Ren sobrevivió al parque de diversiones. Eso era lo que repetían los médicos. Sobrevivió. Su corazón estaba estable. Los efectos del dispositivo utilizado por el enemigo desaparecían lentamente de su organismo. Su energía regresaba. El fuego volvía a responderle. No había daños físicos que justificaran mantenerlo hospitalizado.
Todo aquello era verdad. Y, sin embargo, Ren no estaba bien. Porque había una diferencia enorme entre sobrevivir a algo y conseguir salir de ello.
I. La mansión dejó de ser una casa
Durante los primeros días, Ren prácticamente no salió de su habitación. La enorme mansión familiar, que antes había recorrido como si nada, se transformó en el único lugar donde conseguía respirar sin mirar constantemente detrás de él.
Las puertas permanecían cerradas.
Las cortinas, abiertas. Necesitaba ver el jardín. Necesitaba saber que no había nadie acercándose. Y Nemea...
Nemea prácticamente había dejado de dormir. La pequeña bestia permanecía sobre el pecho de Ren cuando este descansaba, sobre su hombro cuando caminaba y junto a su almohada durante la noche. Una tarde, Hanabi estaba sentada junto a Ren sobre la cama.
Él tenía la espalda apoyada contra el cabecero. Nemea descansaba sobre sus piernas. Hanabi le acariciaba el cabello.
-¿Quieres que salgamos al jardín?
Ren negó.
-Podemos quedarnos aquí.
-No.
-Está bien.
Hanabi no insistió. Aquello era algo que había aprendido rápidamente.
No obligarlo. No decirle que no había peligro. Porque para Ren sí lo había. Su cuerpo seguía viviendo en aquel parque. El timbre de la mansión sonó. Ren se estremeció.
Nemea levantó inmediatamente la cabeza.
-¿Quién es?
-No sé.
Ren miró hacia la puerta.
-¿Quién es?
-Ren...
-¿QUIÉN ES?
Nemea se puso de pie. Las llamas de su cuerpo aumentaron. Hanabi tomó el teléfono. Consultó al personal.
-Es Boruto.
Todo cambió. Los hombros de Ren descendieron. Nemea volvió a sentarse.
-¿Boruto?
-Sí.
Ren respiró.
-Que pase.
Hanabi lo miró. Era increíble. Una palabra. Un nombre. Y el mundo volvía a ser un poco más seguro.
Boruto entró diez minutos después con Mitsuki.
-Hola.
Ren sonrió por primera vez aquel día.
-Hola.
Boruto se dejó caer sobre la cama.
-Tu casa sigue siendo ridículamente grande.
-Ya lo dijiste.
-Necesito repetirlo.
Mitsuki se sentó al otro lado. La pequeña serpiente azul salió de su cuello y se acercó a Nemea.
Hola.
Nemea le rozó la frente.
Hola.
Boruto miró a Ren.
-¿Comiste?
-Sí.
Hanabi negó detrás. Ren la miró horrorizado.
-¡TRAIDORA!
-Tres galletitas no cuentan como almuerzo.
Mitsuki se levantó.
-Vamos a buscar comida.
Ren le agarró inmediatamente la muñeca. Mitsuki se detuvo. No fue brusco. Ni siquiera fuerte. Pero Ren estaba pálido.
-No te vayas.
Mitsuki lo miró.
-No me voy.
-Quédate.
-Está bien.
Boruto tampoco bromeó. Se acercó un poco más.
-Pedimos algo.
Ren asintió. Y así lo hicieron. Los cuatro comieron en la habitación.
Nemea entre ellos. Porque todavía había días en los que recuperar a Ren significaba algo tan sencillo como conseguir que comiera mientras las personas que su mente había clasificado como seguras permanecían cerca.
II. Shikamaru
Había otra persona cuya presencia provocaba un efecto todavía más extraño. Shikamaru. Ren no sabía explicarlo. No recordaba el parque interior de su propia mente. No recordaba a Shikadai. No recordaba haberlo llamado padre. No recordaba aquella otra Konoha. Pero cada vez que Shikamaru entraba algo se acomodaba.
Una noche, Shikamaru fue a visitarlo. Ren estaba en el living. Lo vio. Y se levantó inmediatamente.
-Shikamaru.
- Hola.
Ren caminó hacia él. Se detuvo.
Pareció avergonzarse. Shikamaru arqueó una ceja.
-¿Qué?
-Nada.
-Claramente es algo.
Ren dudó.
-¿Te puedes quedar un rato?
Shikamaru sintió aquella presión extraña en el pecho.
-Sí.
-¿Hasta que me duerma?
Hanabi lo miró desde el sofá.
Shikamaru también la miró.
Después volvió hacia Ren.
-Claro.
Ren sonrió. Aquella noche se quedó dormido en un sillón mientras Shikamaru corregía evaluaciones de Matemáticas a su lado. Nemea estaba sobre el pecho del adolescente. Cuando Shikamaru intentó levantarse, la bestia abrió los ojos.
No.
Shikamaru quedó quieto.
-Tengo que irme.
No.
-Son casi las doce.
Ren duerme.
-Precisamente.
Nemea miró la mano de Ren.
Los dedos del muchacho habían quedado enganchados inconscientemente en la manga de Shikamaru. Shikamaru los observó. Suspiró.
-Qué problemático.
Ren, dormido, murmuró:
-Problemático...
Shikamaru cerró los ojos.
-Esto empieza a darme miedo.
Nemea apoyó nuevamente la cabeza.
Quédate.
Shikamaru se quedó.
III. Llegar a la Academia
La primera mañana fue terrible. La limusina negra se detuvo frente a la Academia. Ren miró por la ventanilla. Estudiantes. Padres.
Vehículos. Personal de seguridad.
Algunas cámaras más lejos. Su corazón aceleró.
-No.
El chofer lo miró por el espejo.
-Señor Ren...
-No abras.
-Pero...
-¡NO ABRAS!
Nemea se levantó sobre sus piernas.
Ren.
-No puedo.
La puerta permaneció cerrada.
Cinco minutos. Diez. Ren seguía dentro. Hasta que vio a Hanabi. Estaba junto a la entrada. Matatabi sobre su hombro. Boruto estaba con ella. Mitsuki también. Ren tragó saliva. Boruto levantó una mano.
No se acercó..Simplemente esperó.
Hanabi sonrió. Ren miró a Nemea.
-¿Vamos?
Juntos.