Deidara tardó varios días en aceptar una verdad que, a su juicio, resultaba profundamente irritante.
Itachi seguía siendo su persona favorita. Eso no estaba en discusión. Probablemente jamás lo estaría. Pero había aparecido alguien peligrosamente cerca del segundo puesto. Y era Naruto.
Lo descubrió una tarde casi por accidente. Estaban en una de las salas especiales de entrenamiento. Itachi revisaba informes mientras Deidara preparaba la clase extraordinaria que daría a los diez. Naruto había llegado demasiado temprano y estaba sentado sobre una mesa comiendo galletas.
-¿Quieres? -preguntó Naruto.
Deidara levantó la mirada de sus papeles.
-No.
Naruto siguió comiendo. Treinta segundos después, extendió nuevamente el paquete.
-¿Seguro?
-Sí.
Un minuto.
-¿Ahora?
Deidara lo miró.
-¿Por qué cambiaría mi respuesta?
Naruto se encogió de hombros.
-Porque pasó un minuto.
Deidara lo contempló. Naruto sonrió. Y Deidara sintió una extraña necesidad de reír.
-Dame una.
Naruto le entregó el paquete entero.
-Sabía que querías.
-No sabías nada.
-Te conozco.
-Hace dos semanas que me conoces.
-Tiempo suficiente.
Deidara tomó una galleta. Naruto permaneció a su lado. No existía silencio incómodo con él. Era extraordinario. Naruto podía permanecer callado durante diez segundos y después decir la cosa más absurda imaginable.
-¿Alguna vez pensaste en teñirte el cabello de negro?
Deidara casi se atragantó.
-¿Por qué demonios haría eso?
-Para diferenciarte de mí.
-¡Tú deberías teñirte!
-Yo llegué primero.
-¡Soy mayor!
-Pero yo estaba en la academia antes.
-¡ESO NO FUNCIONA ASÍ!
Itachi levantó la vista del informe. Y sonrió. Deidara lo vio.
-¿Qué?
-Nada.
-Estás haciendo esa cara.
-¿Qué cara?
-La de "yo sabía que esto ocurriría".
Itachi regresó tranquilamente al informe.
-No dije nada.
Naruto le susurró a Deidara:
-Eso significa que sí.
Deidara también susurró:
-Lo sé.
Ambos miraron a Itachi. Itachi no levantó la cabeza.
-Los escucho.
Naruto y Deidara se echaron a reír. Y fue entonces cuando Deidara comprendió. Le encantaba estar con Naruto. Muchísimo. Demasiado.
Había algo familiar en aquel adolescente que no tenía absolutamente nada que ver con la sangre. Los dos eran rubios.
Impulsivos. Ruidosos. Emocionales.
Apasionados. Sus telequinesis estaban vinculadas a sentimientos profundos.
Los dos podían pasar de una broma absurda a una seriedad intimidante en segundos. Los dos amaban ferozmente. Pero allí terminaban las semejanzas. Porque Naruto poseía algo que Deidara jamás había tenido. Una luz prácticamente absoluta. Naruto podía enfurecerse.
Podía odiar. Podía querer destruir al enemigo. Pero incluso en medio de la furia existía dentro de él una frontera que parecía imposible de atravesar, un inocente era un inocente.
Deidara no poseía aquella frontera.
Y eso iba a convertirse precisamente en el tema de aquella tarde.
La clase que dejó de ser divertida
Cuando llegaron los demás, Deidara se colocó frente a ellos. Naruto, Sakura, Sasuke, Ino, Mía y Neji ocuparon la primera fila. Boruto, Mitsuki, Ren y Hanabi, la segunda.
Las bestias legendarias permanecían alrededor. Itachi se situó al fondo. No iba a dirigir. No iba a corregir. Solo observaría.
Deidara escribió una única palabra:
VULNERABILIDAD
-La última vez perdieron.
Naruto frunció el ceño. Boruto inmediatamente levantó la mirada.
-No exactamente.
-Sí, exactamente.
Deidara se apoyó contra el escritorio.
-No me interesa cómo terminó la batalla. Me interesa cómo comenzó. Ustedes diez quedaron inmovilizados. Sus bestias fueron encerradas. El enemigo controló la situación.
Nadie discutió aquello. Porque era verdad.
-¿Por qué? -preguntó Deidara.
Hanabi respondió:
-Los rehenes.
-Exactamente.
Deidara caminó lentamente frente a ellos.
-El enemigo ya conoce uno de sus puntos débiles. Sabe que basta con poner suficientes inocentes delante para neutralizarlos.
Sakura apretó ligeramente la mano de Naruto.
-Nosotros no podíamos atacar -dijo ella- Habrían muerto.
-Y habrían muerto igualmente.
Sakura quedó callada. Deidara continuó:
-Supongamos que Itachi y yo no aparecíamos. Los llevaban ante su líder. Se quedaban con ustedes, sus dones y sus bestias. ¿Y creen que después habría liberado a los civiles?
Nadie respondió.
-Los habría asesinado de todas formas.
El silencio se hizo pesado. Boruto bajó la mirada. Mitsuki tomó discretamente su mano. Deidara señaló la pizarra.
-Eso significa que aquello que consideran una virtud se convirtió en un mecanismo que el enemigo puede utilizar contra ustedes.
Naruto comprendió adónde iba. Y no le gustó.
-¿Qué propones?
Deidara lo miró.
-Cambiar la regla.
-¿Cómo?
- Ignorándolos.
Silencio. Naruto parpadeó. Mía abrió la boca. Sakura parecía convencida de haber escuchado mal. Ino fue la primera:
-¿Perdón?
Deidara permaneció completamente tranquilo.
-La próxima vez que utilicen civiles sin dones como rehenes, no se detengan.
-¡¿QUÉ?! -exclamó Boruto.
Ren se incorporó.
-Eso es una locura.
Hanabi miró inmediatamente hacia Itachi. Itachi seguía apoyado contra la pared. Tranquilo. Observando. Neji preguntó:
-¿Estás sugiriendo aceptar bajas civiles?
-Estoy diciendo que si demuestran que un rehén funciona una vez, habrá cien rehenes la siguiente.
Sasuke lo observaba con mucha más frialdad. Entendía la lógica. Eso no significaba que la aceptara.
-Entonces encontraríamos otra manera -dijo.
Deidara sonrió.
-Eso es lo que todos dicen hasta que tienen tres segundos para decidir.