La cuenta de BlackSun consiguió algo que nadie en Konoha había logrado. Educar a internet. No por completo, naturalmente. Eso habría requerido un milagro superior incluso a los dones de Naruto. Pero sí lo suficiente.
Durante los días posteriores a la aparición de la misteriosa cuenta, comenzaron a circular videos extrañamente respetuosos. Influencers que anteriormente perseguían a Naruto por los corredores exteriores de la Academia, ahora hacían publicaciones explicando que pedirle demostraciones de poder era una estupidez. Estudiantes compartían una especie de código no oficial.
No tocar a Kurama. No perseguir a Naruto. No acercarse a Boruto para conseguir acceso a su padre. No pedirle que detuviera el tiempo. No preguntarle a cuántas personas podría matar. No grabarlo comiendo. Naruto estaba desconcertado.
-¿Cómo consiguió este tipo algo que Itachi, Shikamaru y el director no consiguieron?
Shikamaru, sentado frente a él, levantó la vista del café.
-Internet responde mejor a internet.
-Eso no tiene sentido.
-Internet tampoco.
Deidara, desde el sofá, levantó un dedo.
-Argumento impecable.
Y BlackSun seguía siendo imposible de rastrear. Ni Itachi. Ni Shikamaru.
Ni siquiera algunos especialistas contratados por el clan Uchiha habían logrado descubrir quién estaba detrás. Naruto había terminado desarrollando una extraña simpatía por aquella persona desconocida.
Mientras tanto, el responsable se sentaba tres filas detrás de él en Matemáticas y todas las demas clases Kawaki jamás decía nada. No se acercaba. No buscaba conversación. No demostraba fascinación. Pero Yoru sabía la verdad. Cada vez que Naruto entraba al aula, la pequeña bestia legendaria levantaba una oreja y miraba a su humano.
Llegó.
Ya lo vi.
Estás contento.
Cállate.
Tu corazón cambió.
Yoru.
Adoras a ese rubio.
Kawaki continuaba copiando ecuaciones como si nada. Shikamaru observaba desde adelante. Y empezaba a sospechar que aquel chico escondía algo.
Todavía no sabía qué.
Aquella tarde Kawaki salió solo. Y fue entonces cuando comprendió que su traslado a la Academia había atraído una atención que no deseaba. La calle estaba demasiado vacía. Yoru levantó inmediatamente la cabeza.
Detente.
Kawaki obedeció.
-¿Cuántos?
Muchos.
El ojo izquierdo de Kawaki cambió. Oro. Negro. Los patrones aparecieron dentro del iris. Y entonces vio las figuras. Sobre edificios. Detrás de vehículos.
Dentro de un callejón. En las azoteas. Kawaki metió las manos en los bolsillos.
-Qué molestia.
Yoru mostró los dientes. Una voz salió de algún dispositivo cercano.
-Kawaki.
Él no respondió.
- Nuestro líder está interesado en ti.
- Qué mal.
- Tus capacidades son extraordinarias.
- Ya lo sé.
- Tu ojo particularmente.
Kawaki dejó escapar un suspiro.
- ¿Van a seguir hablando?
Los hombres comenzaron a salir.
Quince. Veinte. Treinta. Después más. Yoru se incorporó.
No quieren hablar.
-También lo sé.
-Ven voluntariamente - ordenó uno - Nuestro líder puede ofrecerte entrenamiento, poder y conocimiento sobre tu bestia.
Kawaki levantó la mirada.
- No.
- No era una petición.
- Mi respuesta tampoco.
La pequeña bestia soltó un gruñido.
Entonces el comandante sonrió.
- Te tendremos de todas formas.
Kawaki activó completamente su ojo.
- Inténtalo. Si es que te atreves.
-Eso parece divertido.
Todos giraron. Boruto estaba al otro lado de la calle. Una bolsa colgaba de su hombro. La pequeña serpiente azul alrededor de su cuello. Kawaki lo miró.
- Vete.
Boruto arqueó una ceja.
- ¿Perdón?
- Esto no es asunto tuyo.
- Hay aproximadamente cuarenta tipos intentando secuestrar a un compañero de mi Academia.
- Puedo manejarlo.
Boruto observó alrededor.
- Seguramente.
La serpiente levantó la cabeza.
Son cuarenta y siete.
Boruto sonrió.
-Cuarenta y siete.
Yoru añadió:
Cincuenta y dos.
Boruto miró hacia arriba. Cinco hombres más estaban sobre una azotea.
-Me agradas.
Yoru:
Gracias.
Kawaki cerró los ojos.
-Boruto.
-¿Sí?
- Vete.
Boruto sonrió.
- No.
Y algo dentro de Kawaki sintió una familiaridad absurda con aquella respuesta. Como si la hubiese escuchado demasiadas veces. Como si supiera perfectamente que discutir con Boruto Uzumaki era inútil.
-Eres insoportable.
Boruto sonrió todavía más.
-Eso también me lo dicen mucho.
La serpiente se desenroscó parcialmente.
Podemos destruirlos.
Yoru la miró.
Excelente idea.
Kawaki:
-Yoru.
Boruto:
-Mitsuki.
Ambas bestias:
¿Qué?
Los dos adolescentes se miraron. Y por primera vez sonrieron al mismo tiempo.
-Bueno -dijo Boruto- Parece que hacemos equipo.
Kawaki abrió una fractura dimensional negra y dorada. Una espada apareció en su mano.
-No te acostumbres.
El primer error del enemigo
Atacaron todos juntos. Boruto levantó una mano. El agua de una fuente cercana explotó hacia arriba formando una barrera. Tres enemigos fueron derribados. Kawaki desapareció hacia el cielo.
-¡¿EN SERIO PUEDES VOLAR?! -gritó Boruto.
-¡YA LO VISTE EN CLASE!
-¡SIGUE SIENDO INJUSTO!
Kawaki giró en el aire. Su ojo se activó. Las armas de seis enemigos comenzaron a encogerse. Uno miró horrorizado su rifle convertido en algo del tamaño de un dedo. Boruto soltó una carcajada.
-¡QUIERO ESE OJO!
-¡NO!
Una fractura apareció detrás de Kawaki. Cinco lanzas mágicas salieron disparadas. Los enemigos tuvieron que dispersarse. Boruto lanzó un Rasengan. La explosión sacudió la calle. Yoru saltó del hombro de Kawaki. Creció. Su cuerpo se volvió parcialmente etéreo. Atravesó un ataque y apareció detrás del enemigo. La serpiente de Mitsuki aumentó de tamaño. Boruto levantó una ceja.