El Legado De Las Almas

Los tres rostros de Konoha

La fama había dejado de ser una consecuencia de la batalla. Se había convertido en una segunda batalla.
Una mucho más absurda. Porque contra un ejército podían pelear.
Contra un enemigo podían levantar escudos.

Contra una emboscada podían abrir portales, detener el tiempo, invocar fuego, lanzar relámpagos, utilizar el Byakugan o dejar que una bestia legendaria mostrara los dientes. Pero nadie les había enseñado qué demonios hacer cuando cuatro millones de personas discutían en Internet sobre cuál de los tres tenía la sonrisa más bonita.

Y, para desgracia de todos, aquella mañana Deidara descubrió las redes sociales. En profundidad. Itachi comprendería demasiado tarde que jamás debió permitirlo.

-No.

Deidara estaba sentado en el sofá del departamento de Itachi. Tenía el teléfono entre las manos. Cabello rubio todavía desordenado por haberse levantado hacía poco.
Camiseta negra. Pantalones oscuros. Una taza de café olvidada sobre la mesa. Itachi terminaba de abrocharse la camisa frente al espejo.

-¿Qué ocurre?

-No.

Itachi lo miró a través del reflejo.

-Eso ya lo dijiste.

-Hay una mujer.

Itachi terminó de acomodarse el cuello.

-Existen muchas.

Deidara levantó lentamente la cabeza.

-No es momento para sarcasmos.

Itachi arqueó una ceja.

-¿Qué mujer?

Deidara levantó el teléfono.

-@ItachiMiEsposo.

Silencio. Itachi parpadeó.

-¿Perdón?

- Tiene cuatro millones trescientos mil seguidores.

Itachi lo contempló. Después contempló el teléfono.

-Seguramente es una cuenta humorística.

-Publicó una recopilación tuya.

-¿Mía?

-De la batalla.

Deidara apretó la pantalla. El video comenzó. Itachi aparecía avanzando entre humo mientras Dragón crecía detrás de él. Cambio de escena. Itachi esquivando un ataque. Cambio. Su Sharingan. Cambio.
Dragón extendiendo las alas. Cambio. Itachi mirando de perfil mientras daba instrucciones.
Música romántica. Letras enormes:

EL HEREDERO UCHIHA QUE TODAS NECESITAMOS.

Deidara dejó el teléfono.

-Voy a destruir Internet.

-Otra vez no.

- Escucha el final.

Itachi suspiró. Deidara reprodujo los últimos segundos. Una voz femenina decía:

-Itachi Uchiha todavía no sabe que nos vamos a casar, pero déjenme soñar.

Silencio. Una lámpara ascendió. Itachi levantó la mirada.

-Deidara.

-No lo hago a propósito.

La lámpara siguió subiendo. Dragón, que descansaba en forma reducida junto a una ventana, levantó la cabeza.

Podemos localizarla.

Itachi giró.

-Tú tampoco.

Dragón parpadeó.

Solo localizar.

Deidara señaló a la criatura.

-Exactamente.

-No.

Después evaluamos.

-¡NO!

Deidara sonrió.

-Por eso me agrada.

Itachi cruzó los brazos.

-Baja la lámpara.

-Estoy intentándolo.

-Deidara.

-¡TU SUPUESTA ESPOSA ME ESTÁ DISTRAYENDO!

Itachi cerró los ojos.

-No tengo una supuesta esposa.

Deidara sonrió.

-Excelente respuesta.

La lámpara descendió. Itachi lo miró.

-¿Eso era todo lo que necesitabas escuchar?

- Quizá.

Itachi se acercó. Deidara dejó el teléfono.

-¿Qué haces?

Itachi lo besó. La lámpara volvió violentamente hacia arriba.

¡PUM!

Dragón levantó la cabeza. Deidara miró el techo. Después a Itachi.

- Tu culpa.

- Claro.

En otra casa, el problema era rubio

Naruto estaba sentado en la mesa desayunando. Boruto estaba enfrente. Sakura a su lado. Mía preparaba té. Kurama dormía sobre una silla. Todo parecía normal.
Hasta que Boruto cometió un error.

-Papá.

-¿Sí?

-Tienes treinta y ocho millones.

Naruto siguió untando una tostada.

-¿Treinta y ocho millones de qué?

- Seguidores.

La tostada quedó suspendida. Mía se volvió. Sakura cerró los ojos.
Boruto observó la tostada.

-Ahí vamos.

Naruto miró su teléfono.

-¿TREINTA Y OCHO MILLONES?

Kurama abrió un ojo.

-¿Qué gritó?

-Papá es famoso.

-Ya lo sabía.

Naruto comenzó a deslizar el dedo por la pantalla. Su expresión empeoraba con cada segundo.

-¿Qué es esto?

Boruto se inclinó.

-Un edit.

-¿Un qué?

-Una edición de videos.

Naruto reprodujo. Él mismo aparecía en la batalla del pueblo.
Telequinesis. Edificios suspendidos.
Escudos. El momento exacto en el que había detenido el tiempo. Después imágenes de su enfrentamiento con los científicos.
Una voz decía:

-Naruto Uzumaki no solamente es considerado el portador de dones más poderoso conocido. También consiguió algo que organizaciones civiles llevaban años reclamando: límites estrictos al acceso de investigadores y medios de comunicación dentro de la Academia Élite.

Naruto abrió muchísimo los ojos. El video continuó:

-Cuando las instituciones quisieron decidir por ellos, Naruto dijo basta.

Naruto pausó.

-Yo no dije "basta".

Boruto estaba fascinado.

-Metafóricamente.

-¡NO QUIERO HABLAR METAFÓRICAMENTE!

Mía comenzó a reír. Sakura miró la tostada. Seguía flotando.

-Naruto.

-¡ME ESTÁN CONVIRTIENDO EN ALGO!

Boruto levantó el teléfono.

-Papá es un movimiento social.

-¡NO QUIERO SER UN MOVIMIENTO SOCIAL!

La taza ascendió.

-Naruto.

-¡NO LO HAGO A PROPÓSITO!

Kurama saltó sobre la mesa.

-¿Dicen algo de mí?

Boruto buscó.

-Sí.

-Muéstrame.

-No deberías.

-Boruto.

-Tú lo pediste.

Le mostró una fotografía. Kurama quedó inmóvil. Era un peluche. Nueve colas. Orejas enormes.
Barriga redonda. Una sonrisa adorable. Silencio. Naruto se tapó la boca. Kurama giró lentamente.

-No.

Boruto ya estaba temblando.

-No te rías.




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