El entrenamiento llevaba casi tres horas. Naruto ya no podía recordar en qué momento había dejado de ser entrenamiento para convertirse en una forma particularmente sofisticada de tortura. La sala especial de la Academia Élite de Konoha había sido transformada por completo.
No parecía un gimnasio. Parecía una ciudad destruida. Proyecciones tridimensionales reproducían edificios, calles, vehículos, humo y civiles. Robots especializados representaban soldados enemigos.
Algunos sostenían armas. Otros mantenían sujetos a maniquíes térmicos que imitaban signos vitales humanos. Había explosiones simuladas, gritos, alarmas, estructuras cayendo y múltiples amenazas simultáneas. Itachi estaba detrás del cristal reforzado de observación. Deidara estaba dentro.
-Otra vez -ordenó.
Naruto respiraba agitadamente.
-Acabo... de hacerlo.
- Y fallaste.
Naruto levantó la cabeza.
-Salvé diecisiete de veinte.
- Entonces murieron tres.
Naruto apretó los dientes. Kurama, en tamaño pequeño, permanecía sobre su hombro. También estaba exhausto.
-Deidara - dijo Naruto - llevo tres horas.
-El enemigo no va a preguntarte si descansaste bien.
-Lo sé.
-Otra vez.
Naruto miró hacia Itachi. Quizá encontraría misericordia allí. Itachi pulsó un botón. El escenario se reinició. Naruto abrió muchísimo los ojos.
-¡¿TÚ TAMBIÉN?!
- Otra vez -repitió Itachi.
- Los odio.
Deidara sonrió.
- Eso te da energía. Úsala.
El escenario imposible
Las luces cambiaron a rojo. Una alarma.
SIMULACIÓN INICIADA.
Naruto cerró los ojos. Telequinesis.
Cronoquinesis. Percepción. Escudos. Tenía que procesarlo todo.
Un rehén a treinta metros. Dos enemigos. Una estructura inestable.
Cinco civiles atrapados. Tres robots avanzando. Otro enemigo escondido. Naruto extendió las manos. El mundo pareció frenarse.
No detenerse. Frenarse.
Los escombros quedaron suspendidos durante una fracción extraordinariamente larga. Naruto desplazó una estructura. Arrastró telequinéticamente a dos civiles.
Bloqueó un ataque. Kurama saltó.
Una barrera de chakra interceptó otro.
-¡Izquierda! -gritó Deidara.
Naruto giró. Demasiado tarde. Una luz roja apareció sobre uno de los maniquíes.
REHÉN ELIMINADO.
-¡Maldición!
Naruto detuvo otro ataque. Intentó alcanzar simultáneamente cuatro lugares. La telequinesis se dividió.
Un robot aprovechó.
SEGUNDO REHÉN ELIMINADO.
Naruto rugió. Una onda invisible recorrió la sala. Todos los robots salieron despedidos. El sistema se apagó. Silencio. Naruto quedó de rodillas. Deidara no sonreía. Itachi entró.
-Perdiste dos.
Naruto levantó la mirada.
-¡Pero neutralicé a todos!
-Después de perderlos -respondió Itachi.
-¡¿QUÉ QUIEREN QUE HAGA?!
La frustración explotó. Varias piezas del escenario ascendieron.
-¡Tengo que vigilar veinte rehenes, localizar enemigos, controlar estructuras, proteger a Kurama, detener ataques y además anticipar lo que todavía no ocurrió!
Deidara cruzó los brazos.
-Exactamente.
Naruto lo miró furioso.
-¡ESO NO ES HUMANAMENTE POSIBLE!
-Tú dejaste de entrar en parámetros humanos convencionales hace bastante tiempo, hermanito.
-¡NO ME DIGAS HERMANITO CUANDO QUIERO GOLPEARTE!
Deidara casi sonrió. Casi. Pero también estaba frustrado. Itachi revisó los datos.
-Tu problema sigue siendo el mismo. Intentas responder individualmente a cada amenaza.
-¡Porque son personas individuales!
-No hablo de su valor -dijo Itachi- Hablo de estrategia.
Naruto cerró los ojos. Estaba agotado. No podía pensar. Kurama se encogió hasta adoptar su forma más pequeña, trepó por Naruto y terminó enroscado sobre su hombro.
-Kurama...
El pequeño zorro soltó un sonido cansado. Apoyó la cabeza contra el cuello de Naruto. Y se durmió. Naruto acarició suavemente su lomo.
-Descansa.
Deidara observó aquello. La frustración de su rostro disminuyó.
-Tú también deberías descansar.
Naruto soltó una risa seca.
-Hace treinta segundos querías otra simulación.
-Cambié de opinión.
Itachi asintió.
-Terminamos por hoy.
Naruto se dejó caer contra la pared.
Cerró los ojos. Silencio. Por fin. Silencio. Hasta que dejó de haberlo.
Las voces
Naruto abrió los ojos.
-¿Escucharon eso?
Deidara miró a Itachi.
-¿Qué?
Naruto permaneció inmóvil. Había una voz. Lejana. Extraordinariamente lejana. No provenía de la sala. Ni del edificio. Ni siquiera de las calles cercanas. Era un pensamiento. Naruto frunció el ceño. Hasta entonces sus capacidades mentales habían funcionado fundamentalmente de manera defensiva: escudos, estructuras psíquicas, protección contra intrusiones. Aquello era distinto. La voz llegó otra vez.
....cuando termine, no debe quedar nadie...
Naruto se puso de pie.
-No.
Itachi comprendió inmediatamente que algo ocurría.
-¿Qué ves?
-No veo.
Naruto se tocó la sien.
-Escucho.
Deidara perdió la expresión relajada.
-¿A quién?
Otra mente.
Los que no tienen dones aprenderán cuál es su lugar.
Otra.
Por fin.
Otra más. Una sensación de satisfacción tan oscura que Naruto sintió náuseas.
El nuevo régimen necesitará trabajadores. Los útiles vivirán.
Naruto palideció.
-Dios...
-Naruto - dijo Itachi - Compártelo.
Naruto miró a ambos.
-No sé cómo.
-Tu mente acaba de alcanzar algo a enorme distancia. Intenta invertir el proceso.
Naruto respiró. Extendió mentalmente aquella conexión.
Itachi recibió primero. Deidara después. Y el mundo desapareció.
Un pueblo. Pequeño. Lejano. Calles tranquilas. Familias. Personas sin ninguna relación con aquella guerra.
Y alrededor el ejército enemigo.
Decenas. Preparándose. Armas.
Vehículos. Personas con dones.
Itachi palideció. Deidara dejó de respirar durante un instante.