El Legado De Las Almas

El día en que despertó el sol

La idea había sido de Itachi. Un entrenamiento sencillo. Controlado.
Lejos de la Academia, precisamente para evitar que Naruto destruyera accidentalmente otro gimnasio cuando su telequinesis decidiera interpretar la frustración como una invitación a reorganizar el mobiliario.

El campo de entrenamiento municipal de Konoha se encontraba a varios kilómetros del centro: una enorme extensión preparada para usuarios con dones, con sectores boscosos, estructuras reforzadas, explanadas, obstáculos móviles, barreras de contención y zonas capaces de soportar impactos extraordinarios.

Itachi quería medir una cosa muy concreta. La precisión de Naruto. No su potencia. Esa ya comenzaba a resultar aterradora.

-Otra vez -ordenó.

Naruto estaba en medio de la explanada. Veinte objetos metálicos flotaban alrededor de él. Kurama, diminuto, descansaba sobre una roca. El dragón de Itachi estaba junto a su dueño.

-Ya lo hice siete veces.

-Ocho.

-Eso empeora mi argumento.

-Precisamente.

Naruto dejó caer los brazos. Los veinte objetos continuaron suspendidos.

-¿Sabes que Shikamaru hace las Matemáticas divertidas?

Itachi arqueó una ceja.

-¿Eso fue una amenaza?

-Una comparación pedagógica.

-Continúa.

Naruto resopló. Uno de los objetos se movió. Después otro. Itachi observó.

-No uses fuerza.

-No estoy usando fuerza.

-Estás enfadado.

-¡Porque llevamos dos horas!

Los veinte objetos salieron disparados simultáneamente. Itachi levantó una ceja. Naruto cerró los ojos.

-No digas nada.

-No iba a hacerlo.

-Tu cara lo dijo.

Kurama soltó una pequeña carcajada.

Entonces...

Dejó de reír. Sus orejas se levantaron. El dragón de Itachi hizo exactamente lo mismo. Itachi giró.

-Naruto.

-Sí.

-Algo...

¡TSS!

Un proyectil impactó contra el cuello de Itachi. Naruto se volvió.

-¡ITACHI!

El Uchiha arrancó inmediatamente el dispositivo. Pero ya era tarde. Una descarga recorrió su cuerpo. El Sharingan desapareció. La conexión energética con sus dones cayó. Itachi perdió el equilibrio.

-¿Qué...?

Su dragón rugió. Y alrededor del campo, aparecieron hombres.
Decenas. Después más. Muchos más. Naruto quedó inmóvil.

-No.

Itachi levantó la cabeza.

-Naruto, atrás.

Una voz surgió desde algún comunicador.

-Objetivo Uchiha inhibido.

Otra respondió:

-Procedan con Uzumaki.

Naruto sintió el impacto en el pecho. Un segundo inhibidor. Mucho más potente. Diseñado para él. La máquina se activó. Nada.
Naruto bajó lentamente la mirada.
El dispositivo comenzó a vibrar.
Después crujió. Los soldados se detuvieron. Naruto ni siquiera lo tocó. Lo sostuvo mentalmente. Lo separó pieza por pieza. Tornillos.
Placas. Circuitos. Cristales. Todo quedó suspendido frente a él. Naruto levantó los ojos.

-¿Eso era para mí?

Y cerró el puño. El inhibidor se convirtió en polvo. Itachi comprendió inmediatamente.

-Retrocedan.

Los enemigos avanzaron.

-¡RETROCEDAN!

No lo escucharon. Cuatro hombres se lanzaron sobre él. Su dragón rugió. El suelo tembló. La criatura diminuta comenzó a crecer. Un metro. Dos. Cinco. Diez. Quince. Las alas se desplegaron. Los soldados frenaron.

-¡La bestia no está inhibida!

-¡Eso no estaba en el informe!

El dragón abrió las fauces. Itachi, debilitado, apoyó una mano sobre la punta de su ala.

-Defiéndete. No los persigas.

La criatura rugió. Pero el ejército era demasiado grande. Aparecieron redes. Cadenas inhibidoras. Armas energéticas. Dispositivos específicamente preparados para contener usuarios con dones. Itachi peleó físicamente. Derribó a uno.
Después otro. Pero sin sus dones y todavía afectado por el inhibidor, estaba en desventaja. Una red alcanzó parcialmente al dragón.

-¡NO!

Tres hombres sujetaron a Itachi.
Naruto lo vio. Y algo dentro de él, se apagó. No explotó. No gritó. No perdió el control. Simplemente dejó de parecer Naruto. Kurama giró hacia él.

-Naruto.

Los enemigos comenzaron a arrastrar a Itachi. Uno gritó:

-¡TENEMOS AL UCHIHA!

Naruto levantó la cabeza. Sus ojos celestes estaban completamente tranquilos.

-Suéltenlo.

Nadie obedeció. Naruto dio un paso.

-Última oportunidad.

Itachi lo conocía. Aquello era peor que verlo furioso.

-Naruto.

El rubio no lo miró.

-Kurama.

El pequeño zorro se incorporó.

-Llama a todos.

Itachi palideció.

-Naruto, no.

Kurama comprendió exactamente qué significaba. A todos. Todas las bestias legendarias.

-Ahora -ordenó Naruto.

Kurama comenzó a crecer.

-¿Y tú?

Naruto observó al ejército.

-Yo recupero a mi hermano.

Itachi quedó inmóvil. Naruto jamás lo había llamado así. No en voz alta.
No directamente. Y aquel no era precisamente el momento en que Itachi habría querido escucharlo por primera vez.

El más poderoso

El primer soldado salió despedido.
Después diez. Después veinte. Naruto no movió las manos. Las armas comenzaron a desarmarse simultáneamente. Los inhibidores se elevaron. Cientos. Todos se partieron.

-¡Dispárenle!

Las descargas salieron. Se detuvieron a centímetros de Naruto. Todas. Naruto caminó. Los proyectiles giraron en el aire y cayeron inertes.

-¡SEGUNDO ESCUADRÓN!

Otro grupo avanzó. Naruto los miró.
El suelo se levantó delante de ellos formando una muralla. Una sección entera del campo se deformó. Los vehículos enemigos quedaron suspendidos. Itachi lo contempló.
Hasta él quedó impresionado. Naruto ni siquiera estaba utilizando todo su poder, no llegaba ni al cincuenta por ciento. Y Kurama todavía no se había fusionado con él.

-¡No permitan que llegue al Uchiha!

Naruto desapareció. No mediante teletransportación. Había ralentizado el tiempo alrededor de todos excepto él. Para los demás fue un instante. Naruto estaba a treinta metros. Parpadeo. Ahora estaba frente a Itachi. Las manos que sujetaban al Uchiha se abrieron involuntariamente bajo control telequinético. Naruto lo atrapó.




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