El Legado De Las Almas

La peor idea brillante de Boruto Uzumaki

Hanabi no estaba. Años después, probablemente los implicados continuarían utilizando ese dato como explicación de todo lo ocurrido. Porque Hanabi habría dicho que no. Habría preguntado por qué. Habría señalado aproximadamente diecisiete formas diferentes en las que el plan podía terminar mal.

Después habría avisado a Neji. Y se habría acabado. Pero Hanabi llevaba toda la tarde junto a su padre resolviendo una interminable sucesión de problemas burocráticos del clan Hyuuga. Por lo tanto, Boruto tenía libertad. Mitsuki tenía amor incondicional por Boruto. Ren tenía demasiado tiempo libre.

Y Nemea tenía una alarmante incapacidad para detener a los tres.
Era la combinación perfecta para una catástrofe. Todo empezó durante el almuerzo.

- Tengo una idea.

Ren dejó inmediatamente el tenedor.

- No.

Boruto frunció el ceño.

- ¡Ni siquiera sabes cuál es!

- No importa.

Mitsuki continuó comiendo.

-Yo quiero escucharla.

Ren lo miró.

- Tú no cuentas. Si Boruto propone saltar desde el techo para comprobar si el Jōgan permite volar, tú preguntas desde qué techo.

Mitsuki meditó aquello.

-Dependería de la altura.

Ren cerró los ojos.

- Exactamente.

Boruto sonrió.

- No vamos a saltar de ningún techo.

Nemea, instalado junto a Ren, levantó la cabeza.

Eso no me tranquiliza.

- Gracias por la confianza.

La confianza debe merecerse.

Boruto señaló a la criatura.

-Estás pasando demasiado tiempo con Shikamaru.

Nemea pareció ofenderse. Ren apoyó los codos sobre la mesa.

-Habla.

Boruto bajó la voz.

- Quiero encontrar una de las rutas secundarias de la organización.

Silencio. Ren dejó el tenedor. Mitsuki también. Nemea cerró los ojos.

Voy a buscar a Naruto.

-¡NO!

Varias personas los miraron. Boruto sonrió.

-Todo bien.

Los estudiantes volvieron a comer.
Nemea lo miró.

Voy. A buscar. A Naruto.

Boruto agarró delicadamente a la criatura.

-Escúchame primero.

No.

-Por favor.

No.

-Cinco minutos.

Treinta segundos.

Boruto suspiró.

-Acepto.

Ren miró su reloj.

-Veintinueve.

-¡CÁLLATE!

Boruto había estado utilizando el Jōgan de manera discreta desde el ataque. No para buscar enemigos dentro de la academia. Naruto se lo había prohibido. Técnicamente.
Había estado observando los residuos energéticos que había dejado el infiltrado.

-Las personas dejan rastros -explicó- Emocionales, mentales, energéticos. Normalmente desaparecen.

Mitsuki comenzó a entender.

- Pero su don deformaba la percepción.

-Exacto. Cada vez que alteraba cómo lo percibíamos, dejaba una especie de interferencia.

Ren frunció el ceño.

-¿Y puedes seguirla?

- Encontré un patrón.

- Eso no respondió mi pregunta.

- Sí.

Ren miró a Nemea.

- Ahora puedes buscar a Naruto.

Boruto lo agarró del brazo.

-¡Espera!

-¡Acabas de admitir que llevas días rastreando secretamente a una organización que intentó matarte!

-Cuando lo dices así suena mal.

Mitsuki arqueó una ceja.

-¿Existe alguna forma de decirlo en la que suene bien?

Boruto lo pensó.

-Investigación independiente.

Ren soltó una carcajada.

-¡CLARO!

Nemea:

Estupidez independiente.

Boruto lo señaló.

-Traidor.

El agua apareció. Una figurita de Boruto llevaba gabardina, sombrero y una enorme lupa. Cartel:

DETECTIVE BORUTO.

Mitsuki sonrió.

-Te queda bien.

-Gracias, mi rey.

Ren golpeó la mesa.

-¡CONCÉNTRENSE!

El fuego apareció. Una figurita de Ren corría detrás de Boruto con un extintor. Cartel:

APAGANDO SUS IDEAS.

Boruto:

-¡Tu fuego me odia!

-Mi fuego tiene sentido común.

Nemea:

Yo también.

-¡NEMEA!

Ren preguntó finalmente:

-¿Adónde conduce el rastro?

Boruto sonrió. Aquella sonrisa fue suficiente para que Nemea intentara marcharse otra vez.

-A un depósito abandonado.

-No.

-En las afueras.

-No.

-Aparentemente vacío.

-Definitivamente no.

Mitsuki preguntó:

-¿Cuándo vamos?

Ren lo miró horrorizado.

-¡MITSUKI!

-Si Boruto va, yo voy.

-¡ESO NO ES AMOR, ES COMPLICIDAD DELICTIVA!

Boruto comenzó a reír. Mitsuki sonrió.

-Ambas cosas pueden coexistir.

Ren miró hacia el techo.

-Hanabi, ¿por qué me abandonaste?

Su fuego produjo una pequeña Hanabi que le daba una bofetada.

POR IDIOTA.

Ren se quedó mirándolo.

- Eso fue innecesario.

Dos horas después estaban saliendo de Konoha. Los cuatro.
Boruto. Mitsuki. Ren. Nemea. Sin avisarle a nadie. La pequeña serpiente de Mitsuki iba enrollada alrededor del cuello de Boruto. Nemea caminaba junto a Ren.

-Entramos -dijo Boruto- miramos, conseguimos información y salimos.

Ren lo señaló.

-Nada de peleas.

-Nada de peleas.

-Nada de perseguir enemigos.

-Nada.

-Nada de "solo un poquito más".

Boruto abrió la boca.

-Nada -repitió Ren.

-Está bien.

Mitsuki añadió:

-Si aparece una amenaza contra Boruto, esa cláusula queda anulada.

Ren cerró los ojos.

-Por supuesto.

Nemea murmuró:

Voy a morir rodeado de imbéciles.

Boruto rio.

-¡Hablas igual que Shikamaru!

Ren y Nemea se miraron.

-Eso es preocupante -murmuró Ren.

El depósito parecía abandonado.
Demasiado abandonado. Una construcción enorme de hormigón y metal, rodeada de vegetación.
Boruto activó el Jōgan.

-No detecto personas.

Ren levantó una mano. Su fuego recorrió discretamente el suelo.

-Yo tampoco.

Mitsuki observó alrededor.

-No me gusta.




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