Durante tres días, la Academia Élite de Konoha creyó haber recuperado cierto equilibrio. Los periodistas ya no podían entrar. Los científicos necesitaban autorizaciones prácticamente imposibles de obtener.
Los emisarios extranjeros eran recibidos exclusivamente en el edificio administrativo. Las redes sociales continuaban completamente desquiciadas, pero al menos una pantalla podía apagarse.
Y los alumnos habían comenzado a acostumbrarse a que Naruto, Neji e Itachi fueran celebridades nacionales. Más o menos. Porque seguían existiendo situaciones como aquella.
-Naruto, ¿una foto?
-No.
-¿Un autógrafo?
-No.
-¿Puedes levantarme con telequinesis?
Naruto dejó de caminar. Miró al muchacho.
-¿Por qué querrías eso?
-Sería increíble.
-No.
-Por favor.
-No.
-Solo dos metros.
Naruto miró a Sakura. Sakura negó inmediatamente.
-Ni se te ocurra.
-¡Yo no iba a hacerlo!
La mochila de Naruto ascendió. Sakura señaló hacia arriba.
-Ajá.
-Eso es diferente.
Kurama, sentado sobre su hombro, bostezó.
-Levántalo.
-¡No!
-Después déjalo arriba.
El estudiante perdió inmediatamente el entusiasmo.
-Creo que ya no quiero.
-Sabia decisión -dijo Kurama.
Naruto lo miró.
-Estamos intentando mejorar nuestra imagen.
-Tú. Yo no.
Continuaron caminando. Detrás apareció Boruto acompañado por Mitsuki.
-¡Papá!
Naruto giró.
Su mochila cayó.
-¡Boruto!
Sakura sonrió.
-Increíble.
Naruto abrazó a su hijo. Boruto protestó por costumbre.
-Papá, estamos en medio del pasillo.
-Lo sé.
-Hay gente.
-También lo sé.
-Suéltame.
-No.
Mitsuki observó la escena con una sonrisa. Kurama se acomodó mejor.
Todo era normal. Hasta que Naruto levantó la cabeza. Y dejó de sonreír.
Había sentido algo. No una presencia física. No chakra. No telepatía exactamente. Era algo más profundo. Una especie de roce.
Una interferencia diminuta en aquel nuevo nivel que su mente había alcanzado. Naruto miró el pasillo.
Cientos de alumnos. Risas. Conversaciones. Mochilas. Uniformes modernos mezclados con ropa juvenil. Nada extraño.
Entonces pasó. Durante menos de un segundo. Una sensación helada.
Destrucción. Naruto quedó inmóvil.
Sakura lo notó.
-¿Qué pasa?
Naruto volvió a sonreír inmediatamente.
-Nada.
Sakura lo conocía demasiado.
-Naruto.
-Después.
Una palabra. Aquello bastó. Sakura no insistió. Boruto, sin embargo, lo observó. Naruto le revolvió el cabello.
-Ve a clase.
-¿Qué sentiste?
-Boruto.
-Papá.
-Clase.
Boruto entrecerró los ojos.
-Odio cuando utilizas la autoridad paternal.
-Perfecto. Significa que funciona.
-Tienes dieciséis años.
-Irrelevante.
Mitsuki tomó suavemente a Boruto del brazo.
-Vamos.
Boruto se dejó llevar. Pero antes de desaparecer por el corredor, miró una vez más a su padre. Naruto continuaba observando a los estudiantes. Y Kurama ya no parecía adormilado.
Ino
La segunda persona que lo sintió fue Ino. Ocurrió durante el recreo.
Estaba sentada junto a Sasuke, comiendo tranquilamente, cuando decenas de pensamientos cotidianos comenzaron a rozar su percepción. Ino normalmente los bloqueaba. Había aprendido que vivir escuchando constantemente las mentes ajenas era agotador y profundamente invasivo.
Pero aquella vez una mente apareció como una mancha. No pudo escuchar palabras. Eso fue lo extraño. Había pensamientos alrededor. Risas. Exámenes. Comida.
Romances. Quejas. Miedo a matemáticas. Una alumna pensando que Sasuke era hermoso.
Ino giró lentamente hacia ella. Sasuke la miró.
-No.
-¿Qué?
-Lo que sea que estés pensando.
-No estoy pensando nada.
-Tu cara dice otra cosa.
Ino volvió a concentrarse.
Allí. Otra vez.
Una mente que no podía leer. No porque estuviera bloqueada. Porque parecía otra cosa. Una superficie mental completamente falsa. Como si alguien hubiese colocado un decorado delante de una habitación cerrada. Ino dejó el tenedor.
-Sasuke.
-¿Qué?
-Tengo que ir al baño.
Sasuke la miró.
-¿Por qué lo dices como si fueras a cometer un crimen?
-Porque eres insoportable.
Lo besó rápidamente en la mejilla y se levantó. Sasuke la siguió con la mirada.
-Definitivamente va a cometer algo.
Ino encontró a Naruto exactamente donde esperaba. En un corredor vacío.
-Tú también.
Naruto giró.
-¿Qué?
-No juegues conmigo.
Ino cerró la puerta.
-Hay algo dentro de la academia.
Naruto perdió la sonrisa. Kurama levantó la cabeza desde su hombro.
-¿Lo sentiste?
-No puedo leerlo.
Naruto frunció el ceño.
-¿Nada?
-Ese es precisamente el problema.
Ino apoyó una mano contra la pared.
-Hay una mente que parece normal hasta que intento profundizar. Entonces desaparece. No hay pensamientos reales. Es como si alguien me mostrara pensamientos preparados.
Naruto sintió nuevamente aquella oscuridad. Más intensa.
-No es solamente su mente.
Ino lo miró.
-¿Qué ves?
Naruto negó.
-No veo.
Cerró los ojos.
-Siento.
Y entonces ocurrió. Una vibración.
Una presencia. Una juventud terrible. Una incorporación reciente.
Naruto abrió los ojos violentamente.
-Es un estudiante.
Ino palideció.
-¿Estás seguro?
-Sí.
-¿Quién?
-No sé.
-¿Curso?
-No sé.
-¿Edad?
Naruto apretó los dientes. Algo más apareció. Una impresión. No información completa. Pero suficiente.
-Es nuevo.
-¿En la academia?
-No.
Naruto miró a Ino.
- Con ellos.
Ella comprendió.
-¿El enemigo?
Naruto asintió.