El Legado De Las Almas

El objetivo era Boruto

La clase de Matemáticas había conseguido algo que nadie en la Academia Élite de Konoha habría considerado posible. Naruto Uzumaki estaba tranquilo.
Completamente tranquilo. Ni una lapicera flotaba. Ni una carpeta se había elevado dos centímetros.

Las sillas permanecían firmemente apoyadas en el suelo. La mochila de Naruto estaba debajo de su pupitre.
Incluso su goma de borrar continuaba exactamente donde la había dejado. Sakura llevaba casi diez minutos observándolo con creciente sospecha. Aquello no era normal.

El profesor llenaba el pizarrón de ecuaciones mientras Naruto mantenía el mentón apoyado sobre una mano. Parecía mirar los números. No los entendía. Eso sí era normal. Pero había algo diferente. Su expresión era serena.
Demasiado serena. Sasuke, sentado algunas filas más atrás, lo notó también. Mía lo notó. Neji levantó discretamente la mirada. Ino fue la primera en sentirlo. No miedo. No ansiedad. No ira descontrolada. Era algo mucho peor.

Naruto había dejado de luchar contra sus emociones. Las había comprimido. Ordenado. Convertido en una sola línea fría. Y entonces su telepatía atravesó la academia. No como una explosión. Como una aguja. Naruto llevaba toda la mañana buscando aquella mente falsa. La superficie preparada. Los recuerdos fabricados. La identidad intercambiable.

La falsa familiaridad que hacía que todos lo reconocieran sin reconocerlo realmente. El infiltrado había construido tantas capas mentales que cualquier intento anterior terminaba encontrando una nueva. Una infancia falsa. Una familia falsa. Una llegada falsa a la academia. Amigos inventados.
Recuerdos que parecían auténticos.

Pensamientos cotidianos diseñados para que Ino tropezara con ellos y creyera haber llegado al fondo. Pero esa mañana, Naruto dejó de intentar entrar por las puertas.
Simplemente atravesó las paredes.
Una capa. Otra tras otra. Otra más.
Hasta que algo se quebró. No en el infiltrado. En la percepción de Naruto. Y de pronto escuchó un pensamiento que no estaba destinado a nadie. Una frase breve. Oscura. Terriblemente clara. Boruto Uzumaki. Naruto dejó de respirar. El profesor seguía explicando.

-...si reemplazamos el valor de x...

Naruto ya no lo escuchaba. Hundió un poco más su mente. Encontró unas imágenes. Boruto caminando por un pasillo. Boruto riéndose junto a Mitsuki. Boruto apoyado contra Naruto durante una comida. Boruto activando el Jōgan. Después una intención. No secuestro. No manipulación. No captura. Muerte.
Naruto sintió algo romperse dentro de él. Pero ninguna silla flotó. Ni una.

Ino giró hacia él inmediatamente.
Porque había sentido la oscuridad.
Naruto no movió la cabeza. Su voz apareció directamente dentro de la mente de Ino.

No reacciones.

Ino quedó inmóvil.

-¿Qué...? -pensó.

La respuesta llegó.

Encontré su objetivo.

Ino dejó de respirar.

Es Boruto.

Su mano se cerró sobre el lápiz.
Naruto continuó:

Quiere matarlo.

Ino estuvo a punto de levantarse.

No.

Aquella orden mental la atravesó. No violenta. Pero absoluta. Está en esta aula. Ino miró al frente.
Treinta alumnos. Treinta rostros conocidos. Treinta posibles enemigos. Naruto siguió penetrando. Y entonces encontró algo peor. El mensaje. No un recuerdo falso. Un recuerdo verdadero. Una pantalla. Una conversación. Una instrucción. Naruto vio los dedos del infiltrado escribiendo discretamente bajo un pupitre.

He seleccionado al objetivo.

Respuesta:

¿Quién?

Boruto Uzumaki.

Pausa.

Justifica.

La respuesta tardó algunos segundos.

No es el más poderoso. Es el punto de ruptura del más poderoso.

Naruto sintió frío. El mensaje continuaba.

Naruto Uzumaki supera al líder. Si Boruto muere, Naruto se desestabilizará. Su poder dejará de ser una ventaja racional y se convertirá en destrucción.

Naruto apretó ligeramente la mandíbula. El siguiente mensaje:

¿Y si te mata antes?

La respuesta:

No sabrá quién soy.

Naruto abrió los ojos. Azules. Vacíos. Completamente serenos.

-Se equivoca -pensó.

Ino lo escuchó. Y sintió auténtico miedo. No del infiltrado. De Naruto.
Porque la siguiente frase no llevaba duda. Ni rabia. Ni desesperación. Solo una decisión.

Si tocan a Boruto, los mato a todos.

Ino tragó saliva.

Naruto...

A todos.

No pienses así.

No estoy pensando. Ya decidí.

Ino miró lentamente hacia él.
Naruto estaba copiando una ecuación. Perfectamente. Con una caligrafía impecable. No había una sola cosa flotando. Aquello era aterrador.

Una conversación sin palabras

Naruto amplió la conexión. Primero Mía. Después Neji. Sakura. Sasuke.
Ino ya estaba dentro. Cinco vínculos aparecieron alrededor de su conciencia.bNadie movió un músculo. La voz de Naruto llegó.

Escuchen. No reaccionen.

Mía sintió inmediatamente un nudo.

¿Qué ocurre?

Ya sé cuál es el objetivo del infiltrado.

Neji dejó de respirar.

¿Quién?

Naruto tardó un segundo.

Boruto.

Sakura apretó la mano debajo del pupitre. Sasuke dejó de escribir. Neji activó apenas el Byakugan y lo apagó inmediatamente para no delatarse. Mía pensó:

¿Qué quiere hacerle?

Naruto respondió:

Matarlo.

Silencio mental. Absoluto. Sasuke fue el primero.

¿Quién?

Todavía no puedo identificarlo.

Entonces lo identificaremos. Naruto:

Está en nuestra aula.

Los cuatro miraron discretamente alrededor. Naruto ordenó:

No.

Todos volvieron la vista al frente.

Quiere que busquemos. Quiere detectar cambios.

Neji sintió a Fénix reaccionar desde la distancia. Naruto extendió inmediatamente la conexión hasta él.




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