El Legado De Las Almas

El error de quedarse a solas con Boruto

Habían esperado tres días. Tres días fingiendo normalidad. Tres días en los que Naruto se había sentado en Matemáticas sin hacer flotar una sola silla, lo cual ya era motivo suficiente para que Sakura sospechara que el fin del mundo estaba cerca.

Tres días en los que Ino había fingido no percibir aquella mancha detrás de los pensamientos falsos.
Tres días en los que Boruto había caminado por los pasillos sabiendo que alguien lo quería muerto. Y tres días en los que Mitsuki había permanecido absurdamente tranquilo. Eso último era mentira.
Mitsuki había desarrollado una nueva costumbre.

Mirar a cada persona que se acercaba a Boruto como si evaluara cuántos segundos tardaría en derribarla. Boruto se había acostumbrado. Más o menos. Aquella mañana parecía otra jornada cualquiera. Deidara estaba dando Literatura en el curso de Naruto. El profesor de Matemáticas trabajaba con el curso de Boruto.
Y el infiltrado estaba allí. En algún lugar. Nadie sabía cuál rostro pertenecía realmente a él.

-La tragedia no consiste solamente en que algo malo ocurra -explicaba Deidara caminando entre los pupitres - La verdadera tragedia está en que el lector sepa que algo va a ocurrir y el personaje todavía no.

Naruto levantó lentamente la mirada. Deidara lo vio. Silencio.

-No fue intencional -aclaró.

Sasuke arqueó una ceja.

-Muy oportuno.

-Estoy dando Literatura.

Ino murmuró:

-Claro.

Deidara señaló el libro.

-Volvamos al texto.

Naruto sintió entonces aquella presencia. El infiltrado. Moviéndose.
Levemente. Una decisión. Todavía no una acción. Naruto continuó escribiendo. Nada flotó. Kurama, acostado sobre una repisa, abrió los ojos. Solo Naruto lo notó.

Todavía no.

Kurama apoyó nuevamente la cabeza. En el aula de Boruto, el profesor cerró el registro.

-Uzumaki.

Boruto levantó la mirada.

-¿Sí?

-Ve a preceptoría y trae el libro de temas.

Mitsuki giró inmediatamente.
Boruto también. El profesor sonrió.

-¿Algún problema?

- No.

Boruto se puso de pie. La pequeña serpiente de agua se acomodó debajo del cuello de su campera.
Mitsuki le habló mentalmente.

No me gusta.

Boruto respondió sin mover los labios.

Papá está escuchando.

Eso no significa que me guste.

Boruto sonrió apenas.

Vuelvo en dos minutos.

Mitsuki sostuvo su mirada.

Uno.

Boruto puso los ojos en blanco y salió. Pocos segundos después, otro alumno levantó la mano.

-Profesor, ¿puedo ir al baño?

El hombre ni siquiera dudó.

-Ve.

Mitsuki levantó lentamente la cabeza. Ren también. Hanabi dejó de escribir. Los tres se miraron.
Algo acababa de ocurrir.

El corredor

Boruto caminaba solo. La academia estaba silenciosa durante las horas de clase. Sus pasos resonaban suavemente. Uno. Dos. Tres. La serpiente permanecía oculta. Boruto dobló una esquina. Y vio a otro estudiante. Normal. Completamente normal. Lo había visto cientos de veces. O al menos eso creía. El muchacho caminaba hacia él. Boruto frunció el ceño.

Había algo. Una sensación absurda.
Como cuando se reconoce una canción después de escuchar solamente una nota. Su Jōgan reaccionó. Un destello. Oscuridad.
Boruto se detuvo.

-Tú.

El otro sonrió. Muy ligeramente.

¡TSS!

Boruto sintió el impacto en el cuello.
Una pequeña aguja. Un dardo. Lo arrancó inmediatamente.

-¿Qué...?

La serpiente reaccionó antes que él.

Finge.

Boruto comprendió. El anestésico había tocado el escudo invisible adherido a su piel. No había entrado.
Ni una gota. Pero el infiltrado no podía saberlo. Boruto abrió mucho los ojos. Dejó caer el dardo. Sus rodillas cedieron. Cayó primero contra la pared. Después al suelo.
El muchacho se acercó. Boruto mantuvo la respiración lenta. Y dentro de su mente gritó.

PAPÁ.

En el aula de Literatura el lápiz de Naruto se partió. No flotó nada. Eso fue lo que aterrorizó a Sakura. Naruto se levantó.

-Deidara.

Una palabra. El profesor ya lo había entendido.

-Vamos.

Sasuke se levantó. Naruto negó.

-No.

-Naruto.

-Quédense.

Sasuke apretó los dientes. Deidara ya estaba en la puerta. Kurama saltó de la repisa al hombro de Naruto. Los tres salieron.

El aula de los más chicos

Mitsuki se levantó.

-Voy con Boruto.

El profesor de Matemáticas ni siquiera lo miró.

-Siéntate.

Mitsuki continuó caminando.

-No.

-No tienes permiso.

Ren se puso de pie también. Hanabi hizo lo mismo. El hombre levantó la cabeza.

-Los tres se sientan.

Mitsuki se detuvo. No porque obedeciera. Porque comprendió.
Ren también. Hanabi activó el Byakugan. Y vio algo que no debía estar allí. Una concentración de energía acumulándose en la mano del profesor.

-¡MITSUKI!

El ataque salió. Hanabi fue más rápida. Matatabi apareció frente a ella. Una llamarada interceptó el golpe. Los alumnos comenzaron a gritar. Mitsuki giró. Su rostro cambió. El profesor retrocedió.

-Así que también eres uno de ellos -murmuró Ren.

La puerta se cerró sola. Un campo de energía apareció. El profesor sonrió.

-Nadie sale.

Mitsuki lo miró. Y sus ojos dorados se volvieron completamente vacíos.

-Incorrecto.

Ren levantó ambas manos. El fuego apareció. Hanabi activó completamente el Byakugan. Matatabi aumentó de tamaño. Los compañeros se refugiaron contra las paredes. Uno murmuró:

-¿Qué está pasando?

Nadie respondió. Mitsuki miró al profesor.

-Boruto está solo.

El hombre sonrió. Ese fue su error.
Hanabi lo vio. Ren también.

-Tú sabes -dijo Hanabi.

Silencio. Mitsuki dio un paso.

-Quítate.

El profesor levantó una barrera.




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