El parque de diversiones de Konoha estaba lleno aquella tarde. Música.
Luces. Niños corriendo con globos.
Adolescentes compitiendo por premios absurdamente grandes. El aroma del algodón de azúcar mezclándose con el de las hamburguesas.
Y Ren, por primera vez en varios días, estaba completamente tranquilo. Había ido solo. No porque quisiera alejarse de los demás, sino porque Hanabi tenía asuntos familiares, Boruto había quedado con Mitsuki y él necesitaba comprar algo sin que absolutamente nadie lo acompañara.
Especialmente Hanabi. Porque era para ella. Ren salió de una pequeña tienda con una caja guardada cuidadosamente dentro de la mochila. Nemea estaba sobre su hombro.
-Ni una palabra.
No dije nada.
-Estabas pensando.
Siempre pienso.
-Y seguro quieres contárselo a Hanabi.
Nemea pareció profundamente ofendido.
Soy una bestia legendaria honorable.
-Tu fuego le mostró a medio curso que estaba enamorado de ella.
Eso fue tu fuego.
-Eres de fuego.
Racista elemental. Ren se detuvo.
-¿Qué?
Nemea giró la cabeza.
Algo está mal.
La sonrisa de Ren desapareció. La música continuaba. La rueda gigante giraba. Unos niños gritaban de felicidad en una montaña rusa.
Todo parecía normal. Demasiado normal.
-¿Dónde?
Nemea levantó las orejas. En todas partes. Ren sintió el primer impacto antes de verlo. Algo diminuto se clavó contra su espalda. Un disco.
Frío. Su fuego desapareció.
-¡Nemea...!
El segundo impacto llegó al cuello.
No era un inhibidor normal. Era otra cosa. Ren cayó sobre una rodilla. Nemea saltó de su hombro.
¡REN!
Las luces del parque se apagaron. Y entonces comenzó el caos. El parque dejó de ser un parque Las puertas principales se cerraron. Los juegos se detuvieron. Las pantallas gigantes cambiaron. El rostro del enemigo no apareció. Solo su símbolo. Y una voz.
-Prueba número siete.
Ren levantó la cabeza.
-Hijo de...
Intentó ponerse de pie. No pudo. Su cuerpo no respondía correctamente.
-El fuego emocional. Veamos qué ocurre cuando apagamos al humano.
Nemea gruñó. Ren entendió.
-No...
Aparecieron los primeros hombres armados entre los puestos. No venían a capturarlo. Aquello era diferente. Venían a provocar a Nemea.
-¡CORRAN! -gritó Ren a los civiles.
Una explosión sacudió la entrada. La gente comenzó a huir. Padres agarrando a sus hijos. Adolescentes saltando barreras. Empleados intentando abrir salidas de emergencia. Ren extendió una mano. Nada.
-Vamos...
Su fuego no apareció..Nemea creció ligeramente.
Ren.
-No.
El muchacho comprendió exactamente qué estaba sintiendo su bestia.
-Nemea, mírame.
Una tercera descarga alcanzó a Ren.
El dolor le atravesó el cuerpo. Cayó.
-¡AH!
¡REN!
-No... hagas...
Otro impacto..Esta vez Ren ni siquiera gritó. Su cuerpo simplemente quedó inmóvil. Nemea lo miró. Esperó.
Ren.
Nada. La criatura se acercó. Empujó su rostro con el hocico.
Ren.
No respondió. Nemea escuchó su corazón. Era demasiado débil. Casi imperceptible. Y algo dentro de la bestia se rompió.
REN.
Los hombres comenzaron a rodearlos. Uno rio.
-Funcionó.
Nemea levantó la cabeza..Sus ojos ya no parecían los de aquella pequeña criatura racional que vivía sobre el hombro de Ren.
-Ahora recuperamos a la bestia.
Otro preparó un dispositivo.
-El humano ya no importa.
Nemea creció. Cinco metros. Diez.
Quince. El suelo tembló bajo sus patas.
-¡Retrocedan!
Demasiado tarde. Nemea rugió. Y el parque entero escuchó la furia de una bestia legendaria que creyó haber perdido a su humano. No era hambre. Nemea atacó. No porque tuviera hambre. No porque disfrutara aquello. Sino porque había perdido toda capacidad de distinguir entre amenaza, objetivo y venganza. Los primeros agentes desaparecieron bajo su embestida.
Otros fueron atrapados entre sus enormes mandíbulas antes de poder utilizar los inhibidores. Los que quedaban huyeron. Nemea los persiguió.
¡LO MATARON!
Su voz mental atravesó a todos los usuarios de dones cercanos.
¡LO MATARON!
Un vehículo enemigo salió despedido contra una atracción vacía. La estructura se derrumbó.
Civiles gritaban. Los agentes intentaban dispersarse. Nemea ya no escuchaba.
¡REN!
Y Ren no estaba muerto. Pero estaba demasiado cerca. Su corazón seguía latiendo. Débil. Su respiración apenas existía. Y por primera vez desde que había nacido como Ren, su conciencia dejó de pertenecer completamente a aquella vida.
El otro nombre
Oscuridad. Ren abrió los ojos. Estaba de pie. Pero no en el parque.
No llevaba ropa moderna negra y roja. Tenía otras prendas. Una banda. Una aldea diferente. Una Konoha rodeada de árboles..Ren miró sus manos.
-¿Qué...?
Una voz rio detrás.
-Qué problemático eres.
Ren giró. Y vio a Boruto. Pero no era su Boruto. Era mayor. Vestido como ninja. Sonriendo.
-¿Boruto?
El muchacho se acercó.
-Vamos, Shikadai.
Ren quedó inmóvil. Shikadai. El nombre entró en él como una llave.
Y el mundo se rompió. Recuerdos.
Cientos. Miles. Un padre. Shikamaru.
Su voz. Su mirada cansada. Su manera de fingir que todo era problemático mientras siempre estaba allí.
-Papá...
Otro recuerdo. Boruto. Más joven.
Riéndose junto a él. Su primer amigo. Su mejor amigo. Su amigo incondicional. Los dos corriendo.
Compitiendo. Discutiendo. Comiendo. Entrenando. Boruto confiando en él. Boruto eligiéndolo.
Siempre. Después Mitsuki. Los tres juntos. Ren cayó de rodillas.
-No...
El recuerdo cambió. Oscuridad.
Captura. Una voz. Dolor. Su mente estaba siendo invadida. Recuerdos arrancados. Otros fueron colocados en su lugar. Boruto siendo convertido en enemigo. La amistad fue transformada en resentimiento. La verdad enterrada. Ren se llevó las manos a la cabeza.