El Legado De Las Almas

El lugar donde siempre te encuentro

A las siete y cuarenta de la mañana, Ren estaba completamente vestido.
Pantalón negro. Camiseta oscura. Chaqueta roja y negra. Mochila preparada. Cabellos rubios todavía ligeramente húmedos después de la ducha. Nemea sobre su hombro.

La limusina esperaba delante de la mansión. El chofer había abierto la puerta trasera. Ren solo tenía que caminar unos metros. No pudo. Se quedó parado en el enorme vestíbulo mirando la puerta principal abierta. Afuera había sol.

Los jardines privados estaban vacíos. Dos miembros de seguridad de su familia permanecían junto al vehículo. Nada estaba ocurriendo.
Nada. Y precisamente por eso Ren odiaba tanto lo que estaba sintiendo.

-Vamos -murmuró.

Dio un paso. Se detuvo. Nemea movió las orejas.

No tenemos que hacerlo.

-Sí tenemos.

No.

-Tengo clases.

Puedes estudiar aquí.

Ren apretó la correa de la mochila.

-No quiero esconderme toda la vida.

Nemea guardó silencio. Ren dio otro paso. Entonces uno de los guardias se movió. Solo eso. Se llevó una mano al bolsillo para sacar el teléfono. Ren retrocedió inmediatamente. Su corazón aceleró. Nemea se puso de pie sobre su hombro. Las llamas crecieron.

¿Quién es?

-Seguridad.

¿Seguro?

-Sí.

¿Seguro?

Ren no respondió. Porque ese era precisamente el problema. Antes estaba seguro de muchas cosas.
Había estado seguro de que ir a un parque de diversiones era seguro.
Había estado seguro de que un día común podía seguir siendo común.
Había estado seguro de que Nemea nunca tendría que verlo morir. Y había terminado tirado en el suelo, incapaz de moverse, mientras su corazón apenas conseguía seguir funcionando. Ren cerró los ojos.

-No puedo.

Nemea frotó su cabeza contra su mejilla.

Entonces no.

Su madre apareció desde uno de los corredores. No se acercó demasiado. También había aprendido.

-Ren.

Él negó.

-No puedo salir.

-Está bien.

-No está bien.

-Que hoy no puedas no significa que nunca podrás.

Ren apretó los labios.

-¿Llamaste a la Academia?

-Sí.

-¿Qué dijeron?

-Que no tienes obligación de ir hoy.

Ren bajó la mirada. No quería escuchar eso. Porque una parte de él sintió alivio. Y odiaba sentir alivio.

-¿Está Shikamaru?

Su madre parpadeó.

-¿En la Academia?

-Sí.

-Supongo que sí.

Ren levantó inmediatamente la cabeza.

-Pregúntales.

-Ren...

-Por favor.

Su madre tomó el teléfono. Nemea se quedó inmóvil..La llamada fue breve.

-Sí -respondió ella finalmente- Está allí.

Algo cambió. No desapareció el miedo. Pero apareció otra cosa debajo..Una certeza. Ren miró la limusina..Después a Nemea.

-Vamos.

¿Seguro?

Ren respiró profundamente.

-Shikamaru está allí.

Nemea lo contempló durante unos segundos.

Entonces vamos.

Y Ren cruzó la puerta.

I. El profesor que tenía que estar

La limusina llegó a la Academia veinte minutos después. Ren miró por la ventanilla. No vio a Boruto.
No vio a Mitsuki. No vio a Hanabi.
Su mano se cerró alrededor del asiento.

-No.

El chofer no abrió. Ya conocía la rutina.

-Esperaremos, señor Ren.

Ren buscó. Estudiantes. Profesores.
Seguridad. Nadie. Nemea se tensó.
Entonces apareció una figura caminando desde el edificio principal. Manos en los bolsillos.
Cabello oscuro recogido. Expresión de alguien que consideraba la existencia completa una molestia administrativa. Shikamaru. Ren soltó el aire. La puerta se abrió. Bajó.
Shikamaru se acercó tranquilamente.

-Buenos días.

-Buenos días.

-Llegaste.

-Casi no.

Shikamaru no respondió con pero llegaste. No lo felicitó. No convirtió aquello en una victoria terapéutica.
Simplemente se puso a su lado.

-¿Entramos?

Ren miró las puertas de la Academia.

-Sí.

Caminaron. Nemea permaneció sobre su hombro. A mitad de camino, Ren preguntó:

-¿Vas a estar todo el día?

Shikamaru lo miró.

-Trabajo aquí.

-Ya sé.

-Entonces probablemente.

Ren asintió. Siguieron.

-Shikamaru.

-¿Qué?

-¿Me avisas si te vas?

El adulto se detuvo. Ren inmediatamente pareció arrepentirse.

-No importa.

-Sí importa.

-Es estúpido.

-No.

Ren bajó la mirada.

-Solo quiero saberlo.

Shikamaru sintió otra vez aquella presión extraña.

-Te avisaré.

Ren sonrió.

-Gracias.

Nemea miró a Shikamaru. Y durante un instante el hombre tuvo la extrañísima sensación de que la bestia acababa de aprobarlo.

II. Un protocolo que no parecía una cárcel

Itachi los esperaba en su despacho.
Ahora había una placa nueva junto a la puerta.

DIRECTOR - ITACHI UCHIHA

Deidara había pegado debajo un papelito escrito a mano:

SIGUE SIENDO ABURRIDO.

Itachi todavía no lo había quitado.
Probablemente porque Deidara volvería a ponerlo. Ren entró acompañado por Shikamaru.
Nemea miró alrededor. Itachi cerró la carpeta que tenía delante.

-Siéntate.

Ren lo hizo. Shikamaru permaneció junto a la ventana.

-No voy a obligarte a asistir a clases -comenzó Itachi- Tampoco voy a pedirte que actúes como antes del ataque.

Ren frunció el ceño.

-¿Entonces?

-Vamos a cambiar la Academia para que puedas estar aquí mientras te recuperas.

Ren miró a Shikamaru.

-¿Fue idea tuya?

-En parte.

Itachi abrió una hoja.

-Podrás salir de cualquier clase sin pedir autorización si sientes que necesitas hacerlo. Habrá rutas internas menos concurridas disponibles durante recreos y salidas. Seguridad impedirá que personas externas se acerquen sin autorización. Ningún funcionario, periodista, investigador o visitante podrá entrevistarte.




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