El Legado De Las Almas

Héroes, autógrafos y muebles en el techo

La noticia tardó menos de doce horas en recorrer el país. Veinticuatro en cruzar fronteras. Y apenas unas pocas horas más en convertirse en un fenómeno imposible de controlar. Al principio fueron titulares. Después aparecieron las fotografías. Luego llegaron los videos.

Grabaciones tomadas desde ventanas, teléfonos de civiles, cámaras de seguridad y vehículos oficiales mostraban fragmentos de aquella batalla que, hasta entonces, los ocho involucrados habían considerado simplemente una misión desesperada. Ahora todo el mundo podía verla.

Naruto aparecía en uno de los videos levantando prácticamente media estructura mientras civiles corrían por debajo. Otro mostraba a Sasuke envuelto en relámpagos atravesando el flanco enemigo y neutralizando a los atacantes. Neji aparecía abriendo portales mientras Sakura entraba y salía de edificios evacuando familias.

Mía sostenía con telequinesis una pared completa que amenazaba con desplomarse. Ino permanecía en el centro de todo, inmóvil, con los ojos cerrados, conectando mentalmente a sus compañeros y coordinando aquella extraordinaria red humana. Itachi aparecía combatiendo con precisión quirúrgica. Y Deidara...

Bueno. Los videos de Deidara eran un problema aparte. Especialmente aquel en el que caminaba tranquilamente entre explosiones, con objetos flotando a su alrededor y una sonrisa que definitivamente no parecía pertenecer a un profesor de Literatura. El título del video era:

EL PROFESOR MÁS PELIGROSO DEL PAÍS.

Deidara lo descubrió durante el desayuno.

-No.

Itachi bebió café.

-Tiene dieciocho millones de reproducciones.

-No.

-Veintidós ahora.

Deidara dejó lentamente el teléfono.

-Voy a destruir Internet.

-No puedes destruir Internet.

-Puedo intentarlo.

La cafetera ascendió hasta el techo.
Itachi levantó la mirada.

-Deidara.

-No lo hago a propósito.

Aquella frase iba a convertirse en el lema oficial de la semana. La Academia Élite de Konoha dejó de parecer una academia El lunes por la mañana había cuarenta y siete periodistas frente a la entrada. El martes eran más de cien. El miércoles nadie se molestó en contarlos. Había móviles de televisión. Cámaras. Micrófonos.
Drones. Periodistas nacionales.
Corresponsales extranjeros. Personas que gritaban preguntas desde detrás de las vallas.

-¡NARUTO! ¡NARUTO! ¿ES VERDAD QUE DETUVISTE EL TIEMPO?

-¡SASUKE! ¡UNA DECLARACIÓN!

-¡MÍA! ¿CUÁNTAS PERSONAS SALVASTE?

-¡SAKURA! ¡MIRA AQUÍ!

-¡NEJI! ¡¿PUEDES ABRIR UN PORTAL AHORA?!

-¡INO! ¡¿PUEDES LEER NUESTROS PENSAMIENTOS?!

Ino se detuvo. Giró. Sonrió peligrosamente.

-Sí.

El periodista palideció. Ino no había leído absolutamente nada. Sasuke la tomó de la cintura.

- Cruel.

- Necesitaba cinco segundos de silencio.

Funcionó. El periodista bajó el micrófono inmediatamente. Pero detrás llegaron otros veinte. Los seis corrieron hacia la academia.
Literalmente. Naruto fue el último en entrar. Los guardias cerraron las puertas. Naruto apoyó la espalda contra ellas.

-¿Por qué corre tan rápido esa gente?

Sakura respiraba agitadamente.

-Porque tienen cámaras.

-¡UNO SALTÓ UNA VALLA!

-Quería una entrevista.

-¡ESO NO JUSTIFICA LAS HABILIDADES ATLÉTICAS!

Una maceta ascendió. Sakura levantó la cabeza.

-Naruto.

-No lo hago a propósito.

La maceta siguió subiendo.

-Naruto.

-¡ESTOY INTENTÁNDOLO!

Tres bancos comenzaron a temblar.
Sasuke miró hacia arriba.

-Ahí vamos.

-¡NO DIGAS "AHÍ VAMOS"!

Los bancos ascendieron. Mía cerró los ojos.

-Excelente.

Neji contempló el techo. Ya había dos sillas allí desde primera hora.
Ahora eran cinco objetos.

-Naruto.

-¡YA SÉ!

- Solo preguntaba si querías desayunar.

Naruto se detuvo.

- Ah.

Neji levantó una bolsa.

-Te traje algo.

Los objetos descendieron quince centímetros. Mía señaló.

-Comida.

Sakura asintió.

- Anotado.

Naruto los miró ofendido.

- No soy un animal salvaje.

Su mochila ascendió. Sasuke:

-Debatible.

Millones de felicitaciones

La dirección de la academia estaba viviendo el mejor y el peor momento de su historia. Llegaban mensajes de gobiernos. Instituciones. Organizaciones civiles. Padres. Universidades.
Academias extranjeras. Algunas felicitaciones agradecían específicamente que la Academia Élite contara entre su personal con profesores como Itachi y Deidara.
Deidara leyó aquello.

-¿Como yo?

Itachi sonrió.

- Como tú.

- ¿Saben que maté gente?

- Los informes oficiales especifican que neutralizaste amenazas letales activas durante una operación de rescate.

Deidara miró el documento.

- Eso es una manera elegantísima de escribirlo.

Itachi le quitó el informe.

- Por eso yo hago la burocracia.

Deidara lo miró enamorado. Una mesa comenzó a ascender. Itachi inmediatamente puso ambas manos encima.

-No.

-¿Qué?

-La mesa.

Deidara miró.

-Oh.

La mesa continuó elevándose con Itachi aferrado a ella.

-Deidara.

-¡Estoy intentando bajarla!

-Intenta mejor.

-¡NO LO HAGO A PROPÓSITO!

La puerta se abrió. Naruto entró. Una silla flotaba detrás de él. Ambos rubios se miraron. Deidara señaló la silla. Naruto señaló la mesa.

-No digas nada -advirtieron simultáneamente.

Itachi soltó la mesa.

-Esto es insostenible.

Sakura apareció detrás de Naruto.

-Llevo diciendo eso dos días.

Itachi miró a Sakura. Sakura miró a Itachi. Ambos comprendieron que compartían el mismo problema.
Sus respectivos rubios estaban completamente desbordados.
Naruto miró a Deidara.

-¿Quieres esconderte?

-Sí.

-¿Dónde?

-No sé.

Naruto pensó.




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