey.

Treinta cabezas giraron. Boruto se congeló. Mitsuki sonrió.

-¿Mi rey?

El agua explotó en corazones.
Boruto palideció.

-Nos vamos.

Salió disparado. Mitsuki fue detrás riendo. Naruto gritó:

-¡SUERTE, HIJO!

Desde el pasillo llegó:

-¡NO NECESITO SUERTE!

Mía miró a Neji.

-Nuestro sobrino es insoportable.

Neji bebió tranquilamente su café.

-¿Nuestro?

Mía quedó inmóvil. Neji también.
Sasuke levantó lentamente una ceja. Ino abrió muchísimo los ojos.
Sakura sonrió. Naruto parecía a punto de explotar. Neji corrigió inmediatamente:

-Tu sobrino.

-Claro.

-Eso dije.

-No. Dijiste nuestro.

-Te equivocaste.

-Tengo excelente audición.

-Pues hoy no.

Mía sonrió. Neji se puso rojo. Naruto murmuró:

-Y dicen que no son novios.

Una goma de borrar voló misteriosamente contra él.

-¡AU! ¡NEJI!

-No fui yo.

-¡TIENES TELEQUINESIS!

-Tú también.

Naruto abrió la boca.

-Buen argumento.

Y entonces sonó el timbre.

Una noticia inesperada

Los treinta alumnos esperaron.
Literatura. Mía dejó el café.

-¿No había renunciado la profesora?

Sakura asintió.

-Ayer.

-Sin avisar -añadió Ino.

Sasuke tenía el libro abierto.

-Habrá suplente.

Naruto apoyó la cabeza sobre el escritorio.

-Mientras no haga evaluación sorpresa, amaré a quien entre por esa puerta.

Neji lo miró.

-No digas esas cosas. El universo te escucha.

-Exagerado.

La puerta se abrió. Entró un hombre joven. No aparentaba mucho más de treinta años. Largos cabellos rubios, parte de ellos cayéndole sobre el rostro, mirada vivísima y una energía que parecía ocupar el aula antes incluso de que pronunciara una palabra.

Llevaba ropa moderna, informal para los estándares de algunos profesores, una carpeta debajo del brazo y una sonrisa extraordinariamente segura. Se colocó frente al escritorio.

-Buenos días.

Naruto levantó la cabeza. Lo miró.
Parpadeó. El hombre lo miró.
También parpadeó. Durante aproximadamente cuatro segundos nadie dijo nada. Entonces Mía giró hacia Naruto. Volvió a mirar al profesor. Giró hacia Naruto. Otra vez profesor.

-No.

Sakura hizo exactamente lo mismo.

-Un momento.

Ino susurró:

-¿Por qué hay otro?

Sasuke frunció el ceño. Neji miró a Naruto.

-¿Pariente?

-¡NO!

El profesor levantó una ceja.

-¿Qué sucede?

Un alumno del fondo señaló a Naruto.

-Usted es igual a él.

-¿A quién?

Treinta dedos señalaron simultáneamente. Naruto se hundió en la silla.

-Esto es humillante.

El profesor miró a Naruto. Cabello rubio. Ojos claros. Energía inquieta.
Expresión entre curiosa, descarada y ligeramente desafiante.

-Ah.

Naruto lo señaló.

-¡NO SOMOS PARIENTES!

-Ni siquiera pregunté.

-Todo el mundo lo estaba pensando.

Deidara sonrió.

-Bueno, si sirve de algo, yo tampoco tenía conocimiento de haber producido descendencia adolescente.

Sakura soltó una carcajada. Naruto abrió muchísimo los ojos.

-¡¿PRODUCIDO QUÉ?!

Mía cayó sobre la mesa.

-Me agrada.

-¡MÍA!

Deidara dejó la carpeta.

-Soy Deidara. Desde hoy seré su profesor de Literatura. La anterior docente presentó su renuncia y me ofrecieron sus horas. También aumentaron la carga semanal de cuatro a seis horas, así que...-
Sonrió - Nos veremos bastante.




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