El Legado De Las Almas

El hombre que eligió la luz

Nadie en la Academia Élite de Konoha habría relacionado jamás la palabra oscuridad con Deidara. Caos, sí. Extravagancia, sin ninguna duda. Profesor extraño, definitivamente. Profesor incapaz de mantener una silla en el suelo cuando Itachi entraba inesperadamente en su aula, también. Pero oscuridad. No.

Por eso, cuando finalmente descubrieron quién había sido Deidara antes de conocer a Itachi, la revelación cambiaría para siempre la manera en que los diez lo miraban.
Y ocurrió de la peor manera posible.
Porque no fue Deidara quien decidió contarles su secreto. Fue el enemigo.

El hombre anterior a Itachi

Dos días después de incorporarse como profesor, Deidara estaba solo en una de las terrazas superiores de la academia. Había terminado sus clases. El viento agitaba los mechones rubios que escapaban de su coleta. Tenía un libro abierto sobre las piernas. No estaba leyendo.

-Sigues haciendo eso.

Deidara no levantó la mirada.

-¿Qué?

Itachi se sentó junto a él.

- Mirar una página durante diez minutos y fingir que lees.

- Soy profesor de Literatura. Es parte de mi prestigio profesional.

- Estás en la misma página desde que llegué.

-¿Me estabas vigilando?

- Observando.

- Eso es vigilar con vocabulario elegante.

Itachi sonrió. Deidara finalmente lo miró. Y allí estaba otra vez. Aquella transformación diminuta que Itachi conocía mejor que nadie. Los hombros de Deidara se relajaron. Su mirada perdió dureza. La comisura de sus labios se elevó. Una lapicera olvidada sobre una mesa cercana flotó cinco centímetros. Itachi la miró. Deidara también.

-Ni se te ocurra.

-No dije nada.

-Tu cara dijo bastante.

Itachi tomó su mano. La lapicera subió otros diez centímetros.

-Traidor -murmuró Deidara mirando su propio poder.

Pero no apartó la mano. Itachi entrelazó sus dedos.

-Quiero que conozcas mejor a los chicos.

Deidara arqueó una ceja.

-Les doy seis horas semanales. Probablemente terminaré conociendo hasta sus traumas literarios.

-No hablo como profesor.

Deidara se puso serio. Itachi continuó:

-Naruto. Mía. Sasuke. Ino. Sakura. Neji. Y también Boruto, Mitsuki, Ren y Hanabi.

- Los conozco.

- Superficialmente.

Silencio. Itachi acarició su mano con el pulgar.

- Quiero que los conozcas porque creo que los necesitas.

La expresión de Deidara cambió.

- Yo te tengo a ti.

- Lo sé.

- Entonces no necesito...

- Deidara.

Aquella sola forma de pronunciar su nombre consiguió detenerlo. Itachi sostuvo su mirada.

- No quiero ser tu única razón.

Deidara retiró la mano. Esta vez la lapicera cayó.

- No empieces.

- Algún día tendrás que hablar de esto.

- No.

- Ellos necesitan saber con quién están luchando.

- Yo no estoy luchando con ellos.

- Todavía.

Deidara se levantó.

- No soy uno de tus héroes, Itachi.

- Nunca dije que lo fueras.

- Entonces deja de intentar convertirme en uno.

Itachi también se levantó.

- No quiero convertirte en nada -
Se acercó - Quiero que descubras que existen más cosas que vale la pena proteger.

Deidara soltó una risa seca.

- Yo te protejo a ti.

- Precisamente. Y eso me asusta.

Los ojos celestes se clavaron en los negros. Itachi añadió suavemente:

- Porque sé perfectamente qué ocurriría si algún día alguien consiguiera convencerte de que me perdiste.

Deidara no respondió. No hacía falta. Ambos conocían la respuesta.

El secreto

Aquella tarde los diez estaban reunidos en una sala de entrenamiento. Naruto estaba sentado en el suelo con Kurama.
Boruto y Mitsuki compartían una botella. Ren estaba junto a Hanabi.
Mía y Neji discutían sobre algo.
Sakura estaba prácticamente encima de Naruto.

Ino tenía la cabeza apoyada sobre el hombro de Sasuke. Deidara entró. Se detuvo. Los observó. Boruto levantó la mano.

-¡Profesor!

- Fuera de clase puedes decirme Deidara.

Naruto sonrió.

-¡Deidara!

-Tú no. Tú eres demasiado entusiasta.

Boruto se rio. Itachi entró detrás.
Deidara lo miró.

-¿Por qué están todos aquí?

-Porque quiero que sepan.

Deidara perdió la sonrisa. Sasuke inmediatamente se incorporó.

-¿Sepamos qué?

Itachi no respondió por él. Miró a Deidara. Le estaba dejando elegir.
Deidara respiró lentamente. Después miró a aquellos diez chicos.

-Yo no siempre fui profesor.

Naruto arqueó una ceja.

-Eso sería difícil. Imagino que primero fue niño.

Deidara lo señaló.

-Precisamente comentarios como ese hacen que esto sea complicado.

Boruto soltó una carcajada. Mía le pegó suavemente a Naruto.

-Déjalo hablar.

Deidara caminó hasta una ventana.

-Cuando digo que no siempre fui esto, quiero decir que...

Buscó las palabras. No encontró ninguna agradable. Así que utilizó la verdadera.

-Era oscuridad.

Nadie rio. Deidara se volvió.

-No estaba triste. No estaba confundido. No era un pobre incomprendido esperando que alguien me rescatara. Quiero que quede claro.

Itachi permaneció inmóvil.

-Me gustaba.

Boruto dejó de sonreír.

-¿Qué cosa?

-El poder. El caos. Destruir. Comprobar hasta dónde podía llegar.

Deidara levantó una mano. Una silla se separó del suelo. Sus dedos hicieron un pequeño movimiento.
La silla se desmontó en el aire. Treinta piezas quedaron suspendidas. Otro movimiento.
Volvió a reconstruirse. Descendió intacta.

-Podía hacer esto desde muy joven. Y descubrí bastante rápido que podía hacer cosas mucho peores.

Neji lo observaba atentamente.

-¿Qué cambió?

Deidara miró a Itachi. Todo el mundo siguió aquella mirada.

-Él.

Itachi no se movió. Deidara sonrió apenas.




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