Itachi no pidió ayuda. Ese fue precisamente el problema. Deidara habría preferido que gritara. Que se enfadara. Que dijera que estaba agotado. Incluso habría aceptado que perdiera la paciencia con él, cosa difícil porque Itachi poseía una tolerancia casi sobrenatural para soportar sus estupideces. Pero no.
Itachi simplemente siguió funcionando. Y Deidara conocía demasiado bien al hombre que amaba como para confundirse.
Durante semanas habían ocurrido demasiadas cosas: periodistas persiguiéndolos, gobiernos enviando emisarios, científicos intentando acercarse a los chicos, infiltrados dentro de la academia, un intento directo de asesinato contra Boruto, otro profesor descubierto como cómplice, la aparición de Shikamaru, la organización estudiándolos, el depósito, los inhibidores diseñados específicamente para sus dones.
Y en medio de todo aquello estaba Itachi. Organizando. Protegiendo.
Analizando. Informando. Decidiendo. Conteniendo a Deidara.
Conteniendo a Naruto. Conteniendo a los diez. Hablando con los líderes de los clanes. Hablando con el director. Hablando con las autoridades. Hablando con padres.
Hablando con absolutamente todo el mundo. Hasta que Deidara empezó a notar pequeños detalles.
Itachi ya no terminaba el café. Leía dos veces el mismo párrafo. Una mañana respondió «sí» cuando Deidara le había preguntado si quería café o té. Y el acontecimiento definitivo ocurrió cuando Sasuke entró al despacho y dijo:
-Itachi.
Su hermano levantó la cabeza.
-¿Qué?
-Nada. Solo vine a buscar un informe.
-Está sobre la mesa.
Sasuke miró. Había siete mesas.
-¿Cuál?
Itachi observó alrededor.
-La...
Se quedó callado. Deidara dejó lentamente el bolígrafo. Itachi cerró los ojos.
-No recuerdo.
Sasuke lo miró. Deidara también. Itachi volvió a abrirlos.
-Estoy bien.
Los dos hermanos dijeron simultáneamente:
-No.
Itachi frunció el ceño.
-No necesito...
Deidara se levantó.
-Amor.
Itachi se calló. Sasuke arqueó una ceja. Deidara se acercó, colocó ambas manos sobre los hombros de Itachi y comenzó a masajearlos.
El Uchiha cerró los ojos involuntariamente. Su cabeza cayó ligeramente hacia atrás. Deidara miró a Sasuke. Sasuke miró a Deidara. Diagnóstico confirmado.
-Te lo llevas - dijo Sasuke.
Itachi abrió los ojos.
-¿Perdón?
-Te lo llevas.
Deidara sonrió.
-Eso pensaba hacer.
- No soy un objeto.
Sasuke tomó el informe que buscaba.
- Entonces camina voluntariamente.
- Sasuke.
- Itachi.
- Tengo trabajo.
Sasuke abrió la puerta.
-Tienes novio.
Y salió. Deidara quedó fascinado.
-Tu hermano acaba de subir muchísimo en mi lista.
-No tienes una lista.
- Claro que tengo una lista.
- No quiero saberlo.
- Naruto está segundo.
Itachi abrió los ojos.
-¿Segundo?
-Tú eres primero.
Itachi volvió a cerrarlos.
-Naturalmente.
Deidara sonrió. Ahí estaba. Incluso agotado, seguía siendo posesivo. Y a Deidara le encantaba.
Shikamaru recibe la peor propuesta de su semana
Deidara encontró a Shikamaru durante el recreo. El Nara estaba sentado solo con un café. Eso significaba que se encontraba en uno de sus momentos favoritos del día: nadie hablándole. Deidara se sentó enfrente. Shikamaru lo miró.
-No.
-¡Ni siquiera sabes qué quiero!
-Esa frase me resulta familiar.
Deidara frunció el ceño.
-¿Boruto te está contaminando?
- Probablemente.
- Necesito un favor.
- No.
- Es por Itachi.
Shikamaru dejó el café. La respuesta cambió inmediatamente.
-¿Qué ocurre?
Deidara también perdió la sonrisa.
- Está saturado.
Shikamaru permaneció callado.
-Mucho - añadió Deidara - Y no va a decirlo.
- Lo sé.
Deidara levantó la mirada.
-¿Lo notaste?
-Ayer intentó abrir su despacho con las llaves de su casa durante casi treinta segundos.
Deidara parpadeó.
-No vi eso.
-Yo sí.
-¿Por qué no dijiste nada?
-Porque esperaba que tú lo hicieras primero.
Deidara sonrió ligeramente. Aquello era amistad. Extraña. Silenciosa. Pero amistad.
- Quiero llevármelo dos días.
Shikamaru tomó el café.
-Tres.
Deidara parpadeó.
-¿Qué?
-Dos no alcanzan.
-¿Puedes encargarte tres días?
- No quiero.
- Eso no respondió.
- Sí. Puedo. Por Itachi claro que puedo.
Deidara sonrió.
- Sabía que lo amabas.
-No digas eso cerca de Itachi.
-Buen punto.
Shikamaru bebió.
-Yo me ocupo de la academia, protocolos y chicos. Lo verdaderamente institucional pasa al director. Sasuke puede cubrir asuntos Uchiha. Neji puede filtrar cualquier cuestión Hyuuga.
-¿Y Naruto?
Shikamaru se quedó quieto.
-¿Qué pasa con Naruto?
-Es Naruto.
Shikamaru suspiró.
-Me ocuparé.
-¿Y Boruto?
-También.
-¿Ren?
Shikamaru lo miró.
-Deidara.
-¿Mitsuki?
-Vete.
-¿Hanabi?
-¡VETE!
Deidara salió riéndose.
El complot contra Itachi
Aquello necesitó aproximadamente una hora. El padre de Itachi aprobó los tres días. El líder Hyuuga también. Sasuke respondió:
-Por fin.
Neji:
-Yo me encargo de cualquier asunto de mi familia.
Shikamaru:
-Yo coordino.
El director:
-Autorizado.
Deidara regresó al despacho. Itachi continuaba trabajando.
-Amor.
-Mm.
-Nos vamos.
-Esta noche.
-Ahora.
Itachi levantó la cabeza.
-Tengo tres reuniones.
-Canceladas.
Silencio.
-¿Qué hiciste?
-Nada.
Itachi entrecerró los ojos.
-Deidara.
-Hablé con Shikamaru.
Itachi dejó el bolígrafo.
-¿Qué hiciste?